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El papel decisivo de la URSS en la derrota del nazismo

A 75 años del triunfo del Ejército Rojo en Berlín, publicada originalmente en el Vamos 51.

El 2 de mayo de 1945, tras doce días de cruentos combates con decenas de miles de muertos, las tropas nazis que defendían la capital alemana Berlín se rindieron ante el Ejército Rojo de la Unión Soviética.

Horas antes, vislumbrando el desenlace, Hitler y la cúpula nazi se suicidaban. Era el principio del fin del mayor conflicto bélico de la historia de la humanidad, la Segunda Guerra Mundial.

Con más de veinte millones de muertos, con hitos heroicos como la batalla de Stalingrado, el papel del pueblo y el ejército soviético y de los comunistas en todos los territorios ocupados había sido decisivo para la derrota definitiva del fascismo.

Frente al enorme ocultamiento de esta realidad histórica por parte de los medios imperialistas, abordaremos el rol fundamental de la URSS en este proceso.

Antecedentes

A partir de la década del ’20, pero particularmente en los ’30, gobiernos fascistas llegaron al poder en diferentes países imperialistas, como Italia, Alemania y Japón. El ascenso de estos gobiernos es inseparable del contexto de crisis mundial del capitalismo imperialista que se inició en el año 1929, sacudiendo a todos los países y acentuando las contradicciones entre las distintas potencias. Mientras tanto, crecía el prestigio de la Unión Soviética, cuya economía florecía mientras los países capitalistas se hundían en la miseria y el desempleo, a la vez que crecía el miedo de las burguesías imperialistas al “avance rojo”.

En medio de la crisis, EEUU cortó la ayuda económica a Alemania que se vio sumida en una situación económica y social asfixiante con un desempleo cercano al 30%. Fue en ese marco que Hitler subió al poder con un discurso demagógico basado en la “humillación” sufrida por Alemania tras la derrota en la Primera Guerra Mundial. Desde 1933 fue desplegando un programa reaccionario con persecución a los comunistas y sindicatos, chauvinismo exacerbado, expansionismo militar y antisemitismo. Paralelamente, en 1931, Japón invadía el norte de China y en 1935, Italia se lanzaba a la conquista de Etiopía.

A partir de 1934, la Internacional Comunista lanzó la línea de frente único antifascista, criticando la responsabilidad de la socialdemocracia en el avance reaccionario y también autocríticamente la demora en poner en primer orden la lucha contra el fascismo. Lejos de las ideas que situaban al fascismo “por encima de las clases”, el dirigente de la Internacional Jorge Dimitrov subrayó su carácter de clase caracterizándolo como “dictadura terrorista descarada de los elementos más reaccionarios, más chauvinistas y más imperialistas del capital financiero”.

En 1936, el general Franco lanzó un golpe fascista contra el gobierno republicano en España. La lucha de la clase obrera y el pueblo español resistió el golpe y forzó a una heroica Guerra Civil que se prolongó tres años, cuando finalmente triunfaron las fuerzas reaccionarias. La URSS apoyó militarmente a los combatientes antifranquistas y organizó las Brigadas Internacionales de solidaridad. Por el contrario los gobiernos de Francia e Inglaterra mostraron la misma vacilación que frente al nazismo: a pesar de que Hitler y Mussolini intervinieron abiertamente a favor de Franco, desplegando tropas, esas potencias mantuvieron la línea de “no-intervención”, favoreciendo el avance fascista.

Hitler desata la Guerra

En 1937 se terminó de consolidar el Eje fascista con el Pacto Antikomintern (anti-Internacional Comunista) entre Alemania, Italia y Japón.

A principios de 1938 Hitler invadió Austria y en septiembre se disponía a avanzar sobre Checoslovaquia. A pesar de los esfuerzos de la URSS por concertar acuerdos con Francia e Inglaterra para frenar el avance nazi, en septiembre de 1938, los gobiernos de esos países firmaron el espurio Pacto de Munich con Alemania e Italia, que legalizó la entrega del territorio checoslovaco y definió graves concesiones al nazismo con nefastas consecuencias para el futuro.

