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El Orgullo y el fin del gobierno de Macri

El pasado sábado 2 de noviembre fue la 28va Marcha de Orgullo en la Ciudad de Buenos Aires. Como todos los noviembres desde 1992, las calles del centro porteño se pintaron de colores, de lucha y reivindicaciones.

Fueron 22 las subconsignas que se llevaron como reclamo en esta ocasión. Una de las más recientes es la denuncia al faltante de hormonas para tratamientos de personas trans (que están contempladas en la Ley de Identidad de Género) y el reclamo de su producción estatal. Luego, Trabajo para todes sin discriminación ni precarización, visibilización y despatologización de infancias trans e identidades no binarias, absolución para Higui (procesada por defenderse de una «violación correctiva») y Marian Gómez (condenada por besarse con su esposa en la estación de Constitución), nueva Ley de VIH, Aborto Legal, Seguro y Gratuito y Basta de travesticidios y transfemicidios, entre otras. Otro de los reclamos fue el pedido justicia por “la Chicho” quien fue asesinada a puñaladas en La Plata la madrugada del 27 de octubre, víctima de un crimen trans-odiante.

La consigna de Fuera FMI fue una de las destacadas entre las más de 300.000 personas que hicieron de esta movilización una de las más concurridas en los últimos años.

El movimiento multicolor comenzó a las 11 am con la feria, las intervenciones desde el escenario montado en Plaza de Mayo y las interpretaciones musicales de La Queen, Mala Fama y Marilina Bertoldi. Sin embargo, al igual que el año pasado, no hubo acto de cierre y lectura de documento en Congreso. Esto se debió a que este escenario tradicionalmente lo garantizaba Presidencia de la Nación, pero por segundo año consecutivo el área del Gobierno encargada de cederlo demoró los plazos. Esta demora fue denunciada por la Comisión Organizadora horas antes del evento. El documento se leyó en Plaza de Mayo momentos antes de que las columnas comenzaran a marchar.

El resultado de las elecciones del 27 de octubre no quedó ajeno y también se hizo presente. Se vieron carteles con las leyendas “Chau Macri” o “Volvemos a tener Ministerio de Salud”. Al calor de la alegría por la victoria frente al macrismo en las urnas el último domingo, las calles se desbordaron de un optimismo frente a un nuevo gobierno, que dio señales de apoyo tanto en redes sociales como en discurso del mismo Alberto Fernandez, pero sabiendo que es ahí mismo en las calles donde finalmente las conquistas serán reales.

Una de las particularidades de la marcha de este año es que se decidió retirar la sigla LGBTIQ de la bandera de cabecera. Este gesto responde a los debates que se dan hacia adentro del colectivo en torno a la representatividad de este acrónimo y a las expresiones, identidades y orientaciones que se visibilizan y las que no: siempre hay alguien que queda afuera. En este sentido, lo que moviliza al colectivo y a la Marcha del Orgullo es autodefinirse como disidentes a la heteronorma, a la cisnorma y al binarismo. Esto es, quizás, un nuevo puntapié para re-pensarse como movimiento desde otro enfoque.

Fue una marcha atravesada por muchos factores sociales, económicos y políticos. El hecho de que haya sido una de las más numerosas da cuenta de que esta vez se celebraba mucho más que el orgullo de ser. Se celebró el fin del gobierno de Macri. Desde el protocolo para detención de personas LGBT de Patricia Bullrich en 2017, pasando por la criticada movida larretista de pinkwashing “Orgullo BA” del 2018 hasta la modificación de la Ley de Cupo Laboral Trans propuesta por el gobierno de María Eugenia Vidal este año y, sumado a todo esto, el feroz ajuste al Pueblo, fue un mandato en el que, desde las expresiones del macrismo en Provincia, Ciudad y Nación, se atacó y se intentó ampliar la opresión a las disidencias sexo-genéricas.

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