
Mamá de Yazmín, Luciana y Ámbar, contó que esto surgió cuando su esposo quedó sin trabajo.
“Vivo acá hace más de doce años y hace unos cuatro, me encontré con esta situación. Por entonces, mi visión se limitaba al tener todas las necesidades cubiertas. Pero ahora, sin trabajo, no teníamos para comprar las cosas, para pagar la luz…”
“Como iba y venía con las chicas a la escuela, empecé a hablar con las mamás de las compañeras y vi que no era la única que atravesaba algo así”.
“A su vez, mi hermana Marcela, que pertenece a la organización René Salamanca (Organización no gubernamental) me aconsejó que hable con más gente, con vecinos a los que conocemos de años pero no sabemos cuál es su realidad, porque hay gente de la que se dice “mirá la casa que tiene”, pero no puede comerla. La hizo en un momento en que pudo hacerla…”
“Así encontré un montón de personas a las que la situación nos llevó a juntarnos”, contó, para explicar el origen de la llegada a Gualeguaychú de la ONG René Salamanca, que lleva el nombre del sindicalista cordobés que en el cordobazo estuvo a la cabeza de los trabajadores luchando por sus derechos.
“Con esta organización podemos traer planes sociales”, dijo María, para agregar de inmediato “lo hablamos, porque los planes sociales están mal vistos. Pero los que teníamos necesidad de planes queríamos trabajar. Armamos un taller textil con ropa usada. La mayoría tenía algo de conocimientos pero no sabían hacer las cosas que se venden en el emprendimiento “Entre Risas”, delantales para el jardín de infantes, cartucheras, mochilas escolares y de paseo, que se hacen con las máquinas que nos entregaron en Desarrollo social”.
También está el grupo que se ocupa de la huerta con la que abastecen el comedor “Los gurises”, que comenzó siendo un merendero con el aporte de la ONG René Salamanca.
La huerta, como el comedor, funcionan en un terreno “que hace treinta años está vacío.. En la Municipalidad nos dieron permiso para usarlo hasta que aparezca el dueño. Allí hacemos la huerta, que tiene unos diez metros por treinta donde sembramos todas las verduras, incluso melones para el comedor y para la venta. Con lo que ganamos vendiendo compramos las semillas para volver a sembrar”.
Aquí debemos decir que todo el emprendimiento, taller y comedor incluidos, está sobre calle Sobral, a media cuadra del cementerio.
En cuanto al comedor, que ya dijimos que su comienzo fue como merendero, se convirtió en esto “porque la gente necesitaba comer”
Hoy entregan la cena los martes y viernes, contando con la merienda que los chicos reciben en la escuela. Son más de 200 porciones, para unas 85 familias.
“Conseguimos que desde Nación nos manden mil kilos de mercadería cada dos meses, pero a veces no alcanza porque ha ocurrido, por ejemplo, que nos mandaran casi mil kilos de lentejas, unos pocos de polenta y arvejas. También tenemos la ayuda de la salita de San Isidro, que colabora con cinco o siete kilos de carne picada, frutas, verduras”.
Vale señalar para quienes quieran dar una mano que el grupo tiene una página en Facebook, Entre Risas, donde se exhiben las producciones y verduras de estación, por medio de la que pueden hacerse pedidos y donaciones. Y en cuanto a donaciones, también se recibe el tiempo que quiera ofrecerse para el taller de apoyo escolar, de los días sábados.
En esta organización, María tiene claro su rol “Soy la que ayuda a emprender, a buscar precios, comprar, gestionar”.
“Es muy gratificante llegar a donde llegamos. Nos costó, pero es un grupo sumamente emprendedor, gente que quiere salir adelante, tener un trabajo que nos permita concretar más metas, tener en un futuro nuestra cooperativa, para lo que estamos cumpliendo todos los pasos…”.
María es la que tuvo la idea y además, puso en palabras lo que sucedía no sólo a ella sino a otros a su alrededor.
Debió ser durísimo abrir la boca, pero esto hizo que más gente se interesara para trabajar juntos. Unas veinte personas al día de hoy. “No es fácil ponerse de acuerdo, pero cuando tenés una meta todos decimos “vamos por ahí”. Las diferencias se dejan de lado y seguimos remándola”, afirmó.
“Hace un año nos presentamos en el Programa presupuesto participativo, que nos permitió acceder a una cocina, una heladera y ollas para el comedor. Y también ganamos en el programa presupuesto participativo global, que abarca al barrio. Presentamos un proyecto para contar con una herrateca, que tenemos desde hace un año, de manera que los vecinos puedan acceder a distintas herramientas, como moto guadaña, motosierra, andamios, herramientas de albañilería y de jardinería, para que la persona a la que le salió una changa no la pierda por no tener los elementos”.
Las herramientas se prestan con un sistema similar a de las bibliotecas, todavía sin cobrar una cuota pero con el compromiso de palabra de que esa herramienta volverá en el estado en que se la llevó para que otra persona pueda usarla. ¿Novedoso, verdad?
Como todo lo que se hace con ganas, a María esto de ser la gestionadora le absorbe casi todo el día. Pero sus hijas lo saben y acompañan. “Con 12, 11 y 7 años, mis hijas entienden la situación. Son nenas muy maduras, que me acompañan y saben qué poner en las bolsas, si no estoy, cuando llega gente a casa y pide mercaderías”.
“Ellas estuvieron a la altura de las circunstancias cuando estuvimos mal, nos acompañaron y están al pie del cañón” dijo satisfecha y orgullosa.
En el muro de Facebook del emprendimiento se pueden ver, además de las producciones, momentos como la preparación de la comida. También acceder a los pilares de la organización.
Así sabemos que el comedor “nace con la idea de hacer un poco más llevadera la crisis. Nos gusta lo que hacemos por quien viene cada martes, cada viernes, pero lo que más deseamos es que cada familia pueda tener su trabajo en blanco, su vivienda propia, salud pública digna, que puedan comer en familia lo que quieran comer… Mientras estaremos acá, acompañando como podamos, con las herramientas que tengamos para salir adelante. Están abiertas las puertas para el que quiera conocernos”.









