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Acerca del Manifiesto del PTS, aporte para el debate

¡VIVA LA LUCHA DEL PUEBLO!

Recientemente el Partido de los trabajadores socialistas (PTS) elaboro un manifiesto sobre la situación político internacional y nacional y el que hacer con eje en la construcción de comités de apoyo a Miriam Bregman para la creación de un “fuerza política de la nueva clase obrera” como alternativa, todo esto propuesto por fuera de su frente electoral FITU que comparte con el PO, IS y el MST.

La guerra interimperialista

En principio coincido con el diagnóstico general que realiza el PTS acerca del carácter irracional del capitalismo, la concentración de la riqueza en pocas manos, la destrucción ambiental y el papel del imperialismo en las guerras y las migraciones forzadas. Sin embargo, considero que el planteo resulta insuficiente para comprender la dinámica actual del sistema mundial.

La situación internacional no puede explicarse únicamente como la acción de un imperialismo contra los pueblos del mundo. Asistimos a un proceso de creciente disputa entre potencias por la hegemonía. La pérdida de la posición de dominio absoluto e indiscutido que Estados Unidos ejerció tras la caída de la Unión Soviética ha abierto una etapa de mayores tensiones internacionales y de desarrollo de conflictos entre bloques de poder.

Desde esta perspectiva, las guerras actuales expresan enfrentamientos Interimperialistas por mercados, bienes comunes naturales, áreas de influencia y control geopolítico. Como ocurrió en otros momentos de la historia del capitalismo, las grandes potencias imperialistas, no solo explotan a sus trabajadorxs, sino que buscan abaratar esos costos explotando la mano de obra en otras poblaciones y desplazan los campos de batalla hacia países oprimidos o dependientes, cuyos pueblos terminan poniendo los muertos, los desplazados y la destrucción material. Por ello, para comprender la época actual no alcanza con denunciar los efectos del imperialismo. Es necesario analizar las contradicciones entre las potencias y el lugar que ocupan los países oprimidos dentro de esa disputa mundial.

Una propuesta reformista

Por otra parte, llama la atención que, luego de describir una crisis mundial de enormes proporciones y de presentar la situación argentina como parte de una crisis estructural del capitalismo, el manifiesto no avance hacia una discusión sobre las tareas de la revolución ni sobre la conquista del poder por la clase trabajadora. Por el contrario, la argumentación se concentra en destacar el supuesto crecimiento político del propio PTS, el reconocimiento de sus dirigentes, su presencia en las luchas y el supuesto apoyo que reciben en distintos ámbitos.

De esta forma pareciera que la cuestión electoral no es parte de una táctica subordinada a una estrategia revolucionaria más profunda si no el objetivo en sí, pasando a ocupar el centro de la estrategia, sustituyendo la construcción revolucionaria por una lógica de acumulación política para alcanzar el poder a través de las elecciones presentándose como alternativa de oposición como cualquier partido reformista.

Organismos de masas para la lucha vs acumulación partidaria.

Luego, el manifiesto se da algunas primeras propuestas que también merecen ser discutidas, la primera de ellas consiste en poner en pie «comités de base» como espacios de debate y organización colectiva. Ahora bien, tal como están formulados, estos comités no aparecen como organismos amplios de organización de las masas surgidos de las necesidades de la lucha, sino como ámbitos destinados a nuclear a quienes ya integran el PTS o a quienes simpatizan con su proyecto y podrían incorporarse a él. No hay nada de cuestionable en que una organización política impulse espacios para fortalecer su militancia, ampliar su influencia y ganar nuevos adherentes. Todo partido procura crecer y consolidarse. El problema surge cuando esta tarea de acumulación partidaria propia se presenta como si fuera una propuesta de organización amplia y democrática de las masas. En realidad, se trata de comités de apoyo y construcción política alrededor de un proyecto ya definido, con una orientación política previamente delimitada por el propio PTS.

La costruccion de la unidad para la lucha.

La segunda propuesta es que dichos comités funcionen como espacios de lucha, coordinación y autoorganización junto a otras fuerzas políticas y sindicales. Nuevamente, considerada en abstracto, la propuesta resulta correcta. Toda perspectiva revolucionaria exige la más amplia unidad de acción entre los sectores dispuestos a enfrentar las políticas de ajuste, las patronales y el Estado. Sin embargo, esta formulación choca con la práctica concreta que el propio PTS ha desarrollado hasta el presente, que ha mostrado sistemáticamente escasa o nula disposición a construir coordinaciones estables con espacios combativos que se encuentran por fuera del izquierdismo trotskista, como el Frente Nacional Democrático por la Educación Pública o el Frente de Sindicatos Unidos, u otras experiencias; ya sea porque no los dirigen o por que los acusan de que caerá finalmente en una propuesta electoral que no es la del PTS, vaya forma extraña de construir unidad y coordinación para la lucha.

