El golpe de estado fascista contra el gobierno constitucional de Evo Morales que instauró una dictadura en Bolivia, constituye un salto en calidad y abre un nuevo período, donde el avance de los gobiernos y sectores reaccionarios apadrinados y en coordinación con los EEUU avanzan en la región, aunque con serios escollos por la lucha popular y derrotas electorales como en nuestro país.
La característica en primer lugar se puede señalar en relación al papel de los EEUU en el contexto mundial y regional, donde la tasa de crecimiento de la principal superpotencia mundial se mantiene y en esta ecuación hace que, en la coyuntura, los EEUU estén atravesando un período de crecimiento y un crecimiento del 2% sostenido.
Esta realidad lleva al imperialismo yanqui a centrar su poderío en la disputa del patio trasero en América Latina y asentar su poderío de áreas estratégicas vinculadas a los recursos naturales de la energía como el petróleo y en particular el litio (donde Bolivia tiene el reservorio más grande del mundo de esta energía no fósil del futuro) (ver nota) y el control de reservorios de agua dulce. Acompañan dichos objetivos, una vez más, con una guerra de odio ideológico contra todo aquello que sea “estatal”, “popular”, “indígena”, “socialista”, etc.
Con la caída de los gobiernos llamados neo desarrollistas en la región, se desató una ofensiva desde los EEUU parándose en errores producto de los límites de esos procesos, la corrupción, etc, donde sumaron un monumental y aceitado operativo desde los medios y redes de comunicación utilizando los monopolios de la comunicación, los “fake news” (noticias falsas), y las plataformas como Twitter o Facebook como están haciendo en Bolivia, controlado directamente desde servidores del pentágono para ocultar el golpe y desinformar.
La consolidación de corrientes de derecha o centro derecha tiene componentes novedosos en nuestra región con similitudes, en algunos casos, a las expresiones de extrema derecha en Europa o el propio EEUU.
El apoyo de Trump sin tapujos al golpe en Bolivia, el papel de la OEA durante las elecciones y ya con el golpe y la masacre en desarrollo junto con la advertencia de Trump a Venezuela y Nicaragua (se podría sumar también a Cuba), no constituyen frases y hechos aislados sino más bien un nuevo “Plan Cóndor del Siglo XXI”.
Los escollos de la reacción
Estamos en presencia del pico más alto del desarrollo de este avance, y como tal concentra cuestiones dialécticas en cuanto a que es el momento de mayor despliegue y agresividad y a su vez decadencia. O, dicho de otro modo, hay signos de brutalidad como respuesta a un cuestionamiento y fracasos de las recetas económicas y sociales que aplican en la región.
Este puede haber sido un factor decisivo a la hora de precipitar el golpe de Estado en Bolivia, aprovechando la inestabilidad pre y pos electoral, las debilidades y errores políticos como reconoce el propio Evo, en particular con la FFAA y ONU. Pero el antecedente inmediato a esto fueron la creciente movilización y rechazo popular en Ecuador, Perú y en particular en Chile como la expresión más acabada de lo rancio de esta política neoliberal que no estalló antes por las alternancias, que en esencia no cambiaron ni la constitución de Pinochet, ni aplicaron reformas en cuanto a la vida del pueblo y solo sirvieron para sobrecargar el odio popular que ahora se pretende apaciguar con represión, asesinatos, vejámenes y una nueva constitución a la medida de los bloques mayoritarios.
Pero a Chile lo precedió Ecuador donde las movilizaciones y paros masivos hicieron retroceder a Lenin Moreno alineado con los EEUU, que lleva adelante un plan el FMI. Lo mismo en Perú con una crisis política que se llevó puesto a un presidente y donde todo el poder judicial está involucrado en una profunda corrupción. El hartazgo llegó a nuestro país donde el 27 de octubre el gobierno de Macri en alianza con el FMI y los EEUU fueron derrotados.
A los pocos días, las luchas permanentes exigiendo la libertad y las contradicciones en Brasil hicieron que Lula quedará libre, dejando de manifiesto que el juicio y la causa fueron armados para sacarlo de las elecciones en las que ganó el fascista Bolsonaro.
En Haití la crisis política es terminal y ya lleva más de un mes de movilizaciones con más de 45 muertos y desaparecidos por los enfrentamientos y el accionar de las bandas paramilitares en Puerto Príncipe y otras ciudades. La receta del gobierno de Moise en acuerdo con el FMI ha llevado al hambre y una desocupación del 70%. EEUU se aferra a ese país que está en el medio del mar caribe a solo 90 kilómetros de Cuba.
