Nuestra revolución de independencia

El pronunciamiento del Cabildo en Buenos Aires marca el inicio de una guerra de independencia, prolongada y heroica. Fue parte de los procesos de independencia en la mayoría de los países de Latinoamérica. Sus alcances, límites y enseñanzas.

El 25 de mayo se produjo el alzamiento que posibilitó que los patriotas impusieran, en el Cabildo, la designación de un nuevo gobierno provisorio, la Primera Junta. Se creó un nuevo ejército liberador, con los soldados y jefes que pasaron al bando patriota y las masas convocadas por el grito de libertad, en el terreno abonado por los anteriores levantamientos de originarios y de criollos. El accionar de estas masas abrió el camino a los ejércitos patrios y empantanó a los realistas, superiores en número y en entrenamiento militar.

La versión dominante sobre nuestra independencia plantea que estuvo determinada por la prisión de Fernando VII y la caída de la Junta Central de Sevilla en España. Así, en realidad, relativiza o niega la voluntad de independencia y el sacrificio que significó. En definitiva niega que haya sido una revolución.

Sin embargo, ni el Cabildo de Mayo fue tan pacífico, ni nada de lo resuelto ese día habría prosperado sin la guerra de independencia que duró 14 años. El Éxodo Jujeño y las guerrillas como las dirigidas por Güemes son sólo algunas muestras de los heroicos esfuerzos que significó esta revolución en Latinoamérica, hasta la derrota definitiva de los colonialistas españoles en los campos de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824.

Alcances y límites

En la guerra de independencia convergieron grandes masas de campesinos, originarios, negros, artesanos e intelectuales. También los sectores de la aristocracia terrateniente criolla que acordaban con la independencia de España aunque defendiendo sus privilegios de clase basados en las relaciones feudales dominantes.

Influenciados por la Revolución Francesa y la independencia norteamericana, los sectores más avanzados -expresados en Moreno, Castelli, Belgrano, Artigas y otros- levantaron programas antifeudales, antiesclavistas, de reparto de tierras y desarrollo de la industria. Pero eran corrientes débiles desde el punto de vista social, debido al escaso desarrollo de la burguesía.

En definitiva predominó la aristocracia terrateniente, aliada con los grandes comerciantes de Buenos Aires. La hegemonía de esas clases en el frente independentista obstruyó el desarrollo de los elementos democráticos, antifeudales y populares. Esto expresaba por ejemplo Saavedra, que presidió la Primera Junta.

Destruir los lazos coloniales y que el poder pasara a manos de los criollos constituyó una revolución, anticolonial y de independencia. Éste fue el primer jalón para la conformación de la nación argentina.

Luego se constituyó el Estado nacional, tras un complejo proceso de décadas hegemonizado por la oligarquía terrateniente, que incluyó una prolongada y sangrienta guerra civil entre unitarios y federales, el genocidio de originarios y la guerra fratricida contra el Paraguay. Entrando ya en la nueva fase imperialista del capitalismo, hacia 1880 la alianza oligárquico-imperialista hizo de la Argentina un país dependiente, oprimido por los imperialismos y atrasado por el latifundio.

Hoy la Argentina sigue siendo un país dependiente. En la época actual, las tareas de la revolución no son las mismas que las de 1810, ni pueden realizarse por las mismas clases que en ese entonces. Es necesaria la liberación nacional y social, la que solo será posible con la hegemonía de la clase obrera.


«Señores del Cabildo: esto ya pasa de juguete; no estamos en circunstancias de que ustedes se burlen de nosotros con sandeces. Si hasta ahora hemos procedido con prudencia, ha sido para evitar desastres y efusión de sangre. El pueblo, en cuyo nombre hablamos, está armado en los cuarteles y una gran parte del vecindario espera en otras partes la voz para venir aquí. ¿Quieren ustedes verlo? Toque la campana y si no nosotros tocaremos generala y verán ustedes la cara de ese pueblo, cuya presencia echan de menos. ¡Sí o no! Pronto, señores, decirlo ahora mismo, porque no estamos dispuestos a sufrir demoras y engaños; pero, si volvemos con las armas en la mano, no respondemos de nada.”

Antonio Beruti, el 25 de mayo ante la demora en el derrocamiento del virrey y la conformación de la Primera Junta.

Otros links de interés:

https://vamosporlaliberacion.org/crpmlm/los-olvidados-del-25-de-mayo/

https://vamosporlaliberacion.org/crpmlm/mariano-moreno-y-el-periodico-de-la-revolucion/

https://vamosporlaliberacion.org/crpmlm/las-mujeres-al-frente-en-la-revolucion-de-mayo/

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