Nota de opinión
El 2021 arrancó sin medias tintas, el intento por condicionar y cambiar los resultados electorales en EEUU. Trump y los sectores dominantes que lo acompañan, expresados en las calles por fascistas supremacistas blancos, irrumpieron en el Capitolio donde se certificaba el voto del Colegio Electoral que dio el triunfo de Joe Biden.
Las semillas fueron sembradas por Trump y el propio Partido Republicano, con su constante avivamiento a la división, por el elogio de los neonazis y del Ku Kluxers en Charlottesville, por los llamamientos a las milicias para «liberar» del bloqueo a las capitales estatales durante la Covid- 19. El propio miércoles 6/1 Trump arengó a los sectores movilizados para que rodeen el Capitolio y luego hizo declaraciones afirmando que le habían robado la elección.
La invasión del miércoles al Congreso no fue una protesta u ocupación cualquiera, ni tampoco fue un acto desesperado, todo fue meticulosamente calculado para marcar la cancha parado arriba de los 74 millones de votos que obtuvo en las pasadas elecciones. Sin dudas la sociedad está muy dividida y han resurgido sectores fascistas con poder y armados, por tal razón por más que ahora el propio Trump obligado salga a condenar los hechos, no eliminará el peligro del movimiento de masas bien financiado, bien organizado y bien armado que lidera.

Es un movimiento muy extendido, como se ve en la reciente negativa del Partido Republicano de Pensilvania a sentar a un demócrata recién elegido en la legislatura estatal, o en reciente complot de secuestro del gobernador de Michigan y los numerosos intentos de detener el conteo de votos. Son fuerzas que están representadas en el Congreso y en las legislaturas estatales por personas como la partidaria de QAnon (uno de los grupos fascistas más importantes que lideró la ocupación al Capitolio), Marjorie Taylor, quien ganó una banca en la Cámara de Representantes en las elecciones de Georgia, y el representante del estado de Arizona Bob Thorpe, quien cooperó con el grupo de odio Federation for American Immigration Reform para formular un proyecto de ley antiinmigrante. De hecho, su ideología fascista es una consecuencia natural de grupos de derecha como la Fundación Heritage, el Instituto Cato, ALEC y otros.
Estos hechos sin precedentes en la historia de la principal superpotencia, mostró que es una «democracia de cartón» en el país de la libertad y que los golpes y arrebatos a la libertad en la región, como recientemente en Bolivia, no son otra cosa que el reflejo de lo que hacen en su propio país. La historia reciente de los EEUU está marcada por esta política.

Una crisis anunciada
Los EEUU viene tambaleando de crisis tras crisis y como superpotencia arrastra a los demás países dependientes y sus rivales imperialistas como China, que también tiene atado sus dólares como acreedor, con el país del norte. La propia naturaleza del imperialismo ha agudizado las crisis cíclicas del capitalismo, en una época putrefacta dominada por la lucha intestina en esos países y la disputa internacional de sus monopolios que saquean y someten a los países dependientes, ubicándonos como fichas de un tablero que no controlamos. Sus fechorías nunca podrían concretarse de no ser por la complicidad y el papel de lacayos de las clases opresoras y los gobiernos de los países dependientes y en disputa.
La pandemia aceleró todas las crisis juntas de estas metrópolis imperialistas, y EEUU fue el más golpeado, no solo en su derrumbe económico, sino en mostrar las calamidades que sufren los sectores populares donde decenas de millones de trabajadores no tienen más que 400 dólares para una emergencia, (pero una visita a una sala de emergencias cuesta en promedio al menos 1.000 dólares). Es un costo que no puede pagar. Entonces no van a la sala de emergencias del hospital, y no pueden conseguir una cita en consultorios privados, dando como resultado: no hacerse las pruebas, continúan trabajando y el virus se propaga.
La mitad de toda la fuerza de trabajo, de 165 millones, vive al día y no pueden permitirse perder ni una jornada laboral porque no tienen licencia paga por enfermedad, (EEUU es la peor de todas las economías avanzadas en términos de proporcionar una licencia paga por enfermedad). Incluso los trabajadores sindicalizados solo tienen por contrato un promedio de seis días pagos por enfermedad.
Estas son algunas de las explicaciones de por qué el país más avanzado, es el que más contagios por Covid-19 tiene en el mundo y el que más muertos acumula.
Los ataques y la impunidad a los asesinos de ciudadanos afroamericanos en distintas ciudades del país, no fueron hechos aislados, sino la forma más brutal de cómo piensan y se manejan gran parte de las fuerzas de seguridad y las FFAA. No podemos pensar que pueda ser de otra manera en un país que oprime y distribuye fuerzas de ocupación en distintas regiones del mundo, asesinando a niños y ancianos.

