Se impuso Biden en las elecciones en Estado Unidos…

0
316

Biden como presidente electo va planificando la estructura del nuevo gobierno, mientras que Trump denuncia fraude en soledad y con el Partido Republicano dividido. EE.UU. no cambiará su naturaleza, para la región y el mundo, a decir de Biden se lanzarán a «recuperar liderazgo» que perdieron en estos últimos cuatro años. Se agudizarán las contradicciones interimperialistas y la lucha contra la dependencia. Los nuevos vientos que soplan a favor de los pueblos ayudaran a la lucha en América Latina. 

Ya casi por terminar el escrutinio y a cinco días de las elecciones, se consagró ganador Joe Biden del Partido Demócrata con 279 electores hasta el momento de esta nota. La ventaja la consigue principalmente por los votos emitidos meses antes a través del sistema de voto por correo. El electorado que optó por Donald Trump -que obtuvo 214 electores- en cambio se volcó más a las urnas de manera presencial. El país está divido.

El retraso del conteo de los votos posibilitó a Donald Trump hacer una denuncia por el «robo de la elección» por parte del «aparato demócrata» a través de los votos adelantados. Lo cierto es que estaríamos frente al segundo caso donde el organizador de las elecciones denuncia un fraude electoral, el primero fue Juntos por el Cambio en octubre del 2019 en nuestro país. Son artilugios cuando se está frente a una situación irreversible, en una elección reñida y sabiendo que se cuenta con una «masa crítica» dispuesta a aceptar lo inaceptable. 

En términos generales, el propio proceso electoral y las denuncias por parte del oficialismo, muestra descarnadamente la decadencia del «país donde reinaría la libertad y la democracia». Se han sacado las mascarás y la disputa entre las clases dominantes está en una fase muy aguda. 

Para los países que padecemos los atropellos y fechorías de esa superpotencia, las denuncias y hechos fraudulentos no son nada nuevo. El último hecho fue la participación en el golpe de Estado abierto a Evo Morales en Bolivia, promoviendo una dictadura sangrienta. Pero allí, no solo fue la injerencia directa de los EE.UU., sino la manipulación y los títeres que maneja en la Organización de los Estados Americanos (OEA) a través de Luis Almagro, su Secretario General.

La crisis

La pandemia del coronavirus covid-19 agudizó una caída económica sin precedentes, con una desocupación que llegó a 44 millones de personas, sumado a la actitud desafiante y perversa de Donald Trump minimizando los efectos de la pandemia para tapar el pésimo sistema de salud que deja a más de un tercio de la población afuera de toda atención.

Luego de la gran crisis de 2008 el gobierno de Barak Obama destinó miles de millones de dólares a salvar al sistema financiero, uno de los grandes responsable de la crisis, pero dejaron que siga cayendo el sistema de salud y la ayuda a las familias que perdieron sus casas y ahorros. Pasaron casi diez años, recién en el 2017 el país pudo recuperar el nivel de empleo de antes de la crisis (hasta febrero de este año, la tasa de desempleo se ubicaba en 3,5%, la más baja registrada en medio siglo). Ese respiro le posibilitó a Trump mostrarse con las velas desplegadas avanzando sobre la comunidad latina y profundizando la precarización y flexibilidad en la gran industria.

Pero ese «veranito» le duró poco y mostró que esa recuperación fue sobre arenas movedizas que empezaron rápidamente a ceder. Antes de la pandemia la economía mostraba signos de caída, que con el avance dinámico del covid-19 se transformó en recesión. Lxs propixs analistas de ese país sostienen que no se verá una recuperación económica rápida porque los problemas de la economía estadounidense son estructurales.

Estados Unidos produce bienes y servicios de tecnología avanzada en sectores como la industria aeroespacial, tecnologías de información, armamento, servicios petroleros o finanzas, para abastecer una demanda global.

Pero la crisis se prolongará porque la pandemia terminó de cambiar cuestiones que hacen a la economía y la vida cotidiana de las familias de la clase media y asalariadxs. Porque precisamente, lo que no va a crecer son las compras de aviones si la gente en el futuro va a tender a viajar menos; lo mismo ocurrirá en otros rubros como el automotor o el petrolero. Los cambios en la conducta de grandes sectores populares en primer lugar se nota en la reducción de gastos de la familia. Y no es un problema que se resuelve con estímulo a la producción o generando mayores endeudamientos en esas familias, sobre todo en un país que todavía no han cerrado las heridas de la crisis de las hipotecas del 2008. 