Desde una perspectiva revolucionaria, la coordinación entre organizaciones y sectores combativos no puede quedar supeditada a la adhesión previa a un determinado proyecto partidario. La unidad de acción se construye sobre objetivos concretos de lucha, respetando la independencia política de las organizaciones participantes y buscando desarrollar la iniciativa de las masas. De lo contrario, el frente único se reduce a una consigna declamativa subordinada a las necesidades o deseos de un partido determinado.

Sobre el Peronismo.

La tercer propuesta es la construcción de un «partido de la nueva clase trabajadora», no hay en el documento argumentación alguna de por qué “nueva” mas allá de la precarización extrema, pero no argumento desde el marxismo que permita suponer que eso la hace “nueva”, mas allá de esto que en ultima instancia seria secundario y pareciera ser la utilización que pretende darle fuerza discursiva a esta construcción propia, es interesante que se plantee una fuerza que debería «superar por izquierda la experiencia histórica del peronismo». Esta formulación resulta problemática porque parece partir de una negación más que de un análisis histórico concreto de la experiencia peronista, reduciéndolo a un simple mecanismo de conciliación de clases o a una experiencia de subestimación de las masas, que supone desconocer por qué millones de trabajadores y trabajadoras se identificaron con él y protagonizaron acontecimientos históricos como el 17 de octubre de 1945.

Las masas no irrumpieron en las calles por ingenuidad ni por manipulación. Lo hicieron porque identificaron en el peronismo conquistas materiales y simbólicas concretas, derechos laborales, reconocimiento político y social de los trabajadores, participación sindical y una política de afirmación de la soberanía nacional frente a determinadas formas de dependencia. Ignorar estos elementos conduce inevitablemente a una incomprensión de la conciencia real de las masas trabajadoras argentinas que el PTS se propone ganar con profundos debates puertas adentro.

Una política revolucionaria no puede limitarse a proclamar la necesidad de «superar» al peronismo. Debe comprender las condiciones históricas que le dieron origen, las contradicciones que expresó, sus alcances y sus límites, y las razones por las cuales continúa conservando capacidad de interpelación en importantes sectores populares.

Afortunadamente el leninismo y el maoísmo han aportado herramientas fundamentales para comprender precisamente este tipo de fenómenos. En los países oprimidos y dependientes, las contradicciones en el seno del pueblo y las propias contradicciones de las clases dominantes adquieren formas complejas que no pueden resolverse mediante esquemas abstractos. La experiencia histórica demuestra que los procesos de liberación nacional y las tareas democráticas pendientes forman parte de un camino de revolución por etapas e ininterrumpida hacia el socialismo. Desde esta perspectiva, el análisis del peronismo exige una comprensión dialéctica de sus contradicciones y no una simple negación desde posiciones izquierdistas.

Una interna más y el camino al fracaso.

Por otro lado resulta de mínima llamativo que dice, en palabras de su principal referente y candidata electoral, Miriam Bregman, que quieren debatir esto con todos los integrantes del FITU, pero fueron estos quienes salieron a denunciar públicamente la propuesta del PTS como unilateral y no discutida dentro del frente y para colmo pasaron a la creación, en paralelo, de comités en apoyo al FITU, convirtiendo ahora si todo esto en una verdadera mamushca de debates que si bien son de muchas y muchos participantes muy lejos están de poder ser una herramienta para las masas populares y de disputa del poder real.

Desde el segundo apartado del manifiesto y hasta su final, el PTS desarrolla fundamentalmente una extensa serie de propuestas políticas, económicas y sociales que debería impulsar un eventual gobierno de la izquierda. Muchas de estas medidas resultan importantes y en general las compartimos. Así como también el cuestionamiento al poder de los grandes grupos económicos, la necesidad de afectar los intereses de las grandes fortunas, la crítica a un capitalismo más humano o la posibilidad de impulsar una Asamblea Constituyente que nos parece una lucha valida y valiosa.

