La amplia y estratégica zona de Medio Oriente y el Golfo Pérsico se bambolea nuevamente al borde de una guerra de consecuencias impredecibles. Decenas de miles de personas marcharon el viernes 3 de enero y cientos de miles manifestaron el lunes 6 en las calles de Teherán y otras ciudades iraníes clamando venganza contra EEUU e Israel por el bestial asesinato del general Qasem Soleimani, comandante de las Fuerzas Quds −el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica−, cometido en la capital iraquí Bagdad por el imperialismo norteamericano por orden del presidente yanqui Donald Trump.
Pretextando la muerte de un ciudadano norteamericano en un ataque por milicias pro-iraníes en el norte de Irak, un dron (avión sin tripulación comandado a distancia) estadounidense bombardeó en la madrugada del viernes 3 el aeropuerto internacional de Bagdad, matando a Soleimani junto a Abu Mahdi al-Muhandis, 2º jefe de las Unidades de Movilización Popular (UMP), milicias iraquíes, islámicas chiítas como las de Irán y que sostienen al gobierno de Bagdad.

Tropas de ocupación en Irak, objetivo estratégico Irán
Irak permanece ocupado de hecho por tropas yanquis desde la invasión estadounidense de 2003. Con los años, los sucesivos gobiernos de Washington y aliados europeos mantuvieron su dominio del país aunque le dieron una ficción de institucionalidad y de gobierno propio. Sin embargo, la necesidad de un amplio frente internacional que respaldara a las fuerzas militares norteamericanas y milicias aliadas contra la rápida escalada militar de la organización «Estado Islámico» (que no es chiíta sino sunita y que muy rápidamente se apropió de vastos territorios en Irak y Siria), obligó a los yanquis a aflojar su control geopolítico de la zona, y por la brecha avanzó en Irak un gobierno nacionalista chiíta aliado de Irán, donde impera un régimen también chiíta surgido de la revolución islámica que en 1979 derrocó al Sha pro-yanqui Reza Pahlevi e impuso un régimen teocrático encabezado por el ayatollah Jomeini a quien, tras su muerte 10 años más tarde, sucedió el ayatollah Alí Jamenei.
El ataque norteamericano golpeó también a la cúpula de las fuerzas militares iraquíes, y por eso el Parlamento de Irak, pese a la casi absoluta dependencia económica y militar de EEUU, exigió el retiro inmediato de las fuerzas extranjeras, incluidos los 5.000 soldados norteamericanos, la anulación del acuerdo de colaboración con la coalición internacional contra Estado Islámico, y la prohibición a todos esos estados de «utilizar por cualquier motivo su territorio, aguas o espacio aéreo». También reclamó al gobierno iraquí presidido por Barham Salih «que presente en el Consejo de Seguridad de la ONU una denuncia contra EEUU por la peligrosa violación de la soberanía y la seguridad de Irak».
La decisión de la asamblea legislativa iraquí despoja a las fuerzas militares norteamericanas del disfraz de la «coalición antiterrorista» y las desnuda como simples tropas imperialistas de ocupación. La declaración del Congreso iraquí da a entender que la intervención militar de los Estados Unidos allí ya no es necesaria; pero, igual que en 2003, con seguridad los capomafia imperialistas de Washington ya deben estar preparando alguna provocación enmascarada de «ataque terrorista» que «demuestre» que su presencia militar en Irak es indispensable. Especialmente porque el nuevo crimen de Trump puede volver a precipitar un frente muy amplio de países árabes contra Israel, especie de portaaviones estratégico yanqui en la región.
¿Pendiente hacia una guerra frontal?
El bombardeo de Trump fue el corolario de una serie de provocaciones yanquis y respuestas iraníes que revelan, por un lado, la profunda preocupación de los capos imperialistas de Washington por el retroceso estratégico que vienen experimentando, en un área que contiene las principales reservas petroleras del planeta, a manos de gobiernos nacionalistas (casi todos ellos fuertemente asentados en la identidad religiosa islámica) y de la profunda penetración económica y política de los rivales de EEUU en la región, China y Rusia; y por el otro, también revelan la firme decisión de los pueblos de Irán e Irak −pese a la guerra que los enfrentó durante casi toda la década de 1980− de resistir la prepotencia y opresión imperialista de EEUU.
En principio, con todo derecho los dirigentes iraníes, que siempre defendieron los fines científicos de su programa de investigación atómica, ya anunciaron el 5 de enero el fin de las restricciones a su producción de uranio pactadas en el acuerdo nuclear de 2015. «El programa nuclear de Irán −declararon− eliminará todas las restricciones de su producción de uranio, incluyendo el porcentaje de enriquecimiento y la cantidad de uranio enriquecido, así como las cortapisas a su investigación y desarrollo». Además, en el mismo comunicado Teherán reiteró sus compromisos con la Agencia Internacional de la Energía Atómica y prometió volver a cumplir los términos del acuerdo nuclear en cuanto EEUU retire todas las sanciones vigentes.
Las tensiones entre Irán y Estados Unidos están en su punto más alto en años. Trump ya había abandonado a mediados de 2018 el acuerdo nuclear firmado en 2015 con Irán y otros 5 países; ahora prácticamente lo hizo trizas. El yanqui impuso sanciones a Teherán para estrangular la economía iraní y en mayo de 2019 desplegó en la región un portaaviones, una batería antimisiles y cuatro bombarderos. El último 29 de diciembre las tensiones entre Washington y Teherán aumentaron por el ataque estadounidense contra batallones de las milicias iraquíes (Unidades de Movilización Popular), donde murieron 25 de sus hombres y más de 50 resultaron heridos. En respuesta, el 31 de diciembre milicianos de las UMP atacaron la embajada norteamericana en Bagdad, logrando incendiar una parte de los edificios.
Un «mensaje» de Trump que augura devoluciones
El general Soleimani era el encargado de las operaciones de los Guardianes de la Revolución fuera de Irán y participó en acciones militares sobre el terreno en Siria y en Irak, supervisando a las milicias respaldadas por Teherán en esos países. Fue el militar más importante de Irán durante dos décadas. Gozaba de gran prestigio entre el pueblo iraní.
Una pregunta recorre el mundo: ¿qué especulación volcó la decisión de Trump para dar en este momento −y no antes− un golpe que puede desequilibrar las relaciones de ese imperialismo no sólo con Irán sino con gran parte de los países árabes, con otros imperialismos rivales −especialmente con China de la que Irán es importante proveedor de petróleo− y aún con sus aliados europeos?
Trump venía reduciendo la intervención militar de EEUU en el Medio Oriente. No sólo por las limitaciones estratégicas que le imponía el relativo debilitamiento financiero del poderío yanqui, sino porque los monopolios petroleros norteamericanos habían empezado a virar su interés hacia el petróleo obtenido por «fracking» en otros lugares del mundo.
Es posible que, aún en la cortedad intelectual que lo caracteriza y que puede haberlo llevado a despreciar los riesgos de una guerra generalizada que podría no poder ganar, haya pensado que en el río revuelto se exacerbaría el nacionalismo imperialista estadounidense y eso podría diluir el riesgo del impeachment (juicio político) que los demócratas vienen impulsando contra él en el Congreso por las sospechas de intervención rusa en el proceso electoral en el que Trump salió electo en 2017. A la vez una guerra ganada fortalecería su «prestigio» para la nueva campaña electoral que se avecina. Los ingenuos podrían considerar un delirio que se desencadene una guerra y se provoquen miles de muertos para cimentar la campaña electoral de un líder imperialista, pero de hecho lo mismo hizo el demócrata Bill Clinton en 1998 para zafar del juicio por el caso Mónica Lewinsky.
Si Trump decidió matar al general Soleimani en apoyo de su campaña electoral, ahora debe temer las consecuencias de muertos estadounidenses en el mismo año electoral, particularmente si lo son en territorio propio de EEUU.
Más allá de otras causas, el «mensaje» de Trump fue mucho más lejos que a Irán. Mostró que los intereses estratégicos de Washington en el Medio Oriente incluyen mucho más que petróleo, y que la burguesía yanqui se dispone a defender palmo a palmo −incluso con los armamentos más sofisticados, que para eso los fabrican− todos sus «patios traseros» frente a la influencia cada vez mayor de rivales como Rusia y China.


¿Pendiente hacia una guerra frontal?
Un «mensaje» de Trump que augura devoluciones







