Manotazos de ahogado

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La semana pasada el Banco Central volvió a modificar su política cambiaria. Luego de varias jornadas de importantes subas del dólar y del riesgo país, y caída del valor de los bonos de deuda argentina, el BCRA abandonó la política de “zona de no intervención” –definida en el acuerdo con el FMI– que estipulaba que si el dólar cotizaba entre 39 y 51 pesos no podía vender dólares de la reserva para hacer frente a saltos devaluatorios. A partir de ahora, podrá intervenir “libremente”. Debió conseguir para esto autorización del Fondo Monetario. Llama la atención que el macrismo agite la bandera de un Banco Central “independiente”, cuando ni siquiera puede definir la política cambiaria sin la autorización de Washington. Este aval del FMI para emplear los dólares –que en última instancia provienen de su préstamo– para solventar la fuga de divisas es contrario a su propio estatuto y muestra el respaldo y la importancia que le da el gobierno de EEUU a la supervivencia electoral del macrismo.

Pero, aún así, con manos libres para liquidar reservas para alimentar la fuga de dólares, no logran aplacar la presión cambiaria que luego de algunos días de cotización estable volvió a mostrar jornadas de devaluación al comienzo de esta semana. Y tampoco lograron bajar el “riesgo país” (ligado a las expectativas de pago de la deuda externa) por debajo de los 900 puntos, que ubica a la Argentina al tope del “ránking” internacional junto con Venezuela. Esto está relacionado al problema de las reservas de que dispone el BCRA. Ya que, si bien el monto que se publica es de más de 70 mil millones de dólares, las reservas realmente disponibles estarían alrededor de los 18 mil millones de dólares.

Por lo tanto, se trata de una sábana corta: si liquidan gran cantidad de reservas para alimentar la fuga y “contener” una corrida devaluatoria, disminuyen las posibilidades de pago de la deuda externa –sobretodo en los vencimientos a partir del 2020-. En uno u otros casos entregan las reservas nacionales al capital financiero. Pero es improbable que alcance para todo y la situación explosiva sigue latente. Mientras tanto, continúan con tasas del 74% que destruyen mes a mes la industria nacional y los puestos de trabajo. El problema que subyace a esta situación, que el macrismo no puede resolver y que lo lleva de fracaso en fracaso, es el extraordinario crecimiento de la deuda externa, que fue uno de los núcleos de su política desde el 10 de diciembre de 2015.