Milei en Davos

Javier Milei expuso en el Foro de Davos, (aquel donde se juntan los grupos y magnates más poderosos del mundo) y allí cual felpudo, arrastrado e indigno, se entregó de cuerpo y alma a las fauces de esos depredadores de las riquezas comunes de los países, explotadores y destructores de los ecosistemas que cada tanto se reúnen para barajar y dar de nuevo las cartas del control del mundo.

Allí Milei se sentía en su casa, no como dueño de algo sino un fiel sirviente que ofrece su “libertad” para que vengan al saqueo más asqueroso que se conoce desde la dictadura, el menemismo y el macrismo.

No se entreguen a una clase política que lo único que quiere es perpetuarse en el poder. Ustedes son benefactores sociales. Ustedes son héroes. Ustedes son los creadores del periodo de prosperidad más extraordinario que jamás hayamos vivido. Que nadie les diga que su ambición es inmoral. Si ustedes ganan dinero es porque ofrecen un mejor producto a un mejor precio, contribuyendo de esa manera al bienestar general. Ustedes son los verdaderos protagonistas de esta historia, y sepan que, a partir de hoy, cuentan con un aliado inclaudicable en la República Argentina”. Así sintetizaba al final su discurso. Él no fue a “buscar inversiones” como haría algún gobierno que profundiza la dependencia, pero “con inversiones”, no, él fue ofrecer un banquete y a advertirles desde su dogma que “avanza el socialismo”.

Hoy estoy acá para decirles que occidente está en peligro. Está en peligro porque aquellos que supuestamente deben defender los valores de occidente se encuentran cooptados por una visión del mundo que inexorablemente conduce al socialismo y, en consecuencia, a la pobreza”.

Aquí Milei expone su dogma anarco capitalista de la escuela austriaca, pero obvia la política y confronta con la realidad, y así hace virajes de 180° de lo que dijo porque es, además, un idealista que parte de su cabeza y amolda la realidad a ella. Dice: “los datos que sustentan por qué el capitalismo de libre empresa no solo es el único sistema posible para terminar con la pobreza del mundo, sino que es el único sistema moralmente deseable para lograrlo”. Se ubica en los albores del capitalismo, en 1860, obviando en todo caso la madurez del capitalismo de libre concurrencia de finales del siglo XIX y desde ya la nueva y última etapa dominada por los monopolios: el imperialismo. ¡Choca con la realidad!

Habla de pobreza, atravesando periodos que han cambiado radicalmente en el mundo, endilgando al colectivismo la causa de esa pobreza, como si las experiencias de construcción del socialismo se hubieran impuesto como sistema social dominante en el mundo. Pero hay más aún, habla de “la historia del progreso económico podemos ver cómo desde el año 0 hasta el año 1800 aproximadamente, el PBI per cápita del mundo prácticamente se mantuvo constante durante todo el periodo de referencia. ¿Cuál período de referencia?, Hasta podría ser cierta, si no se repara en que a esa “constancia”, no había forma de medirla. Lo interesante sería ver el sistema capitalista en el “año cero”.

Pero más allá de estas mentiras y exabruptos, el mundo muestra un sistema social, el capitalismo imperialista, en serios problemas donde lo dominantes son las políticas en favor de los grandes monopolios, el sistema financiero y especulativo y los dueños de la tierra, en cualquiera de sus versiones, neoliberal, socialdemócrata o hasta de tinte progresista con regulación más o menos presente de los estados y con mayor o menor derrames y derechos. Solo a alguien como Milei, que parte de su dogma, su ignorancia o malicia, se le puede ocurrir que esto es más parecido al socialismo que al neoliberalismo.

Las grandes metrópolis imperialistas practican una vieja y conocida política, donde en el plano local se protegen, y en el plano internacional promueven la “libertad de mercado” junto con la extorsión y su papel dominante en la división internacional del trabajo, donde a los países dependientes como el nuestro nos queda exportar materias primas o recurrir a los endeudamientos o simplemente entregar nuestros recursos comunes y estratégicos perdiendo soberanía. De esta manera y en alianzas con la oligarquía nativa destruyen la pequeña y mediana industria que da trabajo al 80% de la mano de obra asalariada. Y si esos países tienen presidentes como Milei que busca cambiar las leyes y hasta la Constitución Nacional para su expansión, están para descorchar.

Pero Javier Milei también “se llevó a marzo” la materia “constitución y carácter del Estado”. El ubica a los monopolios y clases dominantes por fuera del Estado, y si los “detecta cerca” hasta los puede llamar “socialistas” o cercanos a esas ideas. Él les habla de la “casta” como si los sentados en Davos no tuvieran nada que ver con eso. El ubica “la casta” en lo público, lo estatal, etc.Por eso les adviertecomo un aprendiz “que se alejen de la casta política”.

Milei confronta con el socialismo (su enemigo) negando y tergiversando la historia. Y lo hace como fiel lacayo de los magnates más ricos del planeta. Pero también debe tergiversar la historia del propio capitalismo. La mentira es su herramienta de gran porte, pero él se cree sus propias mentiras lo que lo hace además un caso patológico, más peligroso y cínico. Esto no quita que esos que están sentados en Davos y los que lo rodean aquí, aprovechen para “manejar los hilos” de esta “marioneta universal”.

