Maldonado 1: La comunidad mapuche y la clase terrateniente
La desaparición forzada de Santiago Maldonado hizo que se haga visible la lucha de las comunidades originarias, en este caso mapuches, reclamando su territorio. Son numerosos los asesinatos y vejámenes de mapuches, qom o wichis, entre otros, pero que son silenciados para los medios de comunicación. Estos hechos que sacan a la luz el terror que siembran las fuerzas represivas como la Gendarmería o las policías provinciales y “guardias blancas” al mando de terratenientes como Benetton contra estas comunidades.
Estos hechos abren para millones una realidad sumergida pero que late como es la estructura de un país dependiente y en franca disputa imperialista, donde la clase terrateniente existe como parásita de esa disputa. Hechos que dejan en evidencia que las tareas fundamentales de la etapa revolucionaria en que nos encontramos no son otras que las democráticas, que pone de manifiesto entre otras cuestiones que un puñado de terratenientes son dueños de la inmensa mayoría de la tierra, y las tareas antiimperialistas, ya el predominio de los monopolios imperialistas y sus lacayos internos traban todo desarrollo independiente del país.
En la región donde tuvo lugar la represión a las comunidades mapuches y donde desapareció Santiago Maldonado, hace casi 40 días, está un conjunto de estancias de Benetton como Leleque, Maitén, Montoso y Pilcañeu, que tiene 356 mil hectáreas (17 veces la Ciudad de Buenos Aires) de las 960 mil hectáreas que posee en el país.
Esto es solo un botón de muestra de la estructura terrateniente en nuestro país, donde se cobra por la renta de la tierra, donde se viola la Constitución en cuanto a los derechos reconocidos a las comunidades originarias como el artículo 75 inciso 17, que “(…) reconoce la preexistencia étnica y cultural, garantiza el respeto a su identidad, educación bilingüe e intercultural, personería jurídica de sus comunidades, posesión y propiedad de las tierras que tradicionalmente ocupanse (…)”, donde se destruye el medio ambiente por los monopolios que depredan las riquezas naturales dejándonos contaminación, enfermedades, miseria y muerte.
El gobierno y los medios de comunicación como Clarín y La Nación muestran su incomodidad cuando se hace de masas temas “tabú” como la propiedad de la tierra y la razón de los pueblos originarios. Porque también, esta realidad nuevamente saca a la luz la vigencia de la lucha por la liberación nacional y social, donde el pueblo con un Estado de nuevo tipo dirigido por los trabajadores podrá llevar adelante las tareas antiimperialistas y anti-terratenientes, y donde la nación mapuche podrá lograr su reconocimiento, al igual que los demás pueblos originarios.
Maldonado 2: El plan sistemático del miedo
La represión de la Gendarmería muestra por un lado la opresión cotidiana a las comunidades mapuches, y por otro el marco más general de represión, aprietes y temor que introduce el gobierno en diferentes acontecimientos y lugares del país. Mostrando una fuerza represiva “cebada” con la mano dura y operaciones de amedrentamiento en lugares de trabajo, escuelas, comunidades originarias y luchas opositoras.
La desaparición forzada de Santiago Maldonado se da en el marco de un plan sistemático de temor sobre el pueblo. No es que “a algún gendarme se le fue la mano”, como ensayan ahora desde el gobierno. Sino que la represión existió y esa desaparición fue en ese contexto.
Pero el plan tiene hechos reales, como los 15 allanamientos simultáneos en la Ciudad de Córdoba, donde se allanaron locales políticos y centros culturales. O la presencia de Gendarmería y policía en escuelas y colegios para apretar a docentes y alumnos. O los grupos parapoliciales que se denuncian en Lanús, que golpean a los jóvenes. Y llegando a la puesta en escena, luego de la marcha por Santiago Maldonado el viernes 1º, con grupos de servicios y policías de civil que iniciaron los disturbios para cambiar el eje de la marcha de más de 200 mil personas. Provocación que fracasó por la rápida movilización de los organismos de derechos humanos que denunciaron la complicidad de la Justicia, la infiltración, los maltratos y provocaciones de la policía.
Esto no exime la polémica con grupos anarquistas que, al transitar en la periferia o al margen de la organización de las movilizaciones y jornadas de lucha, son presas fáciles de la utilización de las fuerzas represivas y de inteligencia.
Maldonado 3: El gobierno perdió la iniciativa
La gigantesca movilización popular denunciando la desaparición forzada de Maldonado fue el factor clave para enredarle los cables a un gobierno que salió desde el principio a defender lo actuado por la Gendarmería. “Yo banco”, dijo Patricia Bullrich en el Congreso.
Es que una vez más –antes había ocurrido con el fallo del 2×1 de la Corte Suprema– el gobierno vuelve a fallar de manera sistemática en cuanto a la valoración popular de la dictadura fascista. No puede ir contra sus convicciones más profundas, donde sostiene a defensores de genocidas, como propio el Jefe de Gabinete de Bullrich, Pablo Noceti, a quien buscan desligar del operativo de la Gendarmería.
Así la movilización sin pausa, el papel de la familia y Madres de Plaza de Mayo, en particular Nora Cortiñas, lograron ir desbaratando una a una las pistas falsas hasta la del ADN en el cuchillo del puestero que hizo trizas la coartada principal del gobierno. Ahora, sin iniciativa, se vuelcan a la investigación tratando de ganar tiempo y salvar a la institución y la ministra Bullrich.
CFK, trató de utilizar el tema afirmando que “la Gendarmería que está hoy, es la misma que estaba hasta el 2015. ¿Qué cambio? ¡Cambió el gobierno que le daba órdenes! (…)”. Es verdad tanto como que fue el Ejecutivo de entonces el que ordenó el llamado Proyecto X, así como la represión en la Panamericana a Lear y otras luchas.
Sostener la lucha
La lucha por la aparición de Santiago Maldonado muestra que por este camino el gobierno y las clase dominantes retroceden o recalculan sus movimientos. Mientras capean el tornado Maldonado, buscan avanzar en la flexibilización laboral negociando con una CGT invertebrada y dividida que ya abandonó en su gran mayoría hasta sus ensayos de paro en el próximo confederal, como también abandonó el plan de lucha las organizaciones del llamado “trío San Cayetano” de la CETEP, Barrios de Pié y la CCC. Esta realidad apura los procesos de reagrupamientos en el movimiento obrero y popular que están dispuestos a empujar desde abajo la lucha y organización que supere a los dirigentes traidores del movimiento obrero con un peronismo dividido sin cabeza, que hoy expresa en sus cúpulas a las clases y sectores enemigos de los trabajadores que muchas veces usan la historia de ese movimiento para, como cantos de sirena, adormecer la bronca de miles de trabajadores.
Por eso trabajamos una gran unidad en la lucha que enfrente a Macri y sus aliados en el orden nacional y, como se afirmó en la primera reunión nacional de las organizaciones territoriales de la Corriente Clasista René Salamanca que se realizó en la Capital Federal el pasado 10 de septiembre, qué “El país que necesitamos para las presentes y próximas generaciones donde recuperemos para el pueblo la industria nacional, la independencia tecnológica, la tierra en manos extranjeras y en manos de la oligarquía nativa, los bancos, el petróleo, el gas, la bioenergía, los minerales y sus derivados que todos los días nos roban los monopolios, la flota marítima, los ferrocarriles, la aviación, la capacidad de defensa frente a las agresiones externas como la de los ingleses en Malvinas.
Un país donde desarrollemos los derechos a su tierra, su territorio y su cultura de las 37 nacionalidades que habitan este suelo. Donde recuperemos y desarrollemos los derechos sociales de los trabajadores sean nativos o extranjeros a una vida digna con trabajo, vivienda, salud, educación, deporte y esparcimiento.
Un país donde se desarrollen los derechos de las mujeres al trabajo en la producción social sin la esclavitud doméstica, a decidir sobre su cuerpo y su vida, a no ser objeto de consumo en camino a terminar con la discriminación, el maltrato, la violencia y los femicidios.
Un país donde ser niño sea sinónimo de felicidad y ser joven no sea sinónimo de vago, drogadicto o delincuente. Si no que sea una etapa de la vida donde tengamos el derecho a desarrollarnos en todas las dimensiones posibles para encarar la etapa adulta y construir con nuestro trabajo una sociedad que tenga en cuenta al prójimo.
Para este país que anhelamos, liberado de la opresión y la explotación, necesitamos una Corriente con un profundo contenido de clase, popular, de género, anti-oligárquico, nacional y antiimperialista”.









