La rebelión de las flores

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Entrevista a Moira Millán, weychfe mapuche, y una de las coordinadoras del Comité de Mujeres Indígenas de Territorios en Conflicto

Las Mujeres Indígenas de territorios en conflicto autoconvocadas culminaron su ocupación pacífica en el Ministerio del Interior con el impulso de una agenda de reclamos históricos que, si se cumplen las promesas que lograron arrancarles a los funcionarios, debería comenzar a ver resultados en las próximas semanas.

A comienzos de octubre, mientras mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales y no binaries de Argentina se preparaban para un encuentro masivo en la ciudad de La Plata, comenzó a circular una noticia: mujeres indígenas de territorios en conflicto habían ocupado pacíficamente el Ministerio del Interior. Las denuncias que las convocaron, según rezaban sus comunicados, eran históricas y recientes. ¿Cómo transmitir la memoria de 500 años de genocidio? Ellas lo están haciendo.

Uno de sus nombres resonó especialmente en los últimos años: Moira Millán.

Fue la primera en publicar un libro indígena en Argentina de forma masiva: “El tren del olvido”, una novela que recorre la historia de su comunidad y el imperialismo británico que aún asedia las tierras mapuches. Publicado a mediados de este año, se convirtió en uno de los muchos gestos de Moira y sus hermanes por poner en agenda pública las demandas de los pueblos indígenas.

En un momento de ebullición de los originarios de nuestra América Latina, Moira no discute solamente con el colonialismo en sus tierras, ni en sus culturas: también discute dentro de los feminismos, los derechos humanos, el ecologismo y las luchas contra el neoliberalismo. Sobre el rol de las mujeres originarias nos comenta que “las mujeres indígenas cumplimos un rol fundamental en el proceso de descolonización del pensamiento y recuperación de los valores ancestrales de reciprocidad entre los pueblos y para con la naturaleza. Somos las hacedoras del pensamiento del buen vivir como derecho.”

Sobre la visión del cambio climático dice que “si bien está en agenda internacional, la mirada se concentra en un recorte del problema. En la definición de cambio climático existe un reduccionismo intencional del sistema para ocultar el origen y las consecuencias del modelo civilizatorio. No se trata solamente de la relación entre producción y consumo, sino en la mirada antropocéntrica impuesta por la cultura dominante, abstraída del orden cósmico. Nuestro hacer impacta en lo más mínimo ese orden, es por ello que debemos recuperar la conciencia cósmica que tenían nuestros antepasados. La lucha no debe ser contra el ‘cambio climático’ sino contra el terricidio que surgió en el momento en el que se encumbró en la punta de la pirámide al humano impregnado de egoísmo, individualismo, materialismo. Nos volvió antinaturales y nos convenció de que la naturaleza estaba a servicio de nuestro confort. Para los pueblos indígenas no hay pirámide: hay un círculo sagrado de vida, inviolable y perpetuo. Pero si seguimos caminando ciegos y necios, la tierra nos quitará de encima por depredadores. Los movimientos actuales, por lo tanto, tienen que dejarse permear por nuestra mirada, la de los pueblos indígenas”.

Moira Millan
Moira en el cierre de la ocupación pacífica del Ministerio del Interior

Al preguntar cómo surge el concepto ‘terricidio’ nos comenta que viene trabajando la elaboración de términos que puedan contener conceptos más cercanos a su mirada como Pueblos Indígenas. “Entonces les propuse a mis hermanas incorporar esta palabra -terricidio- para explicar cómo el sistema destruye la vida tridimensional. Los pueblos indígenas creemos en la vida tridimensional del cosmos: hay ecosistemas tangibles, hay pueblos, y también hay energías que constituyen ecosistemas perceptibles, o espirituales, el mundo Mapuche los llama gñen.”

Interpelada por las protestas en Chile y Ecuador y la crisis del modelo capitalista, nos da una visión sobre nuevas democracias que deberían ser participativas y directas: “El sistema de representatividad está en crisis, ya no tiene credibilidad, porque hasta aquí los estados nación solo han representado los mezquinos intereses de la corporocracia. Además, debería reconocerse la plurinacionalidad de los territorios, reconociendo y asumiendo el derecho a la libre determinación de los pueblos, yo imagino una suerte de confederación de naciones consensuando el buen vivir como derecho”. A su vez, nos dice que “No planteamos un Estado plurinacional porque sería engañoso. Planteamos el reconocimiento de la plurinacionalidad de los territorios: la geopolítica ancestral recuperada, asumiendo nuestros desafíos desde una perspectiva regional. Pensarnos como modelo emancipatorio endémico. Jamás aislado: eso sería un error. Nuestra posición como pueblo mapuche es muy amplia y heterogénea como en todo movimiento. Pero cuando quisimos llevar la propuesta de plurinacionalidad en el Encuentro Nacional de Mujeres, no imaginamos la violencia racista que íbamos a sufrir. Fuimos maltratadas y agredidas. Hay expresiones feministas con las que si nos sentimos hermanadas y hay otras que se manejan con los mismos mecanismos racistas, violentos y patriarcales contra los que peleamos”.

Finalmente dice que “Desde el Movimiento de mujeres Indígenas por el Buen Vivir nos reconocemos antipatriarcales, pero no feministas. Creemos que el feminismo no tiene el monopolio de la lucha antipatriarcal y que hay otros frentes que también combaten al patriarcado, el nuestro es uno de ellos. No creemos que sea una lucha de una sola línea de combate: caminamos la lucha antipatriarcal junto con nuestra lucha antirracista. Algunos feminismos no han recogido esa lucha y no interpelan sus privilegios de raza. Lamentablemente la racialidad de nuestros cuerpos por parte de éste sistema blanco devalúa el valor de nuestras vidas, y mientras crece el feminicidio indígena, el silencio del feminismo argentino dispara directamente sobre nuestros cuerpos una y otra vez”.