La intención de las potencias imperialistas “democráticas” era empujar a Hitler a la guerra contra la URSS. Aún así, el gobierno de Stalin siguió buscando durante varios meses llegar a acuerdos con Francia e Inglaterra. Pero las negociaciones fueron sistemáticamente boicoteadas por esos gobiernos. En tanto, en la frontera oriental ya se habían producido enfrentamientos entre tropas rusas y japonesas. La amenaza directa sobre el pueblo soviético y sobre las conquistas del socialismo era un hecho.

En ese contexto, el gobierno de Alemania, considerando no estar en óptimas condiciones aún para lanzarse sobre la URSS, propuso a Moscú un pacto de no agresión. En la situación creada por el fracaso de las negociaciones con Francia e Inglaterra, la URSS se vio forzada a aceptar la propuesta. Sin ser un plan deseado, fue justo aceptarlo para obtener una tregua imprescindible que posibilitaba prepararse mejor para el futuro, donde el choque con el fascismo era inevitable. Deshacía a la vez el plan funesto del Pacto de Munich de “entregarle” la Unión Soviética a Hitler. A la vez, en la firma del pacto se cometieron errores serios, como anexos secretos inadmisibles que establecían el reparto de Polonia, entre otros. La dirección soviética sobreestimó las posibilidades de dilatar la agresión hitleriana, lo que tendría consecuencias muy negativas sobre todo cuando Alemania decidió finalmente lanzarse sobre la URSS.

El 1 de septiembre de 1939, al agredir a Polonia, la Alemania nazi desencadenó la Segunda Guerra Mundial. Francia e Inglaterra tuvieron que admitir el fracaso de su política de concesiones a Hitler y declararon la Guerra a Alemania. Una vez lanzado a la ofensiva, el Ejército nazi mostró todo su poderío.

Un niño polaco regresa a lo que era su hogar durante una pausa en los ataques aéreos alemanes en Varsovia, Polonia, en septiembre de 1939. Los ataques alemanes duraron hasta que Varsovia se rindió el 28 de septiembre.

En abril de 1940 se apoderó de Noruega y Dinamarca, en mayo de Holanda, Bélgica y Luxemburgo y en junio tomó París y la mitad de Francia. En octubre entró en Rumania y avanzó sobre los Balcanes. En menos de un año gran parte de Europa estaba en manos de los nazis. Italia invadió Albania y Libia, en el norte de África. En Asia por su parte, Japón se lanzó a la conquista de toda la costa pacífica del continente, llegando hasta Indonesia e islas oceánicas, cubriendo miles de kilómetros.

En los territorios ocupados, los nazis sembraron su política terrorista y genocida, con campos de concentración donde fueron asesinadas millones de personas. Además de centros de exterminio, esas gigantescas cárceles sirvieron como campos de trabajo forzado, donde la burguesía imperialista alemana esclavizó a millones para ampliar sus conglomerados industriales, particularmente la industria bélica.

Envalentonado por sus conquistas y la debilidad de las potencias occidentales, Hitler se preparó entonces para la ofensiva hacia la Unión Soviética. La invasión, iniciada finalmente en junio de 1941, cambiaría el carácter de la Guerra y abriría paso a algunas de las batallas más cruentas que se recuerden, en las que millones de soviéticos, encabezados por el Partido Comunista, escribirían algunas de las páginas más heroicas de la historia, cuestión que abordamos en la próxima nota.

La invasión nazi y la resistencia soviética.

¡Apoyemos a Moscú!

El 22 de junio de 1941 Alemania lanzó una feroz ofensiva sorpresa sobre la Unión Soviética atacándola en simultáneo en diferentes puntos de su territorio. El ejército de invasión contaba con 5,5 millones de efectivos, 3700 tanques y 5000 aviones (prácticamente el doble que la URSS en cada rubro). Confiado en su táctica de “guerra relámpago” con la que había conquistado gran parte de Europa, Adolf Hitler planeaba tomar Moscú antes del 7 de noviembre, aniversario de la Revolución de Octubre.

