Inicio Historia / Teoría La matanza de Tiananmen desenmascaró la esencia de la restauración capitalista

La matanza de Tiananmen desenmascaró la esencia de la restauración capitalista

A 31 años del "domingo sangriento" de Tienanmen. Escribe Leandro Leiva

El 4 de junio de 1989, el mundo era sacudido por los acontecimientos de la Plaza de Tiananmen, en China. Tropas del Ejército, apoyadas por tanques y vehículos blindados, dispararon ese día a mansalva sobre miles de manifestantes que desafiaban la ley marcial decretada por el gobierno de la camarilla de Deng Xiaoping.

Desde hacía un mes y medio, cientos de miles de personas ganaban las calles exigiendo la vigencia de las libertades democráticas y denunciando la corrupción oficial. Frente a la represión gubernamental salieron a frenar el paso de los tanques, erigiendo barricadas o a pecho limpio, muchos cantando La Internacional, algunos portando retratos de Mao, otros arrebatando sus armas a los soldados y gritándoles «¡Fascistas del Kuomintang!». Los dazibao (carteles murales) volvieron a tapizar los muros universitarios. Las calles, las facultades y la gran explanada de Tienanmen se habían convertido en ámbito de gigantescas asambleas populares, imponiendo en los hechos el derecho a denunciar y a reclamar. En la lucha volvieron a esbozarse instrumentos de democracia directa de masas como consejos de fábrica y organizaciones estudiantiles independientes. Fenómenos, todos, que no se veían en China desde la gran Revolución Cultural Proletaria de 1966-76.

Tres mil muertos, se calcula, fueron el saldo del camino emprendido por la dirigencia política del país. Deng Xiaoping y el primer ministro Li Peng felicitaron a las tropas represoras. Por primera vez desde la Revolución China, el Ejército Popular de Liberación era utilizado para una acción represiva contra el pueblo.

Pese a ello, durante varias semanas la gente siguió ocupando las calles y reconstruyendo las barricadas tras el paso del Ejército. Miles de personas siguieron manifestando en repudio a la represión en Shenyang, Changsha, Xian, Guangzhou y Nanjing. Shangai se paralizó con una huelga general.

El rostro de China ya no volvió a ser el mismo. La matanza de Tienanmen desenmascaró la esencia reaccionaria de la pretendida «modernización» de la camarilla restauradora del capitalismo. La profundidad y extensión del movimiento popular, y la ferocidad de la represión oficial, marcaron desde entonces una honda línea divisoria, que cada tanto vuelve a salir a luz por entre las hendijas de la censura oficial.

La reaparición en aquellas manifestaciones juveniles de retratos de Mao Tsetung −después de años de ser denostado y negado por la propaganda burguesa, revisionista y restauradora− dio indicios del comienzo de una nueva y difícil Larga Marcha del proletariado y el pueblo chinos.

Los efectos de diez años de restauración capitalista

La impresionante ola de protestas populares que culminó en los hechos de Tiananmen coronaba diez años de aplicación del programa de reformas capitalistas del gobierno chino tras la muerte de Mao en 1976. En nombre del «desarrollo de las fuerzas productivas», y con la máscara de la «modernización» y la «eficiencia», los dirigentes dengxiaopinistas impulsaron profundas transformaciones estructurales en la agricultura, la industria y el comercio, cambiando el sistema de propiedad, promoviendo la empresa y la ganancia privada y adoptando las leyes del mercado como norma general del desarrollo económico.

En el campo, con el verso del «progreso» individual y familiar, se dio luz verde al mercado «libre» y se aumentaron las tierras de uso privado. Se eliminó la Comuna popular como órgano de poder político, administrativo y militar descentralizado. Como consecuencia de este tipo de «racionalización», cerca de 50 millones de personas habían abandonado en pocos años el campo, emigrando a las ciudades en busca de trabajo.

En las fábricas se cambiaron globalmente las relaciones laborales. Se volvió a poner el centro en el incentivo material, generalizando los premios a la productividad, las horas extras y el trabajo a destajo. Se inició un vasto plan de privatización de las empresas estatales.

La economía china fue ampliamente «abierta» al mercado y a los capitales extranjeros, particularmente en las llamadas «zonas especiales». China se llenó de monopolios japoneses, yanquis, alemanes, franceses, británicos… y chinos.

La gran marejada de junio del ´89 sacó a luz algunos de los fenómenos típicos de la economía y la sociedad chinas tras la restauración capitalista. La publicación propagandística oficial Beijing Informa reflejaba durante esos años, junto al desenfrenado consumismo estimulado oficialmente, los numerosos casos de corrupción, coimas, robo de bienes del Estado, malversación de fondos públicos, contrabando, etc.

Y se revelaron también las profundas desigualdades sociales generalizadas por la reforma: la gente llamaba burlonamente «capitalistas rojos» a los funcionarios del partido venidos a millonarios de la noche a la mañana.

De la Revolución Cultural a hoy

En 1989, pese a haber transcurrido una década desde la restauración capitalista en China, la prensa burguesa pretendió explicar las demandas populares por libertad, contra la repugnante corrupción estatal y contra la represión, como un apoyo al programa de reformas capitalistas de Deng y una reacción frente a la resistencia que oponían a ese plan algunos dirigentes del Partido simpatizantes de la Revolución Cultural.

Los medios proimperialistas, al tiempo que exhibían su entusiasmo por el rumbo contrarrevolucionario de las políticas de la dirigencia del PCCh y sus promesas de «crecimiento» económico, batían el parche sobre el supuesto «estancamiento» productivo que según ellos había provocado el «caos» de la Revolución Cultural de 1966-1976.

Mentían descaradamente. La Revolución Cultural Proletaria, con la movilización de millones de obreros y campesinos contra los dirigentes del Partido y del Estado seguidores del camino capitalista, no sólo logró postergar durante doce años la restauración del capitalismo. También impulsó como una tromba el entusiasmo revolucionario de las masas trabajadoras chinas en la producción, que durante esa década alcanzó en algunos rubros cifras impresionantes: 34 millones de toneladas de acero; cientos de millones de toneladas de carbón; en esos años se consolidaron las bases de la industria petrolera de China; pese al masivo retiro en 1960 de los técnicos soviéticos por Jruschov se pusieron en órbita satélites artificiales y se desarrollaron armas atómicas defensivas.

Durante esos años también, en un país de 1.000 millones de personas, se avanzó decisivamente en la resolución de los grandes problemas de las masas populares como su alimentación, vestido, educación y salud.

La matanza de Tienanmen desnudó el retorno de la explotación, la desocupación, el hambre y la falta de libertad, es decir las lacras de la vieja sociedad semifeudal de antes del 49, que la restauración capitalista cargó nuevamente sobre las espaldas de las masas trabajadoras de China.

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