Sin embargo, el problema central no reside en el contenido de las medidas propuestas, ni en el análisis de la realidad con el cual ya debatimos en lo esencial, sino en la estrategia. El propio manifiesto reconoce que dichas medidas implicarían afectar intereses profundamente arraigados del gran capital, del imperialismo y de las clases dominantes. Pero precisamente por ello surge una pregunta fundamental: ¿qué fuerza social y qué proceso político harían posible imponer semejantes transformaciones? La respuesta que ofrece el manifiesto termina volviendo, a la construcción de una alternativa política encabezada por el PTS y a la posibilidad de acceder al gobierno a través de las elecciones. Se aclara incluso que la democracia burguesa no constituye el mejor terreno para la transformación social, pero que las masas todavía depositan expectativas en ese sistema y que, por lo tanto, es necesario construir una referencia política en ese plano. El problema es que entonces la propuesta conduce inexorablemente al fracaso porque se considera un punto de llegada y no una etapa a transitar en camino a transformaciones revolucionarias de carácter violento y para ello considerar como esencial avanzar en todos los sentidos en las conquistas soberanas y la preparación del pueblo para ganar una batalla estratégica, encarnizada con los enemigos declarados de la clase obrera y el pueblo.

Ninguna clase dominante ha renunciado pacíficamente a sus privilegios y ninguna medida que afecte seriamente los intereses del capital puede imponerse sin una confrontación política y social creciente. Medidas como las que el PTS propone solo podrían abrirse paso sobre la base de un ascenso de la lucha de masas, con un proceso de rebelión capaz de poner en cuestión el poder realmente existente. Sin embargo, sumar compañeros al PTS y su construcción electoral no genera por sí mismo un crecimiento de las luchas, quien afirme esto no es más que un vendedor de feria.

El manifiesto no orienta sus principales esfuerzos hacia la construcción de una herramienta de masas para ese combate ni hacia una coordinación real y efectiva de las luchas populares. Tampoco desarrolla una estrategia concreta para crear las condiciones de un proceso rebelde y revolucionario que permita a las masas trabajadoras intervenir como sujeto político independiente. Por el contrario, las conclusiones prácticas vuelven una y otra vez al mismo punto: fortalecer al PTS, construir nuevos comités y disputar la conciencia de cientos de miles para ampliar la influencia de esa organización.

Pero la tarea de los marxistas no consiste en generar expectativas en uno u otro candidato ni en convertir la disputa de la conciencia en una simple disputa por conseguir más votos para una determinada fuerza política. La lucha por la conciencia de las masas está inseparablemente ligada a su experiencia de organización, de movilización y de combate. La cuestión decisiva es cómo contribuir a crear las mejores condiciones para el desarrollo de un proceso de lucha capaz de cuestionar efectivamente el poder de las clases dominantes.

Por ello, el límite principal del manifiesto es que las medidas que propone, por correctas o avanzadas que puedan resultar, aparecen desligadas de las condiciones reales que permitirían hacerlas efectivas. En el marco de la estrategia planteada por el propio PTS, esas medidas terminan convirtiéndose en un programa sin sujeto material capaz de imponerlo. La consecuencia es que un documento que se presenta como una propuesta para cambiar la historia concluye, en lo fundamental, como una convocatoria a fortalecer una alternativa político-electoral cuya estrategia no ofrece una vía real para conquistar el poder y hacer realidad las transformaciones que enuncia.

El Comunismo Revolucionario.

Desde el Comunismo Revolucionario invito a todos y todas a conocer otra forma de analizar la realidad y, sobre todo, de actuar para transformarla: una perspectiva verdaderamente marxista, leninista y maoísta que coloca en el centro el papel creador de las masas y la necesidad de construir una estrategia revolucionaria arraigada en las condiciones concretas de nuestro pueblo.

Desde esta perspectiva, las posiciones electorales no constituyen un fin en sí mismo ni el eje de la construcción política. Son tácticas determinadas por la realidad concreta de cada momento, subordinadas a las necesidades del pueblo en ese momento y a una estrategia general de transformación revolucionaria de la sociedad.

La tarea central de los revolucionarios consiste en organizarse junto a las masas en cada lugar de trabajo, de estudio y en cada barrio; desarrollar las luchas necesarias en cada momento y ser herramienta de la clase obrera y el pueblo para que este se constituya en una fuerza social y política capaz de disputar efectivamente el poder.

En países oprimidos y dependientes como el nuestro persisten tareas democráticas y de liberación nacional pendientes, imposibles de resolver bajo la dominación del imperialismo. Por ello, sostenemos la necesidad de avanzar por el camino de la liberación nacional y social, mediante un proceso revolucionario que, partiendo de esas tareas democráticas, avance de manera ininterrumpida hacia el socialismo. Así lo aprendimos de las mejores experiencias históricas de la clase obrera, en un camino de luchar, fracasar, volver a luchar, volver a fracasar y volver a luchar hasta la victoria.

Martin Zarate

Comunismo Revolucionario Partido Marxista Leninista Maoista

Movimiento Popular Liberación.

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