Con la invasión al país socialista, la Guerra que hasta el momento enfrentaba en lo principal a potencias imperialistas entre sí, cambió de carácter transformándose en una guerra mundial antifascista. La situación forzó a un frente táctico entre algunas potencias imperialistas y la URSS. A fines de 1941, tras el ataque japonés a Pearl Harbor, EE.UU también entraría en la contienda.

Entre 1939 y 1941, la URSS había acelerado sus preparativos para el choque que se avecinaba: los soldados del Ejército Rojo casi se triplicaron y se impulsó el entrenamiento militar de toda la población. Pero el fin de los preparativos estaba previsto para 1942 y ramas centrales como la producción de tanques y aviones estaban retrasadas. La rápida derrota de Francia y otros países europeos le dieron a Hitler la posibilidad de agredir a la URSS más temprano. Al mismo tiempo, José Stalin y el gobierno soviético cometieron en ese momento graves errores. Subestimaron la posibilidad de que Alemania lanzara la invasión y la misma los tomó por sorpresa, lo que facilitó su rápido avance inicial.

En octubre, los nazis estaban a las puertas de Leningrado y Moscú. Pero ya en este crítico momento comenzaron a vislumbrarse los resultados de los enormes esfuerzos del pueblo soviético. La heroica resistencia en cada ciudad invadida, con millones de muertos, permitió retrasar el avance alemán y desplazar buena parte de la industria hacia el este, incluyendo el traslado de 7 millones de obreros. Más de diez millones de soviéticos se alistaron como voluntarios para combatir y otros millones trabajaban día y noche para abastecer a las tropas.

Miles de rusos y rusas armaron zanjas y construyeron obstrucciones para detener los tanques nazis.

En los territorios ocupados por los nazis se organizaron guerrillas y miles de acciones de sabotaje. Como había señalado Lenin en 1920: “En toda guerra la victoria está condicionada, a fin de cuentas, por la moral de las masas que derraman su sangre en el campo de batalla”.

Al mismo tiempo, semejante movilización y coordinación hubiera sido imposible sin la dirección del gobierno soviético y el Partido Comunista. Frente al cerco a Moscú, Stalin permaneció en la capital dirigiendo las operaciones bélicas. El 7 de noviembre, aniversario de la revolución, pronunció un recordado discurso en la Plaza Roja, mientras se escuchaba el ruido de los bombardeos nazis en los alrededores.

Finalmente, tras más de un mes de resistencia, en diciembre fue detenido el avance nazi y el ejército alemán fue repelido a 400 km de Moscú. Era la primera derrota importante de Hitler en la guerra y el primer fracaso de su táctica de “guerra relámpago”.

Bombardeo nazi sobre Stalingrado en septiembre de 1942.

La batalla de Stalingrado

Alemania todavía controlaba gran parte del territorio soviético y no tardó en lanzar una nueva ofensiva. Las fuerzas fascistas se lanzaron sobre la región industrial del Cáucaso, en el sur de Rusia, y en julio de 1942 se inició la histórica batalla de Stalingrado.

Durante más de tres meses se rechazaron más de 700 ataques nazis a la ciudad, mientras dentro de la misma las fábricas seguían trabajando en condiciones dificilísimas. Los alemanes terminaron tomando la mayor parte de la Ciudad, pero durante ese lapso se habían logrado enormes avances en la producción de la industria bélica trasladada al este del territorio soviético.

Sobre esta base, en noviembre de 1942 el Ejército Rojo lanzó una fuerte contraofensiva, cercando en Stalingrado a 300.000 soldados y oficiales alemanes, que bajo órdenes de Hitler se negaron a entregar las armas.

Los soldados de infantería soviéticos avanzan sobre la nieve alrededor de Stalingrado.

Los cruentos combates se prolongaron hasta febrero de 1943 con la rendición de 24 divisiones alemanas. Más de 4 millones de soldados en combate y un total de más de 2 millones de muertos hacen de Stalingrado una de las batallas más grandes de la historia de la humanidad.

Fue sin lugar a dudas el punto de inflexión de la Segunda Guerra Mundial. Los pueblos del mundo entero vieron que el fascismo no era invencible.

Soldado soviético ondeando la Bandera roja tras la rendición alemana en febrero de 1943.