Él parte de su cabeza y ve un capitalismo prospero, pero según el propio Banco Mundial, cerca de 700 millones de personas en todo el mundo viven en situación de pobreza extrema y subsisten con menos de 2 dólares al día.

El capitalismo por naturaleza no puede avanzar sin destruir los ecosistemas y los medios de producción con el que se desarrolla. Se vuelve en su contrario, y eso ha llegado hace mucho tiempo, aunque Milei no lo registre o lo niegue.

Alguien puede negar como afirmaría Evo Morales que el capitalismo “ha fomentado, ha introducido y ha impulsado en los últimos dos siglos la fórmula más salvaje y destructiva de nuestra especie, convirtiendo todo en mercancía para beneficio de unos cuantos (…) “Si continuamos en el camino trazado por el capitalismo estamos condenados a desaparecer”.

No hay salvataje para la humanidad si no se termia con este sistema, y esto no es un dogma, es una verdad palpable. El camino de “mejorar la distribución de la riqueza”, se da de bruces con la naturaleza del propio sistema que solo busca la “máxima ganancia” y para revitalizarse y lograrlo tiene que destruir todo a su paso.

Se podrá aceptar como un camino de transición, un paliativo, arrancar conquistas en cuanto a mejorar la vida de las personas, pero se terminará en el ostracismo o cadalso si ese camino de tránsito o partida se lo transforma en objetivo de llegada donde los pueblos y la naturaleza perecerán una vez más del ciclo de saqueo y explotación y donde solo dará más vida y fortaleza al propio sistema, quienes lo manejan y sus lacayos.

Hemos llegado a una situación donde la guerra mundial se va imponiendo una vez más como la forma más elevada de resolver la disputa interimperialista, disputa que este gobierno nos quiere atar al carro de occidente liderado por EEUU, ese que está envuelto en su propia crisis y retrocediendo a nivel global.

Pero también sabemos los antiimperialistas, que atarse a la “cola de algún león” solo servirá para “salir cagado” tarde o temprano, sea del color que sea. En este sentido, la multipolaridad es un dato de una realidad que ha cambiado, pero no en favor de los pueblos, sino de otras potencias imperialistas enfrentadas al viejo orden de occidente. En todo caso, ese nuevo orden mundial le podrá servir a los pueblos y naciones oprimidas y dependientes para abrirse paso y animarse a un camino independiente, de “cabeza de ratón”.

Sin dudas la realidad indica que estamos en un umbral de un orden que perece, y otro que está por llegar, el desenlace de esa situación no puede ser pacífico y menos en el sistema capitalista imperialista donde la guerra avanza como la nube a la tormenta.

Esa liminalidad también alienta la gran tarea de transformar la subjetividad en objetividad en la lucha de clases, donde el desenlace será también de cambios dramáticos de un sistema de producción por otro. Así ha sido en la historia.

No planteamos un salto al vacío, cuando hablamos de trazar la perspectiva de cambios revolucionarios que hacen falta para cambiarlo todo a favor de los pueblos.

No tenemos la intención de ser relatores de un crudo y duro presente, sino ser portadores de esperanza que solo se logra con la acción transformadora y brutal para los que se proponen ya no hacer cambios cosméticos, sino revolucionarios, de fondo.

Es el propio Milei, aun desde su dogmatismo “anti Estado”, el que necesita de la mentira permanente para embarrar y tergiversar las experiencias de construcción del socialismo. El cambio cultural se produce cuando fracasan por décadas experiencias en el campo del pueblo y se imponen desde el poder de los medios y redes, el vaciamiento histórico cultural para ocultar esas experiencias, así como otras que han empoderado a los pueblos del pasado reciente. Necesita solo mirar el “día a día” y una perspectiva cortísima hacia el futuro. Necesita recurrir al autoritarismo de “una solo voz” y el “discurso único”.

Pero Milei no es solo Milei, es lo que lo alimenta y hasta hace uso de su impronta, allí está el poder real que maneja los hilos del sistema.

Debemos reconocer que es lo que hoy predomina y ejerce el poder, pero eso no quita entregarle la razón y la verdadera historia que por algo se empeñan en ocultar y embarrar.

Al contrario, la tarea de los Comunistas Revolucionarios en los tiempos de crisis y liminalidad, es justamente mostrar la verdadera historia en cuanto a que el socialismo donde se aplicó, demostró con creces la superioridad sobre el capitalismo, y que la lucha de clases, ese mostro de la historia, lleva indefectiblemente hacia ese puerto, y en nuestras tierras pasando por la liberación nacional y social.

Mao Tse-Tung decía que ser golpeado por el enemigo a veces no es malo, sino bueno, ya que muestra su real preocupación y avances de la revolución. En ese sentido debemos no subestimarlos, pero si enfrentarlos mostrando el gran optimismo de que para los pueblos la luz al final del túnel del capitalismo es la liberación y la construcción del socialismo, esa sociedad con los trabajadores liderando al pueblo en el poder.

GF

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