En un nuevo aniversario del Cordobazo, y cuando se profundiza el ajuste, la esclavitud laboral, los despidos y la entrega del país por parte del gobierno de la ultraderecha y la derecha, en alianza con gobernadores, se pone de manifiesto el debate en cuanto a la vigencia del camino del Cordobazo con los cuerpos de delegados y una dirigencia combativa en gremios como Luz y Fuerza. La vigencia de un camino insurreccional como el que se reitera una y otra vez en la hermana Bolivia por estos días.
Frente al sentir desesperado frente a tanta ignominia y abandono de una dirigencia sindical y política que transita entre la usencia cómplice y la especulación electoral, se pone de manifiesto la importancia de aquellas expresiones que plantean la lucha como sostiene el FRESU, aceiteros que marcha al paro nacional o como acaba de suceder en la docencia en muchas provincias, con el primer paro nacional organizado por gremios de bases combativos integrantes del FrenDEP (Frente Nacional en defensa de la Educación Pública), donde señalan la necesidad de desbordar a aquellas direcciones sindicales que no están a la altura de las circunstancia y son co-responsables de la situación dramática de la mayoría de lxs trabajadorxs asfixiados de deudas con una caída del salario de más del 30% desde que asumió Milei.

El camino del Cordobazo tiene vigencia desde varios puntos de vista, porque muestra el papel de la subjetividad a la hora de organizar el descontento y la bronca de los de abajo, organizando a aquellos contingentes obreros, afianzando la identidad de clase y poniendo sobre la mesa la lucha de clases, sin conciliaciones o traiciones.
Enseñanzas donde el estilo democrático fue marcado en el ejercicio de los cuerpos de delegados y las asambleas periódicas para decidirlo todo. Ese potencial, donde lxs trabajadorxs fueron protagonistas de cada una de sus decisiones es lo que los hizo poderosos frente a las patronales.
El Cordobazo fue la expresión más elevada del descontento popular, como lo fueron también otras puebladas históricas de aquellos años como el “Rosariazo” o el “Correntinazo” o más acá el Argentinazo del 2001. En la historia, cada vez que los sectores populares no aguantaron más hicieron estallar la crisis social combinando aquella cuota inicial de espontaneidad en muchos casos, con la organización consciente de la clase.
El camino tiene vigencia porque cuando la crisis golpea de manera horizontal al campo popular, la lucha se contagia y por tal motivo recobran valor aquellas que se desarrollan, aunque en principio sea en soledad. Lo mismo se decía y se debatía en el campo popular previo al Cordobazo de mayo del 69 bajo una dictadura como la de Onganía, pero la olla a presión estalló.
La esperanza en la lucha debe ser el inicio para poder forjar la esperanza en lo consciente, en un programa y organización política para la liberación.
Esto se empezó a probar por aquellos años en nuestro país, con programas como el de La falda o Huerta Grande, con dirigentes como Salamanca, Tosco y otros cientos de activistas y delegados. Ayer necesitaron una dictadura sangrienta para apagar aquellos fuegos y sueños de liberación. Hoy necesitan sostener estos gobiernos como los de Milei, Kast en Chile, Rodríguez Paz en Bolivia, porque como se ve en nuestro país, nunca el circulo rojo y los estados imperialistas llegaron tan lejos.

Ubicar la lucha de clases es partir de esta realidad. Ubicar la lucha de clases, es reconocer que la lucha por el poder es encarnizada porque esa ínfima minoría que detenta el poder no largará lo conquistado. Solo los ilusos partidarios de la conciliación de clases pueden encajar en esa expectativa. Pero es la realidad la que empuja a los pueblos a la lucha y a organizarnos para preparar aquella contraofensiva como desenlace a un largo período liminal, donde como ha ocurrido en otros períodos de nuestra historia, deberá ser revolucionario para construir desde los cimientos aquel proceso soberano y democrático que parirá una nueva sociedad más avanzada, tomando ladrillos y conquistas de aquellas inconclusas o limitadas que hemos conocido hasta la actualidad, para ir más lejos y construir el socialismo.
GF
(Compartimos una nota que publicamos hace unos años, donde se resalta la necesidad de la organización obrera con perspectiva de poder)






