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Optimismo ajustador

El coloquio de IDEA mostró el beneplácito de monopolios, bancos y terratenientes con el rumbo económico del gobierno. Una alegría que se sostiene con el agravamiento de la situación social y laboral.

Según una encuesta entre los empresarios en el Coloquio de IDEA difundida por el diario La Capital, “ocho de cada diez ven un buen 2017. La última vez que se registró ese nivel de esperanza fue cuando gobernaba De la Rúa”.

El coloquio de IDEA, evento que reúne a los dueños de la Argentina, ceo’s de monopolios, banqueros, funcionarios, políticos y economistas que los representan mostraban su acuerdo y preocupación con el rumbo económico y mucho optimismo con las perspectivas para el 2017. “Pico de optimismo empresarial en IDEA”, describía el diario oligárquico La Nación. Si bien se sostienen los desafíos por parte de los empresarios en cuanto a la baja de impuestos y flexibilidad laboral entre otros temas de mayor preocupación.

Los economistas coincidieron en el coloquio en que la inversión debería subir del 16% al 32% del PBI y eso se ve muy difícil en horizonte cercano. El acuerdo con los fondos buitres le permite endeudase a elevadas tasas al gobierno nacional y los gobiernos provinciales, ante la falta de “inversiones” rompiendo record de endeudamiento en menos de un año, que ya se aproximan a los 50.000 millones de dólares.

Estos mismos economistas registran que el financiamiento externo comienza a “espiralizarse” y casi todas las semanas se conocen nuevas colocaciones de deuda por parte del Estado nacional, provincias y empresas. “Nadie quiere tener déficit, ni sobrendeudameinto, ni aumento de impuestos. Pero hay que elegir uno de ellos”, sostuvo Levy Yeyati, presidente del Consejo de la Producción. “Vamos a iniciar una carrera de subir cinco puntos de PIB de deuda por año. Los primeros dos años no preocupan pero cuando supera el 25% la historia muestra de que es para preocuparse”, señaló Bein, ex asesor del candidato presidencial Daniel Scioli (Página/12).

Los monopolios mantienen a resguardo su tasa de ganancia mediante las suspensiones o vacaciones anticipadas al 70% o menos como en Arcor (400 trabajadores) o Drean (1.500 trabajadores), ni que hablar con la exenciones de impuestos como las que se acaban de anunciar para la importación de notebook que implicaría una pérdida de alrededor de 6.000 puestos de trabajo en las ensambladoras en nuestro país.

El propio INDEC difundió oficialmente que en el primer semestre del año se destruyeron 118.079 empleos y desaparecieron 6.129 empresas privadas. Estos datos (que contemplan sólo los empleos registrados por lo que se habla de 160.000 despidos) muestran que el ajuste lo padecen los trabajadores, ya que con menor mano de obra las empresas buscarán mantener la misma producción en lo inmediato o si se reactiva la economía como vaticinan, mostrando lo que el gobierno viene pregonando con la reducción del costo laboral –en este caso con mayor explotación–. Junto con esto, las pequeñas y medianas industrias son también castigadas y los que se benefician son los monopolios ya que terminan de controlar ramas enteras de bienes de la industria.

La mayoría de las empresas se stockearon el año pasado porque sabían que venía el plan de ajuste. El propio ministro de Producción, Francisco Cabrera, se sinceró al decir que “de una noticia negativa [“las suspensiones”, NR] yo tengo una interpretación positiva: entre la sobreproducción del año pasado [“stock”, NR] para aprovechar el tipo de cambio bajo, y la recesión de estos meses (…)”.

La tregua y la unidad contra el ajuste

El panorama económico se traduce en acciones políticas y es el trasfondo de los acuerdos entre la CGT y el gobierno. Por la escasez del ofrecimiento (una burla para los jubilados que deberán pasar navidad, año nuevo y vacaciones con 1000 pesos por única vez o los privados con bonos en promedio de 2000 pesos y nada para los estatales), el acuerdo obedece a uno de gobernabilidad en términos políticos más que a uno económico.

Pero en este marco y si le dan ventaja buscan avanzar sobre los trabajadores. En tal sentido, Mauricio Macri sostuvo en el coloquio de IDEA su obsesión por la productividad, que pone la marca indeleble del verdadero objetivo del decreto que “llama al diálogo para la producción y el trabajo”: tratar de negociar sueldos por productividad en acuerdo con los empresarios para tratar de llegar a algún acuerdo con la CGT sobre la base de la Ley de Empleo 24.013 que apunta a “la reconversión para mejorar la productividad”.

Ya trascendió que desde las cámaras empresarias presionarán para que se reintroduzca un sistema de premios que ate una parte del salario a índices variables, como la producción y la puntualidad. Son ítems que se extendieron en la industria en los años ‘90 y que ahora los empresarios quieren profundizar.

La fórmula oficial para forzar a los gremios a discutir estas cuestiones es la de asociar los reclamos salariales con los problemas de empleo como ya se evidenció en los últimos años del kirchnerismo.

El gobierno sigue prometiendo la reactivación para el año que viene mientras gana tiempo y avanza con su plan de ajuste, endeudamiento y emisión como manera de contener el déficit fiscal. El conjunto de las clases dominantes cierran filas junto al gobierno y lo harán correr con los gastos en un fin de año con consecuencias inciertas, sobre todo en los sectores más castigados donde el hambre ha dado saltos.

El gobierno dice combatir el narcotráfico. Pero para los narcotraficantes la desocupación, el avance de la pobreza y la desesperanza en los jóvenes es la panacea para arraigar y hacerse fuerte. Entonces, comenzar el gobierno otorgando grandes concesiones como la eliminación de retenciones a los terratenientes, monopolios y banqueros, producir más de 150 mil desocupados y 1 millón 300 mil nuevos pobres es una manera de ser responsables y es una olla a presión que no siempre se puede controlar.

La tregua de la CGT no es otra cosa que un acuerdo en las cúpulas de los que controlan el Estado, donde son parte los jerarcas sindicales. La propia Iglesia salió a jugar activamente para parar el paro casi inminente empujado por la situación de masas. Es que tanto la cúpula de la Iglesia como el gobierno y sectores de la oposición, en particular el massismo, no se pueden dar el lujo de jaquear al gobierno políticamente teniendo tres antecedentes muy críticos que podían marcar un punto de inflexión en la situación política: como fue el propio acto de la CGT el 1° de Mayo, la masividad de la Marcha Federal y la imponente e histórica movilización de más de 70 mil mujeres al 31º Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario (ver página central), tiñéndolo de gran combatividad opositora al gobierno nacional, los gobiernos ajustadores y el papel de la Iglesia católica en el Estado patriarcal.

Como contraposición la CGT va acompasando en consonancia con el gobierno y teniendo en cuenta que todavía éste cuenta con un plafón frente a la incertidumbre de la economía y la gran ayuda de la obscena corrupción del kirchnerismo. Así van poniendo proa a las elecciones y para el armando de nuevos reagrupamientos políticos donde el propio Papa y el Vaticano se han transformado en Perón y “Puerta de Hierro”, donde desfilan sectores del peronismo.
Esta situación de tregua por arriba debe encontrar la tormenta por abajo. Tormenta de lucha que una el repudio a la política de entrega de nuestras áreas estratégicas como nuestras Malvinas y nuestro petróleo, que solo logran darle más aire al guerrerismo británico, con el rechazo a los tarifazos, los despidos, la represión y el repudio en las calles a los femicidios y la violencia hacia las mujeres.

Tormenta que pueda unir a vastos sectores que de una u otra manera vienen luchando. Hay que hacerle mella a la política del gobierno nacional y los gobiernos provinciales, para abrir una brecha por donde los trabajadores y el pueblo con su lucha puedan ir ganando el centro de la escena de la contraofensiva popular y arruinarles la “revolución de la alegría” de los monopolios, terratenientes y bancos.

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