Un escenario complicado
Pero señalar esta realidad, no puede ocultar la complejidad que significa el poderío de los EEUU, las oligarquías y monopolios sobre la región que, si bien tienen problemas y crisis en sus gobiernos, aún lo controlan o se imponen como en Bolivia o acechan como en Venezuela o Cuba. Los resultados de las próximas elecciones en Uruguay también serán de importancia ya que está muy complicado para el Frente Amplio poder retener el gobierno.
La señal de crecimiento de la economía en Brasil da aire Bolsonaro que acaba de ser anfitrión del encuentro de los Brics, (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) mostrando que ese bloque económico goza de buena salud y ahora con su propio banco; el golpe de estado en Bolivia -primer reservorio mundial de Litio-; Paraguay con un presidente aliado de EEUU; Piñera en Chile; Lenin Moreno en Ecuador; Colombia aliada de EEUU y Venezuela en su propia crisis, muestran un la complejidad y un claro cerco sobre nuestro país gobernado por Alberto Fernández.
Otro reagrupamiento
Haciendo un recorrido en el intercambio de la reunión del “Grupo Puebla”, Alberto Fernández sostuvo que “América Latina no está pasando un buen momento”. Estuvieron presentes Dilma Rousseff, José “Pepe” Mujica, Fernando Lugo, Ernesto Samper, Álvaro García Linera, José Luis Rodríguez Zapatero y Daniel Martínez, entre otros dirigentes. Este grupo ya se había reunido por primera vez del 12 al 14 de julio de este año en la ciudad mexicana que le da su nombre, Puebla, donde 30 líderes de 12 países coincidieron en unir fuerzas y propuestas para consolidar un nuevo eje para “producir consensos regionales y articular políticamente al progresismo”.
El primer viaje como presidente electo de A Fernández a México fue una clara señal de unidad con el gobierno de López Obrador y se proyecta como una alianza con peso en el patio trasero de los EEUU. El perfil político del gobierno mexicano, encaja con el perfil de A Fernández en cuanto a mostrar un progresismo “no yanqui”, pero que negocia con esa superpotencia, mientras teje alianzas con China (a quien le concedió la construcción de la IV central nuclear en la ciudad de Campana) y Europa con quien se reunió con todos los embajadores que “descubrieron que Alberto no es Cristina”.
Tarea difícil
El nuevo período político tiene una dura realidad interna, y un escenario adverso en la región. La posición correcta de Alberto Fernández de condena al golpe de Estado en Bolivia y ofrecer asilo a Evo Morales, le traerá consecuencias en otros planos con respecto a los EEUU y Brasil, en el frente interno recibirá presiones de todos lados, y el 40% que ostenta Juntos por el Cambio lo harán sentir tratando de obstaculizar en el parlamento y hasta desestabilizar si fuese necesario.
Esta realidad recorrerá cada centímetro del nuevo período político, donde la lucha contra el hambre será una prioridad como se mostró en el lanzamiento del Consejo contra el hambre, (ver nota) una iniciativa multisectorial que asesorará a Desarrollo Social en la que participan los sindicatos, centrales sindicales como la CGT, la CTA-T y la CTA-A que conduce Michelli, organizaciones sociales, de DDHH y personajes de la cultura y el espectáculo.
En los vaivenes de la política se entrelazan contradicciones en cuanto a las prioridades y políticas que busquen resolver de fondo el hambre, la pobreza, la desigualdad social y la desocupación. Para ello, se deberá plantar claramente con respecto al pago de la Deuda, usuraria y fraudulenta, avanzar con las retenciones a los exportadores, estatizar los servicios esenciales, y poner en marcha la industria nacional, mirando a las Pymes con un criterio de sustitución y reconversión a favor del pueblo y la nación.
La señal de los EEUU a los que quieran emprender ese camino es el golpe en Bolivia. Pero tendremos que seguir el ejemplo del pueblo boliviano, sacar enseñanzas y aprender de los errores, sabiendo que hay que emprender la lucha sin apartarnos de la huella y prepararnos para enfrentar a los que quieren impedir el avance del pueblo por sus necesidades. la reacción va a tratar por todos los medios de hacer hocicar al nuevo gobierno, y el pueblo empujará más fuerte por las medidas necesarias. ¡Allí nos encontraran!




















