Raymundo Gleyzer, cine y revolución

"Nosotros no hacemos films para morir, sino para vivir, para vivir mejor. Y si se nos va la vida en ello, vendrán otros que continuarán", decía Raymundo. Cada 27 de mayo se conmemora en la Argentina el Día del Documentalista su homenaje.

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Un 27 de mayo de 1976 la dictadura cívico militar secuestraba y desaparecía a Raymundo, quien aún permanece desaparecido.

El era un cineaste revolucionario que dejó una de las obras más contundentes e influyentes del cine documental latinoamericano. Entre sus films se cuentan México, la revolución congelada (1971) y Los traidores (1973), pero en todas sus películas se destaca su calidad técnica, su sensibilidad artística y sobre todo su lúcida mirada político-social sobre las problemáticas, de una dolorosa actualidad.

Soy un cineasta argentino y hago películas desde 1963. Todas tratan sobre la situación social y política de América Latina. Trato de demostrar que no hay más que un medio de realizar cambios estructurales en nuestro continente: la revolución socialista.

Gleyzer (1973)

Su vida

Nació en Buenos Aires en 1941. Creció en el seno de una familia de actores de origen judío, y de joven se interesó en la fotografía y en la política. Estudió cine en la Escuela de Bellas Artes de La Plata, y dejó los estudios para viajar al nordeste brasileño a filmar su primer cortometraje, La tierra quema (1964).

Trabajó como cronista y camarógrafo para el noticiero Telenoche de Canal 13, programa para el que produjo entre otras Nota sobre Cuba y Nuestras Islas Malvinas (elegida como el impacto periodístico del año 1966). Dirigió films etnográficos, como Ceramiqueros de Traslasierra (1965) y Pictografías del Cerro Colorado (1965). Trabajó junto a Jorge Prelorán en Ocurrido en Hualfín (1966) y, tras varios años de viajes por Europa, llegó a México para filmar su primer largometraje: México, la revolución congelada (1971). El documental fue prohibido en la Argentina, y logró estrenarse  recién en 1973.  Su compromiso político lo llevó a unirse al PRT-ERP,  partido enrolado en la izquierda revolucionaria que se identificó con los ideales de la Revolución Cubana.  En 1971 dirigió Swift, comunicado filmado de una acción exitosa del partido que tomó estado público: el secuestro del cónsul inglés y su canje por comida y mejores condiciones laborales para los trabajadores del frigorífico.

Más tarde dirigió Ni olvido ni perdón,  film urgente sobre un hecho que  marcó simbólicamente el comienzo del terrorismo de Estado en la Argentina: la fuga del penal de Rawson y la Masacre de Trelew, el 22 de agosto de 1972.


Raymundo Gleyzer creó el grupo Cine de la Base como forma de “colectivizar la inteligencia”.  Conformado por Juana Sapire,  Alvaro Melián, Nerio Barberis, Alberto Vales y Jorge Santa Marina entre otros, el grupo produjo su película más ambiciosa: Los traidores (1973).  Se trata de una ficción basada en hechos reales que disecciona el funcionamiento de la burocracia sindical a través de la transformación de un líder obrero en un sindicalista corrupto.  La película que desafiaba los tabúes políticos de la época fue exhibida en festivales internacionales, pero proyectada en condiciones de clandestinidad en sindicatos, fábricas, comedores y barrios humildes.  Hoy es considerada como una obra cumbre del cine político latinoamericano.

En 1974 el grupo filmó Me matan si no trabajo, y si trabajo me matan, sobre la huelga obrera en la fábrica INSUD, donde los trabajadores morían por contaminación por plomo en la sangre.  Gleyzer ya era considerado internacionalmente como una de las voces más innovadoras y comprometidas del movimiento de cine militante latinoamericano que surgió en el continente en  los años 70. El 27 de mayo de 1976 fue secuestrado en Buenos Aires por la dictadura militar, y  llevado al campo de detención El Vesubio donde fue torturado. Aún hoy continúa desaparecido. En 2011 y 2014 los juicios contra el CCD El Vesubio culminaron con la sentencia a sus responsables tras 35 años de impunidad.

Los miembros de Cine de la Base se exiliaron en distintos países; parte del grupo que se refugió en Lima, Perú produjo junto a Jorge Denti Las AAA son las tres armas (1977).  La Alianza Anticomunista Argentina (la Triple A) fue una organización paramilitar que se dedicó al secuestro y asesinato de militantes populares.  A partir del golpe de estado de 1976 los militares argentinos superaron ampliamente esta modalidad represiva, “desapareciendo” a más de 30.000 personas. En esta trágica lista se encuentra el periodista y escritor Rodolfo Walsh, quien 24 horas antes de ser secuestrado publicó la Carta Abierta a la Junta Militar, en la cual se basó el film.

Nuestro compromiso no es con el cine, sino con la Revolución. Nuestro cine será revolucionario en tanto nuestra práctica militante sea de revolucionarios consecuentes.

Raymundo Gleyzer y su hijo Diego

Buenos Aires, junio de 1976: se los traga la tierra

Por Eduardo Galeano

Raymundo Gleyzer ha desaparecido. La historia de siempre. Lo arrancaron de su casa, en Buenos Aires, y no se sabe más. Había hecho películas imperdonables.

Yo lo había visto por última vez en febrero. Fuimos a cenar con nuestros hijos, cerca del mar. En la trasnochada, me habló del padre.

La familia de Raymundo venía de un pueblecito de la frontera entre Polonia y Rusia. Allá cada casa tenía dos banderas diferentes para izar y dos retratos para colgar, según marchaban las cosas. Cuando se iban los soldados rusos, llegaban los polacos, y así. Era una zona de continua guerra, infinito invierno y hambre sin fin. Sobrevivían los duros y los picaros, y en las casas se escondían los pedazos de pan bajo los tablones del piso.

La primera guerra mundial no fue novedad para nadie en aquella comarca sufrida, pero empeoró lo peor. Los que no morían empezaban el día con las piernas flojas y un nudo en el estómago.

En 1918, llegó a la región un cargamento de zapatos. La Sociedad de Damas de Beneficencia había enviado zapatos desde los Estados Unidos. Vinieron los hambrientos de todas las aldeas y disputaron los zapatos a dentelladas. Veían zapatos por primera vez. Nunca nadie había usado zapatos en aquellas comarcas. Los más fuertes se marchaban bailando de alegría con la caja de zapatos nuevos bajo el brazo.

El padre de Raymundo llegó a su casa, se desató los trapos que le envolvían los pies, abrió la caja y se probó el zapato izquierdo. El pie protestó, pero entró. El que no entró fue el pie derecho. Lo empujaban entre todos, pero no había caso. Entonces la madre advirtió que los dos zapatos tenían la punta torcida para el mismo lado. Él volvió corriendo al centro de distribución. Ya no quedaba nadie.

Y empezó la persecución del zapato derecho.

Durante meses caminó el padre de Raymundo, de aldea en aldea, averiguando.

Después de mucho andar y preguntar, encontró lo que buscaba. En un lejano pueblito, más allá de las colinas, estaba el hombre que calzaba el mismo número y que se había llevado los dos zapatos derechos. Los tenía, brillantes, sobre una repisa. Eran el único adorno de la casa.

El padre de Raymundo ofreció el zapato izquierdo.

-Ah, no -dijo el hombre-. Si los americanos los mandaron así, así debe ser. Ellos saben lo que hacen