El drama del desempleo radica en que millones de trabajadorxs lo hacen en esas ramas de servicios que han quedado perimidas por la crisis. Esta crisis cambia paradigmas y es por ello mas desafiante que la del 2008.  

Uno de los grandes desafíos es crear puestos de trabajo. Por eso, dice James Galbraith, profesor de la Escuela de Asuntos Públicos Lyndon B. Johnson de la Universidad de Texas, «el modelo económico que generaba empleo en base a los servicios tiene que ser reestructurado». «Hay mucha gente luchando por sobrevivir y cuando se acaben las medidas de estímulo, vendrá el descontento social, la rabia». Es posible que los indicadores mejoren en el corto plazo, explica Galbraith, pero como el país ha enfrentado profundas transformaciones en el último medio siglo, un regreso a la «normalidad» previa a la pandemia tomará mucho tiempo. «La economía de EE.UU. es un castillo de naipes que se derrumbó con la pandemia» afirma el académico.

Esta realidad ha llevado a que EE.UU. pierda terreno en la guerra comercial con el imperialismo chino -«caballito de batalla» de la campaña de Trump- y está en el trasfondo de la disputa entre las clases dominantes de ese país, donde los sectores abiertamente reaccionarios con Trump a la cabeza, se aferran al poder y utilizan cualquier factor para no perderlo. En esa dirección, aún no reconocen la derrota y fueron preparando el terreno con el control de la Corte Suprema, donde busca llevar el oficialismo las denuncias de fraude. Pero no parece alcanzarle, ya que la falta de fundamentos de la denuncia por parte de Donald Trump, llevaron a más fisuras en el Partido Republicano que una «unidad contra la corrupción». La «soltada de mano» por parte de los grandes medios de comunicación cortando la conferencia de prensa de Trump fue más que elocuente de que su ciclo había terminado.

Los resultados adversos para el oficialismo en las comunidades afroamericanas y latinas, quienes se han convertido en la primera minoría en el país, son a la medida de la política abiertamente opresora y racista del gobierno. Joe Biden triunfó en Arizona y estuvo a punto de sorprender en Texas por el respaldo de la comunidad hispana. De igual manera se vio el masivo voto opositor de las mujeres y diversidades en la gran mayoría de los Estados, mostrando una respuesta contundente a la desigualdad que padecen en los ámbitos laborales, así como la creciente violencia de género.  

También paga su retórica «anti china», sin resolver la contradicción intrínseca de la dependencia con ese país en cuanto a productos manufacturados y la deuda.

Se termina un gobierno que se paró sobre la «Doctrina Monroe», esa que sostiene «América para los americanos», promoviendo golpes de Estado como en Bolivia y gobiernos abiertamente fascistas como en Brasil. 

Biden: «Los EE.UU. deben recuperar el liderazgo»

Es importante haber seguido la campaña electoral y los discursos más importantes, donde los candidatos fueron vertiendo los conceptos principales en cuanto a su política. Trump es el que más desventaja llevó, ya que lo que tenía para exponer son sus cuatro años de gobierno, pero en el caso de Biden mostró a los demócratas tal cual son -a diferencia de Trump que solo muestra la «mano del garrote»-, estos mostraron las dos manos, «en una zanahorias y en el otro el garrote». Fue muy gráfico el cruce de Biden cuando acusó a Trump de separar a lxs niñxs inmigrantes de sus padres y ponerlos en jaulas, a lo que Trump le respondió que esas jaulas las construyó el gobierno de Barak Obama, donde Biden fue su vicepresidente. 

Joseph Biden promulgó a lo largo de la campaña los lineamientos para la región, con un eje en cuanto a que «los EE.UU. deben recuperar el liderazgo porque los pueblos lo necesitan», cuestionando a Trump de haber dañado la relación con aliados estratégicos como Colombia en temas de defensa en la región y México. Ahora Biden se propone recuperar el liderazgo al que, según él, «renunció» la administración Trump en estos cuatro años. Entonces, si antes había presencia de los EE.UU. en la región, ahora se podría esperar mucho más.

