La lucha de la docencia fueguina como una muestra de que se puede disputar otro futuro.
A finales de 2020, en plena pandemia, Álvaro García Linera, militante revolucionario y ex vicepresidente de Bolivia, presentó una reflexión sobre el momento histórico mundial.
La pandemia era o fue para él la evidencia, y apenas una muestra, de la crisis sanitaria internacional, pero que se encuentra acompañada de la crisis ecológica ambiental y la superposición de crisis económicas superestructurales, de esta forma plantea que todo esto genera una crisis de sentido en la que algunas de las certezas que habían organizado las expectativas de las sociedades durante las últimas décadas pasen al plano de la incertidumbre.
En particular entra en crisis la idea de que la globalización, la apertura de los mercados y las políticas liberales constituían un camino prácticamente inevitable hacia el futuro y sobre la cual se organiza la vida social. García Linera, tomando a Marx, cuando se refiere al “espíritu de la época” cómo el ambiente de expectativas que caracterizaba a la sociedad en un tiempo histórico, y al antropólogo V. Turner que propuso el concepto de liminalidad para dar cuenta de esos singulares momentos de vaciamiento de sentido del destino de las personas, denomina a este momento tiempo histórico liminal, un período de transición en el que el orden anterior todavía no desapareció, pero perdió buena parte de su capacidad para ofrecer un horizonte de futuro, mientras el nuevo orden todavía no termina de aparecer.
Podemos interpretar que el período de gobiernos progresistas en América del sur que cuestionaron algunos aspectos del orden neoliberal, en distinta medida en cada caso, es parte o está dentro de ese tiempo liminal. La pandemia no fue el ingreso a esa crisis, sino que la hizo visible, incluso saliendo los Estados Nacionales del mundo con distintos niveles de proteccionismo a salvar el sostenimiento del mercado y en algunos casos con medidas innovadoras cómo impuestos a las grandes fortunas.

Pero esas experiencias progresistas tampoco terminaron de construir un horizonte histórico de nueva subjetividad. Eso es importante porque justamente Linera plantea que frente a esta crisis de subjetividad histórica se presenta un escenario de posible disputa del sentido, quienes la imponen siempre son quienes detentan el poder fáctico, al entrar en crisis la hegemonía por imponerla aparece la posibilidad de ser disputada.
Además Linera hace una comparación entre el tiempo revolucionario, donde los acontecimientos se atropellan unos a otros y lo que debiera pasar en un largo período de tiempo pasa cómo de golpe y una circunstancia va desencadenando nuevos acontecimientos de un momento a otro de manera intempestiva, en cambio en este tiempo liminal los acontecimientos están ahí pero no terminan de llegar, vamos cada vez viendo con más claridad cómo se termina pero al mismo tiempo no se completa en su totalidad el ciclo y está ahí siempre a punto de cerrarse. Por esto justamente es la sensación de incertidumbre que se instala cada vez más en las masas, ver que esta por suceder mientras no sucede ¿y cuando pase qué?
El planteo de García Linera sostiene que el agotamiento del orden anterior no determina de antemano que será reemplazado ni porque, por eso en el tiempo liminal hay disputa, en ella pueden aparecer proyectos muy diferentes, desde intentos de recomponer el orden liberal bajo nuevas formas hasta proyectos que busquen construir otro horizonte social y político.
García Linera advertía ya en 2020 sobre la posibilidad de que las respuestas a la crisis del neoliberalismo adquirieran rasgos cada vez más autoritarios y fascistoides. Mirado desde 2026, aquella observación resulta particularmente sugerente observando algunos líderes fascistas en los gobiernos, pero también de movimientos fascistas o neo fascistas que hace décadas no se veían en el mundo, derechas que combinan la defensa de políticas económicas liberales o neoliberales con discursos nacionalistas, autoritarios, xenófobos o discriminatorios cómo lo expresa Milei en nuestro país. No se trata simplemente del regreso de las viejas derechas liberales, sino de una posible transformación de las formas políticas mediante las cuales se intenta reconstruir un orden que ha perdido parte de su capacidad para organizar las expectativas sociales.
Pero si el tiempo liminal es un periodo de disputa por el futuro, la cuestión no puede reducirse a observar qué hacen las fuerzas que intentan reconstruir el orden anterior. También es necesario preguntarse qué subjetividades políticas pueden disputar ese espacio y qué expectativas acerca del futuro somos capaces de construir.
En este punto aparece una experiencia concreta que me permite formular una hipótesis dentro del propio planteo de García Linera, el conflicto reciente protagonizado por las y los trabajadores de la educación de Tierra del Fuego y su sindicato, el SUTEF en este 2026.
El conflicto se extendió durante más de cuarenta y cinco días e implicó paro, movilizaciones y acampes. Pero lo particularmente significativo para esta discusión no fue solamente su duración ni su resultado salarial, sino la forma de organización: delegados por escuela, asambleas en cada establecimiento y congresos de delegados, donde las decisiones fueron discutidas y mandatadas. Un proceso desde las masas, hacia las masas. Esa estructura permitió sostener la masividad del conflicto y construir una fuerza capaz de obtener no solamente una respuesta en términos salarial, sino también un triunfo político. El gobiernos provincial debió reconocer la existencia de una crisis educativa a través de la firma de un decreto que declara la emergencia salarial docente y abrir la discusión sobre cuestiones que los propios trabajadores organizados venían planteando, entre ellas el financiamiento de la educación en la provincia, durante los próximos meses los ministerios de educación y economía deberán elaborar informes técnicos sobre la evolución del poder adquisitivo de los docentes y los distintos componentes de sus remuneraciones y realizar adecuaciones presupuestarias e instrumentarlas, abriendo así un nuevo momento que pone a los trabajadores en la mesa de discusión sobre cómo se va a financiar la educación en la provincia.
La experiencia permite entonces pensar algo que encaja directamente con la problemática del tiempo liminal: la disputa por el futuro también es una disputa por la subjetividad política. Una forma de organización no solamente permite alcanzar determinados objetivos. También produce una determinada idea acerca de lo que los sujetos pueden hacer colectivamente.
Las asambleas, los delegados y los congresos no son únicamente mecanismos para organizar un conflicto. Construyen una experiencia concreta de participación y de doble poder. Permiten que quienes participan de una lucha dejen de pensarse solamente cómo destinatarios de decisiones tomadas por otros y se reconozcan cómo sujetos capaces de discutir, decidir y transformar las condiciones en las que viven, transformando objetivamente la realidad.
Si el tiempo liminal es un período en el que todavía no está definido el horizonte histórico y está en disputa la expectativa social acerca de qué futuro resultará posible, puede imponerse una expectativa de reconstrucción del orden liberal, incluso bajo formas cada vez más autoritarias, puede imponerse también la recuperación de un horizonte progresista basado en la ampliación de derechos, o incluso puede imponerse la idea de que la transformación social debe canalizarse fundamentalmente a través de la competencia electoral teniendo cada sector su lugar.
Pero, frente a esas posibilidades ya probadas, también puede desarrollarse otra subjetividad, una que surja de experiencias concretas de organización, donde las mayorías comprueben en la práctica su propia capacidad para intervenir sobre las condiciones sociales y políticas que las afectan. Quizá la experiencia y forma de organización que nos muestran desde el sur del mundo los compañeros de Tierra del Fuego, adquiera importancia cómo una subjetividad que también entre en la discusión del tiempo liminal con la perspectiva de lograr desarrollarse y extenderse, ya que en palabras de Linera: “las propuestas de nuevos horizontes predictivos que emergen en el seno de las clases plebeyas tienen la probabilidad extraordinaria de ponerse a prueba ante la emergente disponibilidad social a adoptar nuevos esquemas cognitivos” y así quizá la salida de este tiempo liminal, y sin pretender ser esquemático, permita la construcción de un nuevo tiempo revolucionario, donde se ponga en discusión todo y se construya otro statu quo social en pos de las amplias mayorías.
Lenin ya planteaba que el capitalismo en su fase superior imperialista entra en un estado de putrefacción. Esta pareciera estar hoy en un momento extremadamente alto, en un mundo caotizado e incierto, atravesado por un tiempo histórico liminal, atravesado por una descarnada lucha de clases, producto de la extrema concentración de capital, cada vez más descarada pero también desgastada, a la par de tragedias ambientales, guerras y hambrunas extendidas. Así es que puede disputarse una perspectiva de futuro revolucionario que dé paso a un proceso de liberación nacional y social. En ese sentido, la forma de organización y lucha de los docentes de Tierra del Fuego, que recuerda a los delegados organizados en las fábricas que marcó la década del ’70 o incluso a los métodos de los soviets rusos, pero que, en otro sentido, también son los métodos de los trabajadores aceiteros de hoy, son una luz de esperanza que es necesario conocer, transmitir y abrazar, para quienes creemos que otra subjetividad es posible; con la certeza de que la salida es revolucionaria.
Martin Zarate
Comunismo Revolucionario
Partido Marxista Leninista Maoísta
Movimiento Popular Liberación




















