Me cuesta entender a las personas que no se apasíonan con el futbol, o siento que se están perdiendo de algo lindo, porque yo lo vivo así. Con el mundial es lo mismo pero más por que es nuestra bandera, creo y entonces más me cuesta entenderlo.
Por supuesto, cuando pregunto me responden sobre la mafia del futbol, de como los poderosos le han quitado todo lo lindo a este deporte, etc y en parte entiendo y comparto esa mirada, pero no me termina de cerrar.
Cuando estaba llegando el mundial este debate se hizo más intenso en ciertos sectores, con mayor rechazo, y claro un mundial disputado en Estados Unidos, el mundial más caro de la historia, con todo lo que implica el imperialismo yanki para nuestro pueblo, además en el contexto de gobierno de Trump, de la guerra en Irán y en medio de todo eso, el dolor de haber visto el apretón de manos entre Messi y ese nefasto presidente.
Sin embargo, yo estaba ansioso por ver el Mundial. Desde el primer día quería mirar todos los partidos y, cuando no pudiera hacerlo, encontrar la manera de repasarlos. Al principio me costó entender. Me sentí atrapado en una contradicción, como si me estuviera rindiendo ante el poder, el mercado y el colonialismo. Pero rápidamente comprendí que no era así.
Ojo, entiendo perfectamente a quienes deciden no mirar fútbol porque están hartos del manoseo político, económico y mafioso. También comprendo a quienes, con quizás más razones todavía, rechazaron este Mundial desde el principio. No tengo absolutamente nada para reclamarles. Pero descubrí que el mundial nos permite ver mucho más, solo hay que querer mirar.

Fue imposible no ver cómo el odio racista del gobierno de Estados Unidos fue vociferado por los medios másívos de comunicación, desde el comienzo cuando se les impidió el ingreso a jugadores iraníes, a un árbitro africano y a familiares de futbolistas de distintas nacionalidades.
También fue imposible ocultar, a pesar de los intentos de la transmisión oficial, las cientos de banderas palestinas que aparecieron en las tribunas reivindicando la lucha de un pueblo que sufre un genocidio a manos de Israel, financiado por Estados Unidos. Banderas levantadas por hinchas de distintos países e incluso por el técnico de Egipto.

¿Cómo no encontrarse en cualquier café discutiendo que la FIFA sanciona a Rusia por la guerra en Ucrania, pero no toma ninguna medida contra Estados Unidos por su guerra contra Irán, y por el contrario la deja de anfitriona? ¿Cómo no hablar de eso cuando, desde las tribunas, se veían hinchas cosiendo banderas en memoria de las 168 niñas iraníes asesinadas por las bombas del ejército estadounidense?
Al mismo tiempo el Mundial también permite conocer, a través de sus jugadores, centenares de historias de opresión, colonialismo y resistencia.
Por mencionar solo algunas, está Simon Adingra, figura de Costa de Marfil, que nació en Abobo, uno de los barrios más pobres de Abiyán. Él mismo contó que tuvo una infancia muy dura y que la vida no fue amable con el. Su familia tenía muy pocos recursos y el fútbol apareció como una oportunidad para salir de esa realidad.
También Edin Džeko ídolo de Bosnia y Herzegovina, era un niño cuando comenzó el sitio de Sarajevo. Su casa fue destruida por los bombardeos, creció entre explosiones, refugios y escasez hasta convertirse en el futbolista que terminó representando a un país marcado por una de las guerras más brutales de Europa, atravesada por limpiezas étnicas.
Luka Modrić que cuando tenía seis años, su abuelo fue asesinado por fuerzas serbias y su familia debió abandonar su pueblo para refugiarse en un hotel de Zadar, mientras la ciudad era bombardeada. Creció como refugiado, jugando al fútbol en los pasíllos del hotel y entre edificios marcados por la guerra, hasta convertirse en uno de los mejores futbolistas de su generación, ya no solo de su pais.
También puedo hablar de países como La República Democrática del Congo, un país cuya historia sigue siendo una de las expresiones más brutales del colonialismo. Bajo dominio belga millones de congoleños murieron como consecuencia del trabajo forzado, las mutilaciones, las torturas, las hambrunas y las másacres cometidas para garantizar la extracción de sus bienes comunes. Después llegarían la lucha por la independencia y el asesinato de Lumumba, uno de los grandes líderes anticoloniales de África, derrocado y asesinado con la complicidad de Bélgica y la CIA.

