Trump logró poner el tema Venezuela a consideración del Consejo de Seguridad de la ONU por segunda vez, probablemente para negociar allí con los representantes del ruso Putin. Los voceros del imperialismo yanqui fueron el Secretario de Estado Mike Pompeo y Elliott Abrams, que ya fue funcionario de los presidentes Reagan y Bush, un personaje siniestro para América Latina y ahora designado por Trump para imponer en Venezuela lo que ellos llaman “democratización”.
Los yanquis reclaman un proceso político “pacífico” –sobre la base del reconocimiento del impostor Guaidó– que desemboque en “elecciones libres”, después de haber ordenado a la oposición desconocer las que se llevaron a cabo en mayo de 2018, en las que resultó electo Maduro.
En la votación realizada el pasado 26 de febrero, de los 15 países del Consejo, 9 respaldaron el plan, 3 lo rechazaron y 3 se abstuvieron. Pero Moscú y Pekín hicieron valer su derecho de veto como miembros permanentes e impidieron la postura yanqui. A renglón seguido, la propuesta de Rusia, invocando la no intromisión en los asuntos internos de Venezuela, sólo tuvo el apoyo de 3 miembros. Tras la votación, el emisario norteamericano Abrams amenazó: “La situación en Venezuela demanda nuestra acción ahora”.









