Inicio Internacional El “modelo portugués”: ¿milagro o espejismo?

El “modelo portugués”: ¿milagro o espejismo?

En estos meses se hicieron y escribieron toneladas de comentarios sobre el llamado “milagro portugués” como ejemplo a seguir para salir del abismo económico y social en que nos hundió el macrismo.

Curiosamente, mientras muchos políticos, académicos y periodistas del campo anti-macrista recomiendan ese “modelo” como una vía para volver al crecimiento tomando distancia del FMI y de los ajustes antipopulares, al mismo tiempo los políticos, académicos y periodistas ultraliberales −como los que escriben en La Nación− lo enarbolan como evidencia de que sólo se puede salir de la crisis con la fórmula hambreadora y entreguista del Fondo Monetario: préstamos extranjeros y una mayor “competitividad” externa basada en la liquidación de los derechos jubilatorios y laborales, “austeridad presupuestaria” (es decir achicar el gasto estatal en todo lo público: educación, salud, obra pública, planes sociales), y luz verde a los negocios privados de los monopolios internacionales y nacionales.

Repunte y negocios para pocos, ajustazo y deuda para muchos

La crisis económica mundial generada en 2008 por los grandes especuladores y usureros internacionales golpeó ferozmente a Europa. Los voceros imperialistas denigraron a Portugal como uno de los “PIGS” (cerdos) junto a Irlanda, Grecia y España. Portugal recibió 78.000 millones de euros en préstamos de la “troika” (FMI, Banco Central Europeo y Comisión Europea), que a cambio le impuso descargar un ajustazo bestial sobre el pueblo para pagarlo.

Desde 2011 y durante 4 años el gobierno conservador de Pedro Passos Coelho siguió las recetas de los acreedores: congeló el salario mínimo, rebajó en un 25% el sueldo de los estatales, recortó jubilaciones, amplió la semana laboral de 35 a 40 horas, facilitó los despidos de trabajadores y los desalojos de inquilinos, desreguló el mercado inmobiliario y promovió masivamente el turismo y la producción de bienes primarios exportables (Portugal se llenó de plantaciones de eucaliptus). En 2 años se duplicó la desocupación (del 7,5% al 16%); el 30% de la población pasó a ser pobre, y emigraron de Portugal más de 500.000 personas (el 5% de la población), en su mayoría jóvenes que pasaron a ser mano de obra barata en otros países de la Unión Europea.

Al estilo Rodríguez Larreta, el alcalde de la capital Lisboa convirtió la ciudad en el paraíso de empresarios y especuladores inmobiliarios alemanes y franceses, beneficiados con “visas doradas” (permisos de residencia concedidos a los extranjeros que compran casas y edificios por valor de más de 500.000 euros), mientras aumentaban sideralmente los precios de los alquileres para los inquilinos locales y se desalojaba a 2 o 3 familias por día. La idea era, y es, convertir a Lisboa y otras grandes ciudades en “paquetes” residenciales con estética y grandes proyectos urbanísticos aptos para potentados extranjeros. En junio de este año se multiplicaron las marchas del movimiento “Stop Despejos” (Stop Desalojos), con pancartas proclamando “¡Casas para todos!”.

Los conservadores pagaron sus políticas hambreadoras y entreguistas perdiendo las elecciones en 2015 a manos del socialdemócrata Antonio Costa; pero la coalición informal en la que a veces lo apoyan los “comunistas” del PCP y otras veces la propia derecha conservadora, aplicó un programa muy parecido. Ya con una mejor situación fiscal −pagada durante 4 años con hambre, desocupación y emigración por los sectores populares−, Costa aflojó un poco las medidas de “austeridad” descongelando el salario mínimo, aumentando las jubilaciones más bajas y ampliando las prestaciones sociales. Así logró mover un poco el mercado interno, reducir el déficit fiscal, atraer “inversores” y bajar la desocupación.

Pero esas políticas neoliberales, anteriormente de los conservadores y ahora de los “socialistas”, sembraron consecuencias sociales nefastas para las mayorías y ya conocidas en la Argentina de Menem de Macri: la desocupación se bajó creando empleos “basura”, mal pagos y poco calificados, con contratos temporarios y precarios; prolifera la “tercerización”. Por eso el sindicato de portuarios declaró el paro en solidaridad con los trabajadores del puerto de Setúbal (a 50 km de Lisboa, clave porque es la salida de las exportaciones de AutoEuropa, del grupo Volkswagen) donde el 90% de los estibadores y encargados de logística trabajaban con contratos por día…

Además, con la liberalización inmobiliaria los propietarios prefieren alquilarle a los turistas antes que a los habitantes; y las medidas de exención fiscal atrajeron a decenas de inversores inmobiliarios… chinos y rusos. La austeridad conservadora y “socialista” tiene a las universidades al borde de la quiebra, a los hospitales públicos vaciados de medios y de personal, a la vivienda social prácticamente inexistente, y al sistema ferroviario en caída libre.

En suma: “milagro” para un puñado de corporaciones ligadas al turismo extranjero y a capitales y mercados de los imperialismos europeos, y políticas antipopulares y asfixia presupuestaria impuestas por los usureros de la UE para pagar una deuda externa que se calcula en un 120% del PBI. La recuperación económica no fue para mejorar las condiciones de vida de los portugueses, sino para reducir el déficit y la deuda y para rescatar a bancos privados como el Novo Banco −uno de los antros de la especulación financiera quebrados durante la crisis−, al que el Estado portugués le inyectó 1.900 millones de euros de dinero público.

Otro globo que se pincha

Se entiende entonces por qué, a contramano de las ilusiones de muchos antimacristas y a la propaganda de los macristas, el globo del “milagro portugués” ya empezó a pincharse: tras 7 años de “crecimiento” luchan los desalojados y los portuarios, desde 2018 se desacelera el turismo, se desinfla la burbuja de la especulación inmobiliaria, y caen los propios índices de crecimiento (al 2,1% en 2018, apuntando a un 1,7% este año).
El “milagro” fue a los bolsillos de pocos; para las mayorías populares que lo pagaron y siguen pagándolo, es apenas un espejismo.

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