En este mismo sentido, Biden larga un mensaje a las otras potencias imperialistas en particular a China y Rusia en cuanto a que los tiempos venideros serán de igual o mayor confrontación y lucha interimperialista e intermonopolista en «su patio trasero». 

«Nuestra desconexión se da mientras otros están avanzando en la región. China es ahora el socio comercial más grande o segundo más grande de prácticamente todos los países en el Cono Sur, y los chinos han logrado convencer a la República Dominicana, El Salvador y Panamá que no reconozcan diplomáticamente a Taiwán. Rusia también está expandiendo su alcance en Latinoamérica y el Caribe. Nuestros rivales geopolíticos están llenando con entusiasmo el vacío de liderazgo mientras que los Estados Unidos se echa para atrás», anunció Biden, al tiempo que afirmó que «es vital que mantengamos nuestro papel como líder en la región – no porque tememos competencia, sino porque el liderazgo de EE.UU. es indispensable para superar los persistentes desafíos impidiendo el máximo potencial de nuestra región. China y Rusia buscan beneficios económicos y diplomáticos, pero no invierten en instituciones democráticas o buena gobernanza. Nosotros sí, porque el éxito de nuestros vecinos nos beneficia y sus pugnas nos impactan».

En la agenda del nuevo ciclo demócrata está el de avanzar rápidamente sobre el litio, la tecnología 5G y el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI). 

También agregó a esas premisas para la región, su política en cuanto a los procesos en países como Venezuela, donde afirmó que «Maduro es un dictador; el pueblo venezolano necesita nuestro apoyo para recuperar la democracia y reconstruir el país» y sobre Cuba, consideró que «debe haber una nueva política, no está más cerca de la libertad y la democracia de lo que estuvo hace cuatro años». Por el contrario, indicó que hoy en día «hay más prisioneros políticos», y advirtió que «Rusia vuelve a tener una gran presencia en Cuba», dejando de manera implícita la voluntad de continuar con el bloqueo a ese país. 

Biden es uno de los «duros» dentro de los demócratas, vale traer al presente su papel como joven senador en 1982 durante la guerra de Malvinas, cuando patrocinó la resolución en la Comisión del Senado que apoyó a Gran Bretaña en sintonía con el gobierno republicano de Ronald Reagan. Ahora vuelve a la carga con «su gran preocupación» por la «corrupción» en la región, argumento por el cual protagonizaron el escándalo internacional de espionaje en el 2012 sobre el gobierno de Brasil y la propia Dilma Rousseff y fue el argumento con el que se inició posteriormente el proceso de golpe institucional que la sacó del gobierno.  

 

Nada nuevo podemos esperar de estos gobiernos que son la expresión, la flor y nata de los monopolios imperialistas y los bancos que explotan la mano de obra asalariada en nuestros países y se llevan las riquezas y divisas a sus casas matrices y el propio Estado imperialista. En nada modificará su política con respecto al FMI, del que tienen la mayoría en su directorio, y en el que buscaran como siempre adecuar los presupuestos y políticas económicas de los países deudores de acuerdo a sus intereses. Nada nuevo esperaremos en nuestro país que acepta su política de “achicar el déficit”, o sea ajustar la economía. 

Multipolaridad, dependencia y lucha

El aspecto positivo del resultado electoral para aprovechar a favor de la lucha de los pueblos de la región, es el debilitamiento de aquellos gobiernos que fueron sostenidos abiertamente por la administración Trump como Juntos por el Cambio o el propio  Jair Bolsonaro de Brasil, quien afirmó días atrás «rezo todos los días para que gane Donald Trump en las lecciones». 

