Estados Unidos está intentando impedir la emergencia de un nuevo orden mundial, y como todo imperio que se siente acorralado sale hacia adelante con lo único que le queda, el poder militar para derrocar gobiernos como lo hizo históricamente, solo que ahora el titiritero es más peligroso que el títere, el estado Sionista de Israel.
En la madrugada del sábado 28 de febrero, una fuerza militar internacional combinada que involucró aviones de combate y bombarderos de Israel y de Estados Unidos junto con unidades de la Armada de este último país, que conllevaron el desplazamiento hacia la región de Medio Oriente de los portaaviones Abraham Lincoln y USS Gerald R. Ford, junto a los destructores USS Frank E. Peterson Jr., el USS Spruance y el USS Michael Murphy, se lanzó un ataque con bombardeos de gran escala, contra Irán. Cuando el ataque estaba en las primeras horas de desarrollo, se publicó un video pregrabado del presidente Donald J. Trump afirmando que se iniciaba una acción militar contra el Estado iraní, para establecer un cambio de régimen. (razonpublica.com; 08/03/2026)
Tras más de dos meses de amenazas y negociaciones, Estados Unidos e Israel iniciaron una operación militar a gran escala contra Irán. Los bombardeos no se limitaron a la infraestructura nuclear y militar del país, sino a objetivos civiles para infundir terror. Las primeras víctimas ocurrieron en la escuela primaria de niñas en la ciudad iraní de Minab, que dejó 182 víctimas mortales entre alumnas y estudiantes.
El ataque también iba dirigido contra los principales líderes del país, incluido el líder supremo Alí Jamenei, el ministro de Defensa o el comandante de la Guardia Revolucionaria, que fueron asesinados bajo las bombas.
Los contraataques de Irán, por su parte, han golpeado en otros países de la región aliados de Estados Unidos y donde mantiene una importante presencia militar, como Baréin, Kuwait, Catar y Emiratos Árabes Unidos, extendiendo la guerra por todo Oriente Próximo y cuestionando la rapidez que prometía la operación estadounidense. (elordenmundial.com -03/03/2026)

El ataque contra el régimen de los ayatolás se ha apoyado en la extensa infraestructura militar que mantiene Estados Unidos en Oriente Próximo. La potencia norteamericana tiene más de una veintena de bases en trece países de la región. En ellas ya se encontraban desplegados entre 30.000 y 40.000 soldados.
Junto a esta presencia permanente, las negociaciones que se han alargado desde enero han servido como pretexto para ganar tiempo y preparar el mayor despliegue militar en la región desde la invasión de Irak en 2003. Este ha incluido el buque más moderno de la flota estadounidense, el USS Gerald R. Ford, que ha llegado desde el Caribe, o el portaaviones USS Abraham Lincoln, desde el mar del Sur de China. El contraataque iraní se ha dirigido precisamente contra estas bases de Estados Unidos en Oriente Próximo, así como contra una base militar de Reino Unido en Chipre, además de barcos comerciales en el estrecho de Ormuz y zonas industriales y civiles en el golfo Pérsico. El objetivo de Teherán es enquistar el conflicto, extenderlo por la región y forzar a Estados Unidos y sus socios a negociar.
Irán se ha apoyado para estos ataques en el uso extensivo de drones. Más de 500 han sido interceptados en Emiratos Árabes Unidos, que, junto con Israel, ha sido el principal blanco de los ataques, como confirma el análisis del Institute for the Study of War (ISW).
Junto a esto, Irán cuenta con el arsenal de misiles más grande y variado de Oriente Próximo, capaz de alcanzar Arabia Saudí e Israel, pero también objetivos en el mar Rojo, Turquía o incluso el extremo este de Europa. (aljazeera.com – 28/02/2026)
Ha pasado un mes desde que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, iniciara la operación “Furia Épica” junto a Israel, dando inicio a la guerra en Irán y aumentando la inestabilidad en Oriente Próximo.
La guerra en Irán ha registrado 4.300 eventos y 1.408 bajas documentadas en un mes, de acuerdo con el análisis realizado por Newtral.es a partir de los datos de ACLED (Armed Conflict Location & Event Data; proporciona datos y análisis precisos sobre la violencia política y las protestas en todo el mundo) —hasta el 27 de marzo—. Estos eventos son de cuatro tipos: ataques aéreos, acciones defensivas, combates y protestas o revueltas. La mayoría han sido ataques aéreos. Suponen el 60,4% de todos los sucesos registrados desde que comenzó la guerra. Casi la totalidad de los fallecidos han sido con este tipo de ataques (97,4%). La operación “Furia Épica” no es una ofensiva nueva. De acuerdo con Moussa Bourekba, investigador principal de CIDOB(es un centro de investigación en relaciones internacionales que, basándose en los criterios de excelencia y relevancia, tiene como objetivo el análisis de las cuestiones globales que afectan las dinámicas políticas, sociales y la gobernanza, desde lo internacional a lo local.), es la continuación de la operación israelí “León Ascendente” de junio de 2025, en la que Israel mató al líder de la Guardia Revolucionaria iraní y otros altos mandos militares.
El conflicto supone una escalada bélica en la región que no se limita solo a Irán, sino que incluye también el ataque de Israel al Líbano, donde se han producido diferentes ataques.
El fracaso del cambio de régimen y la resiliencia institucional
Para el gobierno de Trump la guerra desde el lunes 2 de marzo se convirtió en un problema serio, y tanto el Secretario de Estado como Pete Hegseth hicieron intervenciones en las que se indicaba que el objetivo de la guerra había cambiado y ahora aparecían dos objetivos, cada uno con sus contradicciones: de una parte, se dijo que se trataba de destruir completamente la capacidad nuclear de Irán, dejando la pregunta si la llamada “Guerra de los 12 días”, en la que Estados Unidos llevó a cabo la “operación Martillo de Media Noche”, fue un fracaso que la administración no reconoció y ahora emprendía su remedio, o el objetivo actual era falso. También se argumentó que era una campaña militar preventiva, pues Israel iba a llevar a cabo los ataques y se preveía que Irán atacara objetivos de Washington en la región, al igual que a sus aliados. Y finalmente se planteó que el objetivo de la guerra era la desmilitarización del régimen iraní. (razonpublica.com – 08/03/2026)
Israel no quiere cambiar el régimen de Irán, sólo generar caos regional.
El Estado israelí lleva décadas debilitando a sus enemigos sin eliminarlos. En el fondo hay una idea enraizada de que vive bajo amenaza constante y que justifica nuevos ataques para imponerse a largo plazo. La actual guerra en Irán es un nuevo ejemplo: su fin será sólo una calma temporal.
El régimen iraní difícilmente va a caer y Benjamín Netanyahu lo sabe. El objetivo de Israel y del primer ministro con la guerra no es una transición democrática o un vecindario pacífico: es el fracaso del Estado iraní, su colapso interno. Por eso atacan no sólo a la cúpula política de la República Islámica, sino también a puntos clave del tejido social iraní, como escuelas, hospitales o centros deportivos. Es un modus operandi que Israel ha ido perfeccionando y que, más allá de la alianza con Estados Unidos o de un plan de acción contra Irán, es el reflejo de una estrategia que permea la política exterior israelí en Oriente Próximo. (elordenmundial.com -03/03/2026)
Además, el fracaso del objetivo de cambio del régimen fue notorio cuando el mismo lunes se dio a conocer que el régimen había nombrado un triunvirato de transición y que la Asamblea de Expertos se preparaba para hacer el nombramiento del nuevo ayatolá supremo. (razonpublica.com – 08/03/2026)
El impacto en el mercado energético: el estrecho de Ormuz
La guerra desde el principio tomó un carácter global, no regional, pues si bien los aliados de Irán no harán grandes despliegues militares, sobre todo en el caso de Rusia, sí saben que en ese desafío estratégico-militar están riesgo sus intereses globales. Para China, se pone en riesgo el acceso a una de sus principales fuentes energéticas, la compra de petróleo, tanto a Irán como a las monarquías del Golfo Pérsico. Para Rusia, su presencia en Oriente Medio, pues Irán es su proyección, y para Corea del Norte es una proyección de un aliado clave en su programa nuclear y de intercambios tecnológicos y comerciales. En esta dirección, los ataques iraníes han logrado impactar territorio de la Unión Europea, al golpear a Chipre; a la OTAN, al intentar golpear a Turquía, pero el sábado 7 de marzo se reveló cómo Rusia ha dado información de inteligencia a Irán para que pueda atacar intereses de Estados Unidos en la región. En medio de todo ello, con el cierre del estrecho de Ormuz y el ataque a buques petroleros y a los dedicados al comercio de otras mercancías, se ha presentado un aumento notorio del petróleo en sus dos referencias básicas, Brent y WTI. (razonpublica.com – 08/03/2026)
Poco después del inicio del ataque estadounidense e israelí, la Guardia Revolucionaria iraní declaró que el estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos globales, no era seguro para el tránsito. El sábado el tráfico comercial en el estrecho se había reducido ya en un 70% y los precios del crudo comenzaron a aumentar. Sin embargo, el cierre militar no llegó hasta el lunes 2 de marzo, cuando el comandante de la Guardia Revolucionaria de Irán advirtió que “prenderían fuego” a cualquier barco que intentara pasar.
Por Ormuz circula el 20% del crudo mundial, que asciende al 30% de todo el que se comercializa por mar. Además, en el golfo Pérsico se encuentran dos tercios de las reservas mundiales probadas de petróleo y un tercio de las de gas. (elordenmundial.com -03/03/2026)
La guerra en Medio Oriente dejó de ser un conflicto geopolítico aislado para convertirse en un factor determinante del sistema energético global. La tensión entre Irán, Estados Unidos e Israel está alterando el equilibrio del mercado petrolero y reactivando el fantasma de una crisis de abastecimiento.
El punto más sensible es el estrecho de Ormuz, una vía estratégica por donde circula cerca de un tercio del petróleo mundial. La sola amenaza de interrupciones en ese corredor genera un efecto inmediato: suba de precios, especulación financiera y mayor volatilidad en los mercados internacionales.
A esto se suma un elemento crítico: los ataques y riesgos sobre infraestructuras energéticas en la región. La posibilidad de que instalaciones petroleras o gasíferas queden fuera de operación no solo impacta en la producción actual, sino que altera las expectativas futuras y consolida un escenario de precios altos sostenidos.
En paralelo, el petróleo vuelve a ocupar un rol central como herramienta geopolítica. Irán ya dejó entrever que el precio de la energía forma parte de su estrategia de presión, lo que refuerza la idea de que el mercado no enfrenta solo una crisis de oferta, sino también una disputa de poder.
El impacto excede al sector energético. El encarecimiento del petróleo comienza a trasladarse a toda la economía: suba de costos logísticos, presión inflacionaria y encarecimiento de alimentos y bienes básicos. En otras palabras, la guerra ya empezó a sentirse fuera del campo de batalla. (inteligenciaargentina.ar – 25/03/2026)
Cómo afecta a Latinoamérica
La guerra ha puesto en el foco la relación entre Irán y algunos países latinoamericanos. En un artículo publicado en la revista Nueva Sociedad, Jean-Jacques Kourliandsky, director del Observatorio de América Latina de la Fundación Jean Jaurès, escribe que durante las últimas dos décadas Teherán fortaleció sus vínculos con varios gobiernos de izquierda. En particular se refiere a Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina, este último antes del ascenso de Javier Milei a la presidencia. El acercamiento fue visible en gestos políticos y acuerdos de cooperación.
Por ejemplo, el entonces presidente iraní Mahmud Ahmadineyad asistió al funeral de Hugo Chávez, a la toma de posesión de Nicolás Maduro y a la reelección del ecuatoriano Rafael Correa. En 2007, Irán comenzó una colaboración estratégica con la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), impulsada por Venezuela. A partir de ese año, se firmaron acuerdos bilaterales que se materializaron en diversas cooperaciones: de armamento con Bolivia y Venezuela, de energía y petróleo con Ecuador y Venezuela, de finanzas con Bolivia, Cuba y Venezuela, así como de inversiones en Bolivia, Nicaragua y Venezuela.
Según Kourliandsky, estos vínculos respondían a un objetivo común: diversificar alianzas internacionales y reducir la dependencia de los centros de poder occidentales, especialmente en contextos de sanciones económicas. “Algunos Estados sometidos a sanciones por parte de países ‘centrales’, ya sea globales, como Cuba y Venezuela, o puntuales como Argentina y la propia Venezuela, intentaron con Irán y otros socios abrir mercados y asegurarse proveedores alternativos, y así recuperar o ampliar una soberanía lesionada”.
En la mayoría de esos países los gobiernos cambiaron y giraron a la derecha y aliados de EEUU, aunque frente a la guerra contra Irán, solo Argentina se pronunció a favor y fue mas allá al ofrecer tropas y Milei declararse “el presidente más sionista del mundo”, provocando la reacción inmediata de Irán al reafirmar que “Milei cruzó una línea roja”, poniendo al país nuevamente en un conflicto ajeno y abierto nuevamente a fuertes represalias.
Latinoamérica podría sentir los efectos de la guerra principalmente en cuanto al mercado de materias primas. Un análisis de BNamericas señala que el impacto sería desigual. Países productores de petróleo –como Brasil, Colombia, Venezuela y Ecuador– podrían beneficiarse del aumento de los precios del crudo, lo que mejoraría sus términos de intercambio, fortalecería sus monedas y aliviaría presiones fiscales. En contraste, economías importadoras de energía, como Chile y Perú, enfrentarían “una factura de importación de energía más elevada”, lo que podría deteriorar su posición externa.
Hasta el momento, América Latina percibe la guerra en Irán como una amenaza remota, pero eso podría cambiar en cualquier momento. (connectas.org – 11/03/2026)
La guerra en Irán y Medio Oriente no es solo un conflicto energético, sino también geopolítico de reconfiguración regional. Un conflicto que reconfigura el mapa energético global. La discusión ya no pasa únicamente por quién controla el territorio, sino por quién condiciona el flujo de energía que sostiene a la economía mundial.
Los Estados Unidos saben que nos les queda mucho petróleo para su industrialización, de allí la confianza que tomaron con el secuestro de Maduro y luego trasladaron ese hecho exitoso pensando que con Irán y el descabezamiento del régimen sucedería lo mismo, error gravísimo de cálculo.
Irán no es Venezuela, el régimen iraní, no solo se preparó para el fatídico día 28 de febrero, sino que lo estaba esperando hace más de 20 años.
La mayor muestra de esto es el poder militar balístico ejecutado en este conflicto desde sus inicios, una cantidad de diferentes misiles y drones que impusieron una nueva táctica de guerra no convencional, sino aérea, donde misiles balísticos hipersónicos como Haj Qasem (1.400 km),Kheibar Shekan (1.450 km), Qadar-H (1.600-1950 km), Paveh (1.650 km), Enad (1.700 km) y Sejjil (2.000 km). Misiles con una precisión tremenda y además imposible de detectar como se vio en los ataques de cuarta y quinta oleada desde irán hacia Israel, donde el “iron dome” de defensa israelí prácticamente quedó debilitado y sin poder de derribar más que algún otro dron.
Días atrás Irán mandó un mensaje muy claro respecto al poderío militar, en particular a Europa, al lanzar dos misiles hacia Diego García (una base en el Océano Índico operada conjuntamente por Estados Unidos y el Reino Unido) a unos 4.000 kilómetros de distancia, no solo fue un movimiento militar, fue un mensaje estratégico en toda regla. Esa distancia equivale aproximadamente a la que separa Irán de muchas capitales europeas.
Hasta la finalización de este artículo, los últimos acontecimientos indican una posible invasión terrestre de los EEUU a Irán, con la posible intención de tomar la isla de kharg, una extensión de unos ocho kilómetros frente a la costa de Kuwait, sus instalaciones son las más vitales del sistema petrolero iraní, y su operación continua es esencial para el bienestar económico de Irán.
El ministro de Relaciones Exteriores iraní, Abbas Araghchi, anunció que los están esperando y que se convertirá en un infierno si se atreven a invadir.
Así las cosas, nos esperan días, semanas o quien sabe el tiempo que demande esta guerra regional. Se avecinan tiempos de cambio donde un nuevo orden puede comenzar a nacer y otro a desfallecer.
Las históricas manifestaciones en las principales ciudades de EEUU con más de siete millones de personas, sumando otras en el corazón de Europa repudiando la guerra imperialista contra Irán y la política de Donald Trump y Netanyahu, muestran que los pueblos no quieren la guerra y resisten las políticas de ajuste, endeudamientos y destrucción de los recursos estratégicos comunes. El estado de Israel, muy debilitado se juega su última chance de apostar su gran objetivo, “el gran Israel”, de no lograrlo, será un buen principio para un nuevo orden donde la unidad de los países oprimidos se construya sobre las bases de la solidaridad y nuevas estructuras económicas y políticas soberanas y democráticas no alineadas a ninguna potencia imperialista.
Que así sea.
Nicolas Weichafe 29/03/2026
Mientras se escribía esta nota, EEUU se molivizaba contra Trump y la guerra.




















