El pasado 21 de setiembre, durante una concentración en el Ministerio de Seguridad, Trabajo y Ambiente de Neuquén en reclamo del pase a planta permanente de un centenar de trabajadores, Luis Bastidas, delegado de UPCN, recibió un disparo a quemarropa por parte del policía Fabián Escobar. Afortunadamente la bala no lesionó órganos vitales, por lo que Bastidas se encuentra internado con lesiones en el húmero, pero fuera de peligro.
El hecho, que ocurrió mientras los trabajadores intentaban ingresar al Ministerio, fue gravado por las cámaras de seguridad, lo que permitió identificar al policía agresor. Al cierre de esta edición, se conoció que el tribunal que lleva el caso le concedió la prisión domiciliaria al policía Fabián escobar. Esto ha generado una ola de repudio de organizaciones de derechos humanos y gremiales.
La policía neuquina posee un nefasto historial represivo. Los casos más resonantes son los de Teresa Rodríguez en 1997 y el de Carlos Fuentealba en el 2007, ambos asesinados por la policía. En este caso, Luis Bastidas tuvo la suerte que las lesiones no le causaron la muerte. Pero evidentemente no se trata de un caso aislado de “un policía que se excedió”, sino de una institución asesina y que tiene la complicidad del sistema judicial y político.