Empiezan a correr nuevos vientos favorables a la lucha de los pueblos en América Latina. En Argentina fue derrotado el gobierno reaccionario de Juntos por el Cambio; acaba de asumir el nuevo gobierno plurinacional en Bolivia, luego de derrotar con lucha y elecciones a la dictadura que se impuso con golpe de Estado y masacres; el triunfo de la lucha en Chile que impuso el plebiscito que aprobó una Asamblea Constituyente con perspectiva de género para reformar la Constituyente vigente del dictador Pinochet; las elecciones parlamentarias en Venezuela el próximo 6 de diciembre para que sea el pueblo quien decida sin injerencias de ningún tipo; las elecciones presidenciales en Ecuador el próximo 7 de febrero luego de que se aceptara incorporar al reemplazante de Rafael Correa perseguido y en el exilio, muestran el avance de un nuevo período político en la región, donde la lucha de los pueblos no se ha detenido, y donde las garantías serán mantener su independencia para conquistar sus urgencias y no ser atraído por ningún «canto de sirenas», con promesas.

Por el contrario, la crisis a la que han llevado los gobiernos reaccionarios en la región, y los desbastadores efectos de la pandemia, dan una oportunidad histórica para transitar la lucha por cambios de fondo en cada país, donde prevalecen los modelos primarios de producción de materias primas que alimentan el apetito de los países imperialistas que saquean y destruyen los ecosistemas y las culturas de los pueblos.

En este sentido, las afirmaciones tempranas del gobierno de Alberto Fernández en cuanto a que con Biden «a priori hay una agenda más promisoria de trabajo», y que «se pueden trabajar aspectos que antes estaban despreciados como la cuestión ambiental y la visión multilateral del mundo» alimentan falsas expectativas cuando la historia es harta conocida. No hay «halcones y palomas» en las entrañas del imperialismo, ni hay imperialismos buenos y otros malos, solo hay imperialismos con diferentes políticas pero con una naturaleza común y rapaz que los caracteriza. 

Las afirmaciones de Biden muestran que la debilidad de los EE.UU. como la principal superpotencia mundial ha agudizado la disputa donde han pasado a prevalecer en diferentes áreas otras potencias imperialistas como China o Rusia. Algunos llaman a esto una «multipolaridad» porque se ha salido del mundo unipolar donde los EE.UU. hacían y deshacían a su antojo. Estas afirmaciones, casi niegan el presente de una época plagada de contradicciones, dominada justamente no por un imperialismo, sino por varios de diferente poder, que protagonizan la disputa acechando sobre los países dependientes como el nuestro. 

Si la «multipolaridad» quiere decir el reconocimiento del proceso natural, dialéctico e inevitable donde, en este caso los EE.UU., están en un estado de «madurez» y declinación, representando lo viejo a vencer, es necesario entonces reconocer que los que se asoman con más vitalidad y vigor, como el imperialismo chino, sigue la misma lógica que los EE.UU.

Por eso sería justo reconocer en todo caso, que en esa multipolaridad, lo que predominan son contradicciones que se han tensado al extremo por la lógica natural de la sociedad capitalista imperialista y la pandemia por ellos detonada.

Una de esas contradicciones es la que muestra un mundo divido entre países opresores, imperialistas por un lado, y pueblos y naciones oprimidas por el otro.

Esta realidad la podemos observar cotidianamente en nuestro país con una matriz económica dependiente agro exportadora contaminante y extractivista, parte de un tablero manejado por esas potencias imperialistas que disputan los mercados del mundo. 

En todo caso, la decadencia y la «multipolaridad» debe ser una gran oportunidad para que los pueblos puedan aprovechar las contradicciones y la lucha entre las potencias que disputan, para poder avanzar de manera independiente hacia su liberación. 

Esa lucha deberá estar marcada no por una retórica antiimperialista, sino por acciones transformadoras que impongan medidas que apunten a transformarlo todo desde su raíz para romper esa matriz dependiente. 

La crisis y la pandemia dan una gran oportunidad histórica, donde se medirán fuerzas entre proyectos emancipadores o viejas recetas «pero con mayor derrame» hacia el pueblo. En todo caso el pueblo deberá ser protagonista para saber aprovechar y avanzar en conquistar derechos, pero no como punto de llegada, sino como un punto de partida con mayor fuerza para afrontar las medidas de fondo que dejaron de ser un sueño estratégico para pasar a ser una necesidad del período que transitamos.

Para semejante desafíos siempre es oportuno tener a mano las afirmaciones del comandante Ernesto «Che» Guevara: «(…) que no se puede confiar en el imperialismo, ni tantito así…nada».