El gobierno descarga de manera brutal la crisis sobre las espaldas del pueblo. El hambre es el ADN del epílogo macrista. En las barriadas se la pasa a mate cocido y un pedazo de pan. Hay jubilados que comen cada dos días. Antes de las PASO ya había más de 5 millones de chicos que pasan hambre o no acceden a los nutrientes necesarios. Esa cifra se agravó dramáticamente en solo dos semanas con la mega devaluación. ¡No se aguanta más!
El gobierno esta a la deriva y su objetivo es que no se dispare el dólar porque es sinónimo de inestabilidad. Para el pueblo, el aumento del dólar significa nuevos aumentos en los productos de la canasta y medicamentos. La eliminación del IVA pasó desapercibida porque lo productos ya habían aumentado y porque volvieron a aumentar por la devaluación. Las provincias perderán cerca de 1.500 millones de dólares que fueron a bancar esa quita indiscriminada.
Pero el propio gobierno tuvo que volver sobre sus pasos aplicando medidas que antes tildaron de populistas, como el control de cambios y la obligación de liquidar divisas de los exportadores. Pero todo pende de un hilo, ya que si bien el gobierno trata de sacar provecho a la relativa calma cambiaria, las reservas no paran de caer. Ya no solo para sostener el dólar, sino porque se retira del sistema por temor a un nuevo cepo aún más amplio.
Las multitudinarias manifestaciones de las organizaciones sociales en la avenida 9 de Julio y el interior del país empujan para que se declare la Emergencia Alimentaria, destinando y redireccionando más partidas para la asistencia social. Al momento de salir este periódico, el Congreso con los votos de la oposición trataría, en una sesión especial, aprobar dicho proyecto en Diputados.
¿Quién pagará la crisis?
El gobierno de Alberto Fernández tomará un país desbastado con una inflación cercana al 60%, con niveles históricos de endeudamientos y vencimientos de pagos incumplibles. