Los resultados de las elecciones en Brasil, donde el candidato fascista Bolsonaro se impuso en la primera vuelta por el 46% frente al del PT Haddad 29% (ver nota), muestra, más allá de las particularidades, el avance de las políticas de la derecha más reaccionaria en la región. El ministro de Relaciones Exteriores de nuestro país, Jorge Faurie sintetizó: “Los brasileños hicieron su ejercicio democrático con total libertad y con un posicionamiento que mira hacia el futuro y no hacia el pasado”. Así se alineaba, buscando fortalecer a la política del gobierno de Macri.
También la ministra de Seguridad Bullrich sacó provecho del triunfo de Bolsonaro, quien sostiene, entre otras cosas, que un buen policía es aquel que mata a los delincuentes y que la dictadura militar se equivocó solo al torturar y no matar. Y entonces la ministra salió a amenazar a las organizaciones sociales vinculándolas con el narcotráfico en los territorios, dejando la puerta abierta para militarizar las barriadas y villas con las FFAA, al mejor estilo de las favelas de Río de Janeiro, que de nada sirvieron para bajar la criminalidad y el narcotráfico pero si para perseguir a los opositores o asesinarlos como Marielle Franco. Las políticas de ajuste lleva la represión como la nube a la tormenta.
El gobierno nacional se “agazapa” esperando que en el ballotage se consagre presidente al fascista, que si bien no hacemos un sinónimo con el gobierno local, comparte ejes fundamentales como destruir las políticas llamadas populistas en la región y como el déficit cero en la economía (que traducido es el ajuste brutal), aunque Bolsonaro es partidario de una economía privatizadora al mejor estilo menemista de los ‘90 ratificada por su gurú económico, el “chicago boy” Paulo Guedes. En definitiva se fortalece el eje que impone los EEUU que –más allá de las diferencias en torno a la economía si es más proteccionista o abierta– busca “cerrar” el ciclo de las políticas “neodesarrollistas” que se basaron en los acuerdos estratégico con países como China, Rusia o algún país europeo. Si bien éstos mantienen la presencia, los EEUU van ganando terreno. Y sea cual fuere el resultado el 28 de octubre en Brasil, se agudizarán las contradicciones interimperialistas en la región.
Para estos objetivos también trabajan sectores de la Justicia de ambos países con sectores políticos y de medios monopólicos como la Red O Globo o Clarín, que tienen una gran similitud en cuanto a que no escatiman esfuerzos para proscribir y encarcelar a los opositores que puedan desviar el rumbo establecido de la política reaccionaria. La cárcel a Lula es el ejemplo; y el montaje con base en la corrupción es la plataforma que lo une con Cristina Kirchner. La muestra que el objetivo es proscribirla más que terminar con la corrupción está en que la misma Justicia acaba de declarar la absolución con una condena al ex presidente Carlos Menem por el tráfico de armas a Ecuador y Croacia. Un escándalo jurídico y político que llevó a una crisis interna hasta la propia coalición de gobierno.
Un análisis necesario
Pero vale hacer un análisis mirando este presente en cuanto al ciclo de crecimiento de las políticas reaccionarias y hasta fascistas abiertas que emergen. En particular en un país como Brasil, donde más del 50% de su población es negra o mulata y donde gana un candidato que sostiene los fundamentos hitlerianos de la raza maldita a la que hay que impedir su reproducción. Bolsonaro no ocultó nada a diferencia de Macri.
Claramente estamos en un extremo del polo de la contradicción. Y trabajamos para terminar con estas políticas de ajuste, entrega y represión en nuestro país y América Latina. Y justamente por ello es que vemos necesario cerrar filas en primer lugar y trabajar con un criterio de gran amplitud para derrotarlos. Pero no para seguir profundizando la dependencia en otras manos, sino para avanzar en los cambios de fondo. Porque está a las claras que la reacción se reproduce.
La propia realidad abre un debate necesario alrededor de que una de las bases en las que han abrevado estas políticas en la región no solo tienen que ver con los aspectos particulares (coyunturales e históricos de cada país y que son en definitiva el factor decisivo en cada proceso), sino en las políticas que se llevaron adelante en la última década, sus errores y limitaciones. Y es de suma importancia porque las alianzas para derrotar a estos gobiernos la integran y hegemonizan los mismos sectores que gobernaron estos países hace pocos años.
Y es un debate necesario porque es cierto que antes había mejores condiciones de vida y se otorgaron y conquistaron políticas sociales postergadas. Pero eso solo no basta mientras a la par no cesaron de hacer fabulosas ganancias los monopolios, terratenientes y bancos. Sostener una matriz económica basada en el monocultivo de la soja o el petróleo, manejados por los monopolios exportadores, en definitiva es contradictorio con el desarrollo industrial, agrario y tecnológico independiente. En síntesis, en términos económicos y estratégicos, muestra que el avance de los monopolios es antagónico con el avance industrializador soberano. Y esa matriz no se cambió en los países de la región. Sí cambiaron de hegemonía pero no de matriz.
Por otro lado, y como no pude ser de otra manera, la corrupción no desaparece con estas políticas. Se puede cambiar de formas pero no desaparece. Por eso cuando otros llegan al poder contragolpean y la usan a su favor. Los bolsones de pobreza se mantienen y en determinados ciclos de la economía aumentan y con ello la llamada “inseguridad”, esa que Bolsonaro o Bullrich aprovechan para matar, premiando al “gatillo fácil”. Por otro lado, esta política utiliza imágenes, hechos históricos y relatos muy sentidos por el pueblo. Pero esa superestructura en definitiva no está divorciada de esa base económica y no crea un “hombre nuevo” como sostenía el Che Guevara.
En las falencias de estos procesos, y no en sus fortalezas, es donde se va gestando el contragolpe de la reacción. Pero las cabezas de esos procesos no pusieron, por su condición de clases, la alianza estratégica en los pueblos latinoamericanos sino en potencias imperialistas. Y esas potencias tienen la lógica rapaz del imperialismo que hoy está con el “neo-desarrollismo” y mañana con la reacción.
En las calles y en las urnas
Pero las necesidades populares exigen que las fuerzas antiimperialistas y democráticas en las horas dramáticas que corren no hagan autismo aislándose en la pureza y confluya en ese gran reagrupamiento, aunque impuro y poroso, pero que tiene un primer objetivo que es derrotar estas políticas. Y como la historia reciente muestra, para ir más allá en mejores condiciones y para reforzar las conquistas arrancadas, superar errores y políticas que no rompieron con la dependencia, necesitamos un instrumento aglutinador para jugar en grande desde un programa independiente que recoja las mejores experiencias de la historia en la reconstrucción del país para que millones se lo apropien.
Hoy luchamos para derrotar en las calles y en las urnas al acuerdo de Macri, el FMI y sus aliados, donde tratan de hacer pasar el ajuste en el Presupuesto 2019 con la anuencia de un sector del PJ y el FR, mientras otro sector de ese partido se reagrupa para resistir. Seguiremos impulsando la continuidad de la lucha luego del masivo paro de 36hs que conmovió nuestro país. Y el 28 haremos fuerza para la derrota del fascista Bolsonaro.
Las luchas hermanan a nuestros pueblos en Latinoamérica donde las necesidades de la hora marcan la gran tarea de derrotar a la reacción y profundizar los procesos con el pueblo en las calles hacia la liberación nacional y social.




