Con el gobierno de Trump los sectores abiertamente anticomunista, antiextranjeros y armamentistas ganaron el poder. Esos sectores son los que irrumpieron en el Capitolio, pero las razones de por qué llegaron al poder no sólo se puede explicar por un juego legítimo de la democracia y la libertad de expresión. Son las consecuencias de una política de Estado ya sea gobernada por los demócratas o republicanos que se basa en la supremacía sobre el resto de los países. Una hegemonía que ha empezado a ceder fuertemente.
Pero los acontecimientos que hemos vivido en los últimos días, dan cuenta de un acelerado deterioro político institucional con la irrupción de sectores que se fueron conformando larvadamente en aquella superpotencia. Aquel país, considerado “ejemplo de la democracia representativa”, seguida por muchos líderes y organizaciones políticas en el mundo (en nuestro país por dirigentes de Juntos por el Cambio o en Brasil por Jair Bolsonaro), ha mostrado una crisis muy profunda porque asistimos a la ruptura de estructuras legales y de hábitos democráticos violados por el propio vértice del Estado mismo.
Han comenzado a romperse normas sobre cómo llevar a cabo la discusión y la competencia política. Es el propio presidente Trump el que disputa con el presidente electo Biden sobre las reglas básicas que rigen el proceso democrático y la transición de un régimen al siguiente. Han mostrado al mundo que poco les importan las instituciones que sostienen el estado de derecho. Es justo plantear que se ha pasado a otra fase, donde nada será igual.
La multipolaridad y el camino independiente
EEUU ha retrocedido en el plano internacional, a la sombra del crecimiento de otras potencias imperialistas como China o Rusia. Se ha replegado de sus posiciones en el Medio Oriente, particularmente en Siria donde Rusia ha consolidado su presencia, hostiga en el Mar de la China, pero el imperialismo chino le ha advertido seriamente y ha preparado a sus tropas para resistir hasta las últimas consecuencias. En nuestra región ha sufrido retrocesos importantes en cuanto al deterioro y fracaso de los gobiernos reaccionarios, neoliberales que ha apadrinado. En Bolivia la ejemplar lucha del pueblo pudo acorralar a la dictadura de Áñez apadrinada por la OEA y los EEUU, logrando imponer el proceso electoral donde nuevamente triunfó el MAS-IPSP. En Brasil, Bolsonaro atraviesa su peor momento en medio de la crisis y la resistencia popular crece cada vez más. Lo mismo podemos dar cuenta de los reveses que ha recibido Piñera en Chile, otro aliado de importancia en la región.
La realidad muestra a los EEUU en una marcada crisis, pero no por ello ha dejado de ser la principal superpotencia, ya que cuenta con supremacía en lo económico, militar y su influencia es relevante en la vida política y cultural de muchos países del mundo. Vale aclarar que una de las características de esta superpotencia es que cuando cae en desgracia, justamente es cuanto más peligrosa es. Y la nueva administración demócrata tratará de ganar terreno perdido en el mundo y en particular en América, lo que llevará a agudizar las contradicciones interimperialistas.
La llamada multipolaridad se muestra justamente en que EEUU no puede hacer lo que le plazca en el mundo. Sus rivales son poderosos. En particular China ha ganado terreno en el plano económico en la mayoría de los países del mundo y se ha recuperado relativamente rápido de la crisis del Covid-19.
El grado de penetración imperialista de China, silenciosa y capilar sobre recursos estratégicos como el litio, la minería y el petróleo no tienen precedentes, por la dinámica con que avanza. A la vez, es la fábrica de los bienes manufacturados y alimentos con los que inunda los comercios en las grandes metrópolis mundiales. Por otro lado, ha avanzado de manera vertiginosa en la preparación, equipamiento y adquisición de tecnología militar. La guerra comercial que entabló con los EEUU es una de las características del fracaso de la administración Trump y se encuentra en uno de los factores más importantes del aislamiento, por parte de sectores monopólicos estadounidenses que le retiraron su apoyo dentro del país.
También es notable el avance de Rusia y Alemania que por más que están siendo duramente goleadas por la pandemia, se han fortalecido frente a los EEUU y en el caso de Alemania ha impuesto su poderío sobre la Unión Europea.
Un nuevo mapa mundial está conformándose, empujado por la pandemia, que sacó a la palestra las barbaridades del sistema capitalista controlado por un puñado de Estados imperialistas que arrasan con los ecosistemas, explotan como nunca antes visto la mano de obra asalariada, en condiciones de extrema precariedad e incluso de semi esclavitud.
La multipolaridad encierra nuevas luchas entre las contradicciones existentes en el mundo, y esa realidad expone la disyuntiva: o los pueblos se imponen mediante conquistas democráticas e independientes, o los nuevos y vigorosos imperialismos impondrán su nueva hegemonía cuando el imperio haya caído.
La pandemia y la propia disputa interimperialista, muestra que “hay un gran desorden bajo los cielos” y que esta multipolaridad en definitiva puede ser una gran oportunidad no para cambiar las cadenas que someten a los pueblos, sino para romperlas.
Una gran oportunidad para que los revolucionarios y antiimperialistas, confiando en la fuerza de la clase obrera y el pueblo, sepan aprovechar las oportunidades que aparecerán en los tiempos venideros para poder imponerse en el camino liberador que vaya cambiando el rostro de los países dependientes y disputados como el nuestro.










