¿Hacer optativas todas las vacunas?

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Por Pablo C.(*)

Recientemente, la diputada de Cambiemos Paula Urroz presentó un proyecto para terminar con la obligatoriedad de la vacunación en niños y adultos. Semejante propuesta fue rechazada por amplios sectores de la sociedad, lo que hizo que hasta los propios dirigentes de Cambiemos se despegaran y dejaran sola a esta diputada, por lo que probablemente el proyecto no prospere.

Sin embargo, se reactivó un debate sobre la necesidad de las vacunas, sus efectos adversos y la necesidad o no de que sea obligatoria. La Sociedad Argentina de Infectología publicó un comunicado donde afirma con total certeza que “la vacunación, luego de la potabilización del agua, es el hito sanitario que más vidas ha salvado en el mundo a lo largo de la historia de la humanidad”.

Desde que se comenzó a utilizar en forma masiva la vacunación a finales del siglo XIX en Inglaterra hasta nuestros días, ha habido los llamados movimientos antivacunas. Los argumentos utilizados fueron principalmente cuestiones religiosas y la vulnerabilidad de derechos. Estos movimientos volvieron a florecer a finales de la década de 1990, luego de que un trabajo del británico Andrew Wakefield alertara sobre la asociación entre la vacunación con la triple viral (sarampion, rubeola y paperas) y el autismo. Tiempo después, ese trabajo fue retirado de la revista The Lancet donde había sido publicado, tras comprobarse que los datos habían sido falseados y que el autor no había informado su conflicto de interés: había sido financiado por abogados que impulsaban juicios contra laboratorios productores de vacunas. Luego de semejante papelón, han aparecido múltiples trabajos y revisiones sistemáticas que no han encontrado relación alguna entre esta vacuna y el autismo.

A pesar de esto, los movimientos antivacunas son importantes en EEUU y algunos países de Europa. Los argumentos esgrimidos a veces aparecen como “antisistema” o “contra el negocio de los laboratorios”. Sin embargo, la “lucha” de estos movimientos se enfoca principalmente en la obligatoriedad de la vacunación. Manifiestan que el estado no debe obligar a las personas a vacunarse ni a vacunar a sus hijos; que eso afecta la libertad (individual). Pero su enfoque en definitiva no tiene nada de “progre” ni antisistema, sino que es simplemente liberal. Esto es lo que expresa el proyecto de ley de esta diputada de Cambiemos. El primer artículo menciona que “quienes sean pasibles de vacunación obligatoria u opcional y quienes sean responsables por la vacuna que reciba un menor a su cargo deberán recibir previamente una información fehaciente acerca de los riesgos de la inoculación de la vacuna”. Y que, luego de recibir esta “información fehaciente”, pueden optar entre vacunarse o vacunar a sus menores a cargo, o no.

Las vacunas, como todo medicamento, pueden tener efectos adversos. Sin embargo, ha sido científicamente demostrado que los beneficios alcanzados superan ampliamente los riesgos. No sólo eso, también se ha evidenciado que cuando la tasa de vacunación en una población ha disminuido, han reaparecido enfermedades antes controladas y ha aumentado la tasa de mortalidad. Como ejemplos se destacan los recientes brotes de sarampión en Inglaterra y de sarampión y tos convulsa en Estados Unidos. Por esto, hay que alertar sobre los riesgos que tiene el no vacunarse para la sociedad. La vacunación no es un acto puramente individual, sino que tiene implicancias sociales importantes.

 (*) Médico