La represión de las fuerzas policiales contra los maestros de Oaxaca (México) tras 15 horas de enfrentamiento ha dejado ocho muertos, 45 heridos de bala y 22 desaparecidos, según la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE). Se trata de “maestros, padres de familia y manifestantes”. Fuentes periodísticas hablan de 95 desaparecidos. Todo esto mientras sigue latente el recuerdo de los 43 estudiantes desaparecidos impunemente en Ayotzinapa.
Ésta es la respuesta gubernamental frente a las protestas contra la reaccionaria reforma educativa del presidente Enrique Peña Nieto. Pero la CNTE no se rinde y reclama la renuncia inmediata del gobernador Gabino Cué Monteagudo. En las últimas semanas, las protestas se habían multiplicado en varios estados del sur mexicano, como Guerrero, Michoacán y Tabasco.
Uno de los puntos de la reforma educativa impone la evaluación del profesorado y su expulsión en caso de que se nieguen a realizar las pruebas. Además acaba con la concesión automática de plazas a maestros de escuelas normalistas. En el último mes, decenas de telegramas de despido fueron enviados a los docentes afiliados a la CNTE.
Delegaciones en varias partes del país se movilizaban y realizaban bloqueos de rutas, como el corte intermitente en la carretera federal que une a Cuernavaca con la Ciudad de México. Allí se preparaban varias marchas en apoyo a los maestros de Oaxaca, que ayer mismo organizaron un impresionante sepelio para sus muertos en Nochixtlán.










