San Martín y nuestra Independencia

“Es llegada la hora de los verdaderos patriotas. Se acerca al Río de la Plata una expedición de diez mil españoles. Ya no se trata de encarecer y exaltar las virtudes republicanas, ni es tiempo de exhortar a la conservación de las fortunas o de las comodidades familiares. El primer interés del día es el de la vida: este es el único bien de los mortales. Sin ella, también perece con nosotros la patria. Basta de ser egoístas para empeñar el último esfuerzo en este momento único que para siempre fijará nuestra suerte.”

Con estas palabras, San Martín se expresaba en junio de 1815. Era un momento de definiciones, ya que en España había sido restaurado Fernando VII y se enviaban ejércitos a reconquistar las colonias americanas. San Martín no dudó: reafirmó la lucha independentista hasta el final y siguió con los preparativos para su expedición militar a través de los Andes.

Militar e independentista

Nacido en Yapeyú e hijo de un militar español, se había formado militarmente en España desde su infancia. En Europa tomó contacto con círculos liberales que abogaban por la independencia de las colonias; y desatado el proceso revolucionario en Hispanoamérica, San Martín decidió volver al Río de la Plata para contribuir a la lucha.

En 1812 llegó a Buenos Aires e inmediatamente se puso al servicio de la preparación militar y la guerra, creado el renombrado regimiento de Granaderos a Caballo, triunfando en la Batalla de San Lorenzo y reorganizando el Ejército del Norte. Desde el principio chocó con la política del Primer Triunvirato, controlado por Rivadavia, que tenía en su haber la entrega de la Banda Oriental a los españoles, el rechazo de la bandera celeste y blanca de Belgrano, la orden a éste de retroceder hasta Córdoba y dejar el norte a los españoles, etc. San Martín, con la Logia Lautaro, tomó parte en su caída, que llevó a la conformación del Segundo Triunvirato.

En 1814, ya proyectado su plan de independencia continental por vía de los Andes, logró ser designado Gobernador de Cuyo, a donde se trasladó durante tres años a preparar la expedición y a crear el Ejército de los Andes. San Martín sostenía que sin derrotar a los españoles en toda América, el propio Río de la Plata nunca estaría seguro. En esas circunstancias fue que recibió la noticia de la restauración en España y reafirmó la decisión de lucha. Ante el Congreso de Tucumán de 1816 San Martín fue uno de los principales impulsores de la declaración de Independencia (ver Vamos! Nº55): “¿Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia? ¿No le parece a usted una cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos? ¿Qué nos falta más que decirlo?”, escribió San Martín en una carta a uno de los diputados cuyanos.

La campaña libertadora y la guerra civil

En enero de 1817 se inicia la expedición libertadora, una gran hazaña desde el punto de vista militar, construida sobre la base de difíciles condiciones: “Compañeros del Ejército de los Andes: La guerra se la tenemos que hacer como podamos: si no tenemos dinero; carne y tabaco no nos tiene que faltar. Cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con la bayetilla que nos tejan nuestras mujeres y si no andaremos en pelota como nuestros paisanos los indios, seamos libres y lo demás no importa. Compañeros, juremos no dejar las armas de la mano hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas como hombres de coraje.”

En abril de 1918, en la batalla de Maipú, las fuerzas de San Martín derrotan definitivamente a los españoles en Chile. Este triunfo dio un nuevo impulso a las independencias latinoamericanas: Bolívar decidirá iniciar su campaña libertadora hacia el Perú desde la Gran Colombia.

Al mismo tiempo que todo esto sucedía, en el Río de la Plata se profundizaba la lucha entre el proyecto encabezado por la oligarquía porteña y el que dirigía José Gervasio de Artigas con la Liga de los Pueblos Libres (ver Vamos! Nº51). En 1816, Portugal había invadido la Banda Oriental: Artigas había llamado a unir fuerzas contra españoles y portugueses, pero el Gobierno porteño vio la posibilidad de deshacerse de una vez del líder oriental, por lo que se atizaron los enfrentamientos. En una carta a Artigas, San Martín le expresó: “No puedo ni debo analizar las causas de esta guerra entre hermanos, sean cuales fueren, creo que debemos cortar toda diferencia y dedicarnos a la destrucción de nuestros crueles enemigos los españoles”. Esta fue la posición constante en San Martín: la tarea era la independencia, las disputas internas no tenían sentido. La dificultad para ver el contenido real de la disputa dentro de los que coincidían en la lucha contra el colonialismo español fue una de las principales limitaciones del general patriota. Aun así, esta misma posición le permitió también desobedecer al gobierno de Pueyrredón cuando le ordenó volver con su ejército a reprimir a los federales. Su respuesta fue contundente: “el Gral. San Martín jamás derramará la sangre de sus compatriotas”.

Libertador

Tras la batalla de Cepeda de 1820 en el Río de la Plata cae el Gobierno central y las provincias se disgregan. San Martín, que estaba en Chile preparando la expedición al Perú, se queda sin un Estado rioplatense que lo respalde, pero junto con sus tropas decide seguir adelante. En julio de 1821, tras meses de lucha declara la Independencia del Perú y es nombrado “Protector”. Entre sus primeras medidas estuvieron la abolición de la esclavitud y de la mita indígena, lo que le valió el resentimiento de la oligarquía peruana.

En julio de 1822 se produjo la entrevista de San Martín y Bolívar en Guayaquil. Este último venía avanzando desde el norte, respaldado por el Estado de la Gran Colombia, que incluía Venezuela, Colombia y Ecuador. San Martín decide retirarse y renuncia a su cargo de “Protector del Perú”. En su camino de regreso, cuando intenta entrar a Buenos Aires para ver a su esposa Remedios que estaba gravemente enferma, Rivadavia se lo niega. Cuando aún así decide viajar a la ciudad portuaria, su esposa ya había muerto. Difamado y amenazado por el gobierno porteño, decidió abandonar el país rumbo a Europa, donde vivió hasta su muerte en 1850.

Si bien San Martín buscó mantenerse al margen de la disputa de proyectos dentro de la nueva nación, lo principal de su trayectoria lo sitúa claramente como un revolucionario consecuentemente independentista y un líder fundamental de nuestra guerra de Independencia.

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