LA POBREZA QUE NO CESA

Segunda ola de Covid-19 con 42% de pobres y 10,5% de indigentes

La pobreza alcanzó en el último semestre de 2020 el 42% de la población, lo que representó una suba de 1,1 puntos porcentuales respecto al 40,9% que había en el mismo período el año anterior, según el informe que publicó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

El trabajo del INDEC establece que el porcentaje de hogares por debajo de la línea de pobreza (LP) alcanzó el 31,6%; en estos residen el 42,0% de las personas. Dentro de este conjunto se distingue un 7,8% de hogares por debajo de la línea de indigencia (LI), que incluyen al 10,5% de las personas. Esto implica que, para el universo de los 31 aglomerados urbanos de la EPH (Encuesta Permanente de Hogares), por debajo de la LP se encuentran 2.926.890 hogares que incluyen a 12.000.998 personas y, dentro de ese conjunto, 720.678 hogares se encuentran por debajo de la LI, e incluyen a 3.007.177 personas indigentes.

El ingreso total familiar promedio de los hogares pobres fue de $29.567, mientras la CBT (Canasta Básica) promedio del mismo grupo de hogares alcanzó los $50.854, por lo que la brecha se ubicó en 41,9%, el valor más alto de la serie por quinto semestre consecutivo. De esta manera, no solo hubo un aumento en la incidencia de pobreza respecto del primer semestre de 2020, sino que la situación de las personas bajo la LP empeoró por la mayor distancia entre sus ingresos y la CBT.

En cuanto a los grupos de edad según condición de pobreza, se destaca que más de la mitad (57,7%) de las personas de 0 a 14 años son pobres. El mayor crecimiento con relación al semestre anterior se observó en este grupo con un aumento de 1,4 p.p.

Las mayores incidencias de la pobreza en personas se observaron en las regiones Gran Buenos Aires (GBA) y Noreste (NEA). En el GBA –región con mayor cantidad de población– se verificó el valor más alto en la serie por quinto semestre consecutivo.

 Entre los grandes centros urbanos se destacan Resistencia, Chaco, con el 53,6% de la población. Le sigue el conurbano bonaerense, donde esa cifra asciende al 51% creciendo 10,5 puntos en un año, cuando se ubicaba en el 40,5%.

Concordia, Entre Ríos, se ubica en un 49,5%; San Nicolás-Villa Constitución, Santa Fé, con 43,6%, y en el Gran Tucumán, el 43,5% de su población es pobre.

LA RIQUEZA QUE NO CESA

La herencia recibida y la pandemia se han potenciado para arrastrar al abismo a millones que han caído en la pobreza y otro tanto en la indigencia. Esto es cierto e incontrastable. El presente de la pandemia lo transitamos, pero los datos del INDEC deben abrir un debate en cuanto a cómo empezar a transitar otros rumbos en materia económica y social, otro modelo ya que el presente, con mayor o menor derrame para los que menos tienen, está a la vista y no solo no resuelve la situación de millones, sino que empeora.

Los paliativos como el IFE que abarcó a 9 millones de argentinxs, trajeron alivio y contuvieron una olla a presión en los cordones más castigados por la pobreza, pero en septiembre del año pasado se sacaron porque la situación empezó a mejorar, la economía comenzó a reactivarse y fue una señal clara en la negociación con el FMI.

Pero justamente los indicadores ahora muestran que la mano de obra se precarizó aún mas, los salarios fueron perdiendo frente a la inflación de la canasta que no paró de ser remarcada por los formadores de precios, sin que haya mayores controles ni medidas. Los aumentos en los combustibles autorizados por el gobierno dispararon aún más los valores de los alimentos y servicios.

Hoy el salario mínimo está por debajo de la línea de la indigencia y los salarios de muchas actividades en promedio no alcanzan la línea de la pobreza. Esta realidad económica no cambiará si no se revierte esta situación donde la inflación le gana a los salarios.

Hace pocos días conmemoramos otro aniversario del golpe de Estado que se impuso a sangre y fuego en 1976. El golpe militar, cívico, empresarial y eclesiástico se dio para imponer la matriz productiva agro exportadora y dependiente que subsiste con idas y vueltas hasta nuestros días. En el medio estuvieron las políticas neoliberales que desguazaron el Estado mediante las privatizaciones y la Deuda Externa.

Si tomamos los índices de pobreza desde esa fechas hasta el presente, vamos a observar que en términos absolutos fue empeorando en la medida que fue avanzado el modelo impuesto por la dictadura. La profundización de ese modelo trajo contaminación con herbicidas, cianuro y fracking. Trajo expulsión de mano de obra, concentración de la tierra y hacinamiento en las grandes ciudades con las consabidas enfermedades y otros padecimientos derivados de la pobreza.

La pandemia profundizó este modelo pero también abrió la posibilidad de patear el tablero y empezar a desandar el camino que no expulsa y nos lleva al precipicio.

Vemos que esa posibilidad está en lucha, si bien hemos compartido la derrota del neoliberalismo de Juntos por el Cambio, también vemos que los que controlan la hegemonía en el gobierno y el Frente de Todos, mantienen el modelo que genera pobreza tratando de imprimir mayor derrame a los sectores populares con los resultados que el propio INDEC acaba de publicar.

El trabajo del INDEC nos muestra que la desigualdad se ha acrecentado, mientras el puñado concentrado de los que controlan las grandes fortunas meten recursos de amparo para no cumplir con la Ley de “Aporte Solidario y Extraordinario” que afecta una minúscula parte de su fortuna y por única vez.

Por este camino vamos mal, ya que una de las premisas en campaña fue “ponerle plata en el bolsillo a la gente”, pero más allá de la emergencia y paliativos, se termina cediendo a la cuestión de “no acrecentar el déficit” y “contener a los mercados”. Las exportaciones han aumentado, mostrando una recuperación en la balanza comercial, pero ese indicador no resuelve el problema de fondo, ya que en la distribución de la torta los más pobres son más pobres y los ricos, más ricos. Debemos admitir que las cosas se están haciendo mal y aquí no se trata de hacerle el juego a la derecha, sino, y justamente, cerrarle el paso a su avance empoderando al pueblo con mayor fuente de trabajo y avanzando en las cuestiones estructurales que es en definitiva lo que da certezas y une al pueblo.

CON 42% DE POBREZA SE RENEGOCIA CON EL FMI

Con 12 millones de pobres y la segunda ola de la pandemia que avanza a saltos exponenciales en contagios, tratar de renegociar la estafa de la deuda impagable con el FMI, es una inmoralidad. ya que por más que se quiera pagar a futuro se deberá controlar el “famoso déficit” o sea recortar, ajustar para poder cumplir. El gobierno amagó con mas plazos, pero el FMI fue taxativo “…los plazos van hasta 10 años”…y “…las condiciones se aplican a todos los países uniformemente”. Entonces, para cumplir, se va a “descumplir” por lo menos dos planes quinquenales de desarrollo productivo del país, porque una cosa traba la otra.

Eduardo Lucita Integrante del colectivo Economistas de Izquierda (EDI) en un reciente trabajo sobre la Deuda “Los plazos para el pago la deuda”, señala que (…) “el economista Walter Graziano hace un cálculo de los reembolsos de capital en un plazo de 10 años. Como hay cuatro años de gracia se empezarían a pagar en 2025 hasta el 2030. La suma de la deuda con el FMI más los bonos de la deuda privada que vencen en ese período arroja 72.000 millones de dólares, lo que da un promedio de pagos de 12.000 millones por año. La conclusión de Graciano coincide con la de Cristina Fernández de Kirchner, no se puede hacer frente a esos desembolsos. Y concluye que si el FMI acordó un crédito de 57.000 millones que más que duplicó la cuota del país para contraer deudas con el organismo, es más que razonable que también se duplique el plazo de un Facilidades Extendidas llevándolo a 20 años”.

“Ahora bien, con prescindencia de que 20 años es un plazo suficientemente extenso como para que “pasen cosas”, hemos hecho el ejercicio para un plan a dos décadas tomando los vencimientos de la deuda privada hasta el 2041 y estirando hasta ese plazo la deuda con el FMI. El total nos da un promedio de pagos de 7000 millones por año. Conviene señalar que ambos cálculos, a 10 y 20 años, no computan intereses, deuda con el Club de París y pagos a otros organismos”.

“Sea a 10 o 20 años las obligaciones a las que se comprometería el país, sin por ahora tener en cuenta los condicionamientos que impondría el Fondo (que suelen ser más importantes que los montos a vencer que siempre se pueden renegociar), son excesivas para una economía tan maltrecha como la nuestra. El planteo del ministro Guzmán parte del supuesto que en 2025 ya se habrá “normalizado” la economía y el país estaría en condiciones de volver a los llamados mercados voluntarios de crédito, al menos para refinanciar la deuda privada. Esta refinanciación, más el Facilidades Extendidas con el Fondo, volvería a modificar el perfil de la deuda pero ¿a qué plazos? (no creo demasiado extensos), ¿a qué costo? (si se redujera el riesgo país a 600 puntos básicos, lo que no es poco, lo más probable es que todo nuevo bono se colocará a una tasa no menor al 7-8%) Si así fuera ¿cuánto tendría que crecer el PBI para generar los excedentes necesarios para pagar a los diversos vencimientos? ¿Cuánto debiera ser el superávit de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos para obtener las divisas que el BCRA debiera comprar?”.

“Cualquiera de las alternativas en juego es muy gravosa y perpetuaría sin final a la vista el sistema de endeudamiento. El país tendría dificultades económicas por muchos años y seguiremos sometidos a los dictados del capital financiero internacional que nos limitan para desarrollar las fuerzas productivas y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos”.

La pandemia puso patas para arriba y cambió bruscamente las economías de los países a nivel mundial. Si antes habíamos vivido la crisis mundial del 2008, la actual hundió la economía y las relaciones sociales solo comparable con la crisis de 1930 del siglo pasado, sino más aún.

Este escenario impuso la oportunidad de desconocer la deuda fraudulenta, investigar y volcar ese dinero a la reconstrucción de la economíay comenzar el camino del cambio de matriz productiva. Pero se impuso una dinámica y una línea de trabajo plasmada desde el inicio en la vinculación del mejor alumno, Martín Guzmán, con su maestro Joseph Stiglitz, economista estrella en EEUU, llevando adelante una línea de trabajo que consistió en llegar a un acuerdo con el FMI, aún reconociendo la ilegalidad y estafa de la Deuda. Esta línea no se modificó aún con una catástrofe humanitaria y económica que no conoció la historia reciente.

Entonces si los resultados de esa catástrofes y las políticas neoliberales es la pobreza extrema y el derrumbe de la economía, no puede ser un “orgullo” el de “hacernos cargos” de las deudas que otros tomaron…porque más que “sacar pecho” entraríamos en la categoría de tontos y tontas o cómplices de esos desfalcos, donde los “vivos” son los que nos endeudan porque saben que vienen “lxs orgullosxs” que ponen el pecho y pagan. Orgullosos estaremos si nos atrevemos a plantarnos frente a un escenario de pandemia y pobreza creciente y siendo coherentes con la denuncia en la justicia contra Macri y sus funcionarios por “defraudación por administración infiel agravada por ser cometida en perjuicio de la administración pública y malversación de caudales públicos”, suspendemos los pagos del producto de esa estafa que no es otro que el préstamo fugado del FMI. “Lo que es ilegal es inmoral”.

POR ESTE RUMBO SEGUIRÁ LA POBREZA

¿Hay luz al final del túnel?, si, claro que la hay, pero hay que crearla y para eso hay que tomar medidas que garanticen un rumbo popular. Y esto significa que hay que ir sobre los que generan pobreza, sostienen y se benefician del actual modelo económico y social. No hay medias tintas, no hay “camino del medio”. La crisis y la pandemia golpean en la cara de un país sumergido en 42% de pobreza. Hay que preparar al pueblo en la transición para ese gran desafío que no es otro que recoger las mejores políticas de los gobiernos como el del peronismo del ‘45 al ‘55 o las mejores políticas de la década del kirchnerismo donde se recuperaron derechos del pueblo.

Debemos “pasar en limpio” deberes en borrador y aprender de los errores del pasado. Pero hay que animarse! Porque una de las duras enseñanzas de este año y medio de gobierno del FDT es que la reacción está activa y con cada vacilación o retroceso, ellos avanzan. Con cada política que recupera derechos, el pueblo se une y ellos retroceden, no hay término medio.

Hay que empoderar al pueblo! hasta el propio FMI y otros países del mundo como EEUU se plantean “aumentar los impuestos progresivos a los que más tienen, para poder subir el gasto, y así achicar las brechas de ingresos, ampliadas durante la pandemia. ‘El objetivo es proteger a los vulnerables’, pero también preservar la estabilidad social, debido a que el aumento de la desigualdad podría derivar en un fuerte malestar social” (Ultimo análisis del FMI). Así los organismos financieros internacionales y las metrópolis imperialistas “abren el paraguas” frente a la debacle económico-social, y antes que los levantamientos populares de “los sin nada”, “derrumben las puertas de sus palacios”.

Debemos aprovechar este “viento de cola” para ir sobre los que se han enriquecido con la crisis del macrismo y aun lo hacen en plena pandemia. Un camino a la inversa de lo que hace la AFIP, con el “plan de facilidades” para el ínfimo grupo de oligarcas que deben pagar el Aporte Solidario y Extraordinario”.

La urgencia de la pandemia, la pobreza y el amplio contingente de trabajadores como lxs vitivinícolas en Mendoza, las docentes, estatales, organizaciones sociales y ciudadanxs contra la mega mineria, exigen medidas concretas que resuelvan las urgencias pero que también marquen un cambio de rumbo hacia una matriz productiva que baje la pobreza, garantice empleo, desarrolle las Pymes mirando al mercado interno, soberanía alimentaria y acceso inmediato de tierra para quien la trabaja.

ESTA DURA REALIDAD IMPONE UNIRSE Y LUCHAR POR UN RUMBO POPULAR ECONÓMICO Y SOCIAL

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