El congo sufre aún hoy las consecuencias de ese pasado y aún así ese lider estuvo representado por uno de sus hinchas en todos sus partidos llamando la atencion del mundo entero. Para colmo le hicieron un partidazo a inglaterra.
Porque también vimos algunas de esas alegrias futbolisticas como el triunfo de Paraguay contra Alemania que todos festejamos en Argentina, por que los paraguayos son hermanos de sangre, por que los alemanes son rivales futbolísticos, pero sobre todas las cosas porque siempre es lindo ver caer a un poderoso, pero no solo por el hecho de que es poderoso, si no por que sabemos que ellos lo tienen todo para llegar hasta ahí y nosotros no tenemos nada y sin embargo ahí estamos.
Incluso el debate sobre por qué Francia tiene tantos jugadores negros, que muchas veces despierta comentarios racistas, ignorantes y soberbios en cualquier lugar del mundo, muestra idudablemente la historia de colonialismo y opresión francésa en África.
El Mundial no solo abre la puerta a un montón de debates políticos, donde por supuesto la derecha más rancia aprovecha para mostrar todos sus prejuicios y donde muchas veces la gilada compra esos discursos.
También demuestra que aquello que es utilizado para embellecer a determinados gobiernos y para llenar los bolsillos de mafiosos multimillonarios como Infantino nunca puede ser controlado por completo.
Es cierto, es insoportable ver tantos genios del fútbol en inagotables propagandas de comida chatarra y peor aún, de páginas de apuestas que son hoy un flagelo para muchos de los pibes que no llegan en los barrios populares, y el tiempo de tomar agua que enfría el partido e intenta meterte por los ojos esas porquerias que venden.
Al mismo tiempo la semifinal entre Argentina e Inglaterra fue un ejemplo hermoso de que todo eso se va al carajo aveces, que pierden el control.
Mientras Scaloni decía que «es solo un partido de fútbol», casí como poniéndose una máscara, y Milei aprovechaba para insistir con su discurso de desmalvinización, desde el momento mismo en que sonó el himno quedó claro que no era solo un partido. Quedó claro que el pueblo argentino sigue dispuesto a defender su soberanía y respeta a sus caidos, y después del triunfo, apareció ese trapo pintado por una mano anónima que expresó lo que miles sentimos.
Ciertamente el fútbol y el Mundial son el negocio de unos pocos, que utilizan la pasíón de multitudes, la mía incluida, con fines políticos y para llenarse los bolsillos. Mientras tanto, para los más humildes el fútbol no es solo una pasíón, sino muchas veces el anhelo de una vida mejor, la posibilidad de salir de la pobreza. Hasta con eso juegan, porque son muy pocos los que llegan a convertirse en futbolistas de élite mundial.
Sin embargo, el fútbol también es todo lo otro. Porque al final son once contra once, como en cualquier potrero. Por eso Paraguay le pudo ganar a Alemania. No pasa seguido, pero pasa. Por eso Maradona significa lo que significa en Argentina, en Bangladesh y en cualquier rincón del mundo, porque un negrito de un barrio pobre de un país dependiente, que no tenía q estar ahí, le mojó la oreja al poder.
Porque en Argentina tuvieron que posponer el tratamiento de la Ley de Tierras, en gran parte, porque volvió a ponerse en debate la defensa de la soberanía cuando una bandera que decía «Las Malvinas son argentinas» aparecio en el Festejo del triunfo de los judadores de argentina.
Este domingo se juega la final y ojalá festejemos pero el mundial ya nos deja todo esto.
Porque los cerdos ambiciosos que dominan el mundo no pueden tapar el sol con la mano. Porque, frente a los pueblos, todos los imperialismos son tigres de papel.
Martín Zárate
Comunismo Revolucionario PMLM
Movimimiento Popular Liberación




