La propaganda imperialista ha ocultado groseramente la significación histórica de la batalla de Stalingrado, reemplazándola por otros hitos de la Guerra como el desembarco anglonorteamericano en Normandía. Si bien este hecho tuvo su importancia en la derrota del nazismo, las fechas son irrefutables: el desembarco en territorio francés se lanzó recién en junio de 1944, ¡casi un año y medio después de Stalingrado!, cuando el avance de la URSS sobre los nazis ya era imparable. Con veinte millones de muertos, el pueblo y el estado soviéticos fueron definitorios en la derrota del nazismo, y esto es una realidad histórica más allá de cuántas películas de Hollywood la hayan retratado.

El papel de los comunistas en la derrota del fascismo se agranda aún más si se tienen en cuenta otros países ocupados. En China, el Partido Comunista encabezado por Mao Tse-tung dirigió la guerra contra el invasor japonés, en la que murieron más de 6 millones de personas. Desde Vietnam a varios países de Europa Oriental los comunistas dirigieron la guerra de liberación. En Francia e Italia encabezaron una vasta red clandestina de 3 millones de combatientes civiles. Es incalculable la cantidad de comunistas que dieron la vida en la lucha antifascista.

El final de la Guerra

Tras la batalla de Stalingrado, el frente de guerra soviético-alemán siguió siendo la principal arena de lucha. En 1944, el 70% del total de tropas nazis se hallaban en combate contra el Ejército Rojo. Pero, ya desde mediados de 1943, la URSS había logrado quebrar la línea de defensa alemana y avanzar hacia el oeste.

Durante 1944 los nazis perdieron el control de varias capitales de Europa oriental. Entre marzo y abril de 1945 el Ejército Rojo entró en territorio alemán y se planteó la toma de Berlín. La batalla en la capital alemana duró 15 días, con 3 millones de soldados en combate y 200.000 muertos. Cuando el resultado se tornó irreversible, Hitler se suicidó.

Finalmente, el 2 de mayo de 1945, las tropas alemanas se rindieron. La bandera roja flameando sobre el Reichstag (parlamento alemán) fue el símbolo de la derrota definitiva del nazismo, tras seis años de guerra. El 9 de mayo de 1945, el alemán Wilhelm Keitel, comandante nazi del Alto Mando de la Wehrmacht, firmó el acta de rendición incondicional.

Soldados soviéticos izan el 2 de mayo la bandera soviética en lo alto del Reichstag

En el avance sobre territorio alemán se manifestaron también actitudes reñidas con el internacionalismo. Para fortalecer la defensa frente a los nazis, la dirección soviética había planteado unir lo socialista con lo nacional ruso y empujar una “guerra patria” contra el invasor. Si bien esta línea fue justa en lo principal para fortalecer el frente anti-alemán, se realizaron concesiones al nacionalismo gran ruso que dieron lugar a fuertes actitudes chauvinistas. Por ejemplo, el comportamiento de las tropas rusas en Alemania fue muy malo, cometiendo abusos y atropellos contra la población alemana.

En agosto de 1945, cuando los nazis ya habían caído y los japoneses estaban acorralados, EEUU lanzó dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, masacrando a cerca de 250.000 personas. Este crimen sobre el pueblo japonés buscó ser una demostración de fuerzas frente al avance de la URSS y los comunistas en el mundo. Justamente entre abril y agosto de 1945, el 7º Congreso del PC de China planteó que la lucha no terminaba con la derrota del nazismo y se preparó para la guerra civil contra Chiang Kai shek, apoyado por los yanquis. Esta línea de los maoístas enfrentaba el planteo revisionista de que tras la Guerra los comunistas debían colaborar con las potencias “democráticas” como EEUU o Inglaterra.

La derrota del nazismo abrió un período de auge de luchas de la clase obrera y los pueblos y naciones oprimidas. La Guerra debilitó al frente imperialista en su conjunto y en este marco triunfaría la Revolución China en 1949, avanzarían los procesos revolucionarios en varios países del este europeo y el continente asiático y se abrirían procesos de liberación nacional en África y Asia. Millones en la URSS y todo el mundo habían jugado un papel decisivo para que esto fuera posible.

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