Clandestino

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Un corto sobre los talleres textiles ilegales

El martilleo de las máquinas de coser es incesante. Lidia está cosiendo en una máquina. Es una de las tantas trabajadoras provenientes de Bolivia que caen en las redes de los talleres textiles clandestinos. Siente dolor, su rostro se llena de gotas de transpiración. Está embarazada, a punto de parir. Pero ni siquiera eso es motivo para detener las máquinas. El capataz no lo permite. Una compañera la mira con tristeza y complicidad. Lidia decide escapar, quiere que su bebé nazca en libertad…

La impactante escena es parte del cortometraje “Clandestino”, realizado por un grupo de estudiantes de Diseño de Imagen y Sonido de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la UBA. Desde Vamos! entrevistamos a dos de las integrantes del equipo: Sofía Rocha, directora, y Melani Rozin, en Dirección de Fotografía.

–¿Cómo fue que eligieron este tema?

Sofía: –En principio queríamos hacer algo que tuviera que ver con género, y salió esta idea de vincularlo también con el tema laboral y en particular el taller clandestino. En el equipo somos todas mujeres. Además, fue todo el período en el que había salido que Juliana Awada, la mujer de Macri, estaba involucrada en todo esto de los talleres clandestinos, y toda la lucha del Ni una menos.

Meli: –Nos basamos en historias que fuimos encontrando. En La Alameda hay entrevistas en las que cuentan que es re normal que tengan hijos adentro del taller, esta cuestión de no salir ni siquiera a comer, no ver la luz del día. Cosas muy turbias y que no se conocen. Es realmente trabajo esclavo. En La Alameda había casos en los que les pagaban 30 centavos por prenda, y esa misma prenda después se vendía a 100 pesos o más. Y todo eso se lo quedan los dueños de los talleres. De toda la indumentaria que se vende acá en Argentina, una enorme cantidad se hace con trabajo esclavo. Las grandes marcas o traen la ropa de la India o tienen talleres clandestinos. La policía lo sabe, el gobierno lo sabe, y los talleres están ahí.

S: –Y también hablamos con las mujeres de la Cooperativa Lucha y Trabajo, que son los que nos prestaron el lugar para filmar, que las conocimos en el Encuentro Nacional de Mujeres. Tuvimos entrevistas y nos contaron que algunas habían estado en talleres clandestinos y que todo esto era totalmente normal.

M: –Lo que hacen es un trabajo psicológico sobre la mente del inmigrante. Le hacen creer que ese es el único lugar en el que van a poder trabajar porque no tienen documentos, que ese es el único lugar en el que van a poder parir, porque en los hospitales las van a deportar. De hecho, muchas veces les retienen los documentos. Es una manipulación en todo sentido para terminar encerrándolas y que piensen que ahí están protegidas. Además, muchas veces los traen engañados paisanos de ellos prometiéndoles trabajo, y los tienen permanentemente endeudados para que no puedan salir.

S: –Claro, parece mentira que hoy con todo el discurso del capitalismo este formato siga existiendo. Pero en definitiva conviven distintas formas. Hoy también lo estamos viendo con todas las leyes de flexibilización. Como siempre, de donde sacan más guita es exprimiendo a los trabajadores hasta la última gota, y para eso usan cualquier formato.

–¿Cómo fue el trabajo en el equipo de producción?

S: – La metodología de trabajo que tenemos nosotras en particular, que a veces no se ve tanto en la Facultad, es un trabajo no jerárquico, donde se deciden las cosas colectivamente y luego hay división de roles. O sea que la dirección no es el vértice de la pirámide, sino más bien una coordinación general de todos los aspectos (sonido, fotografía, etc.), que están acordados de forma grupal en sus líneas generales y mantienen una relación coherente en la unidad audiovisual. Todo el rodaje y la posproducción fue muy fluido y estábamos todas felices, lo que no siempre pasa, y eso es porque trabajamos colectivamente y compartimos una visión común de qué queríamos.

M: –Todas ponemos el cuerpo, todas ponemos la plata, no es que hay un jefe que nos dice lo que tenemos que hacer. Fue un proyecto que nos apasionó a todas desde el principio y nos metimos todas a mil con eso porque nos sentimos identificadas.

–¿Qué difusión ha tenido el corto?

M: –El proyecto se dio en el marco de una materia de la universidad, Diseño II, pero nosotras teníamos bien claro que lo que estábamos haciendo no era para que se quede entre las cuatro paredes del aula. Realmente nos tocó muy de cerca. Primero por el hecho de ser mujeres y segundo por ser de la clase trabajadora, y nos comprometimos a terminarlo y hacerlo difundir. Proyección que hay, tratamos de meterlo.

S: –Hasta ahora quedamos seleccionadas en seis festivales y después hicimos proyecciones en distintos lados: en el pantallazo por la lucha del INCAA, en muestras de cortos dirigidos por mujeres y otros lugares. Y estamos arreglando con Lucha y Trabajo para hacer una proyección con ellos allá en el barrio y otra en la facultad y poder hacer una charla en la que vengan. También nos convocaron a proyectarlo en escuelas de Córdoba.

–¿Cómo es hacer cine independiente hoy?

S: –En cuanto al presupuesto nos manejamos todo a pulmón, con plata nuestra. Alquilamos algunas cosas como la cámara y las luces. Habremos gastado unas 40 lucas, que es poco. La protagonista y el capataz son actores, que igual nos cobraron re poco porque les interesó el proyecto, y hay otra parte que son integrantes de Lucha y Trabajo. Y además nos prestaron el lugar, al que fuimos dos fines de semana a filmar. Además con toda la situación del INCAA ahora está todo frenado, que no se sabe qué va a pasar. Las denuncias son que se hicieron muchas menos películas este año. Golpeó muchísimo.

M: –El cine independiente lamentablemente es así, atar todo con alambre. Es carísimo hacer cine. Tenés que poner todo tu sueldo en eso, o financiarte haciendo parrillas y distintas actividades.

S: –Lo que te lleva a hacerlo son las ganas de hacer cine y difundir mensajes, de mostrar contenidos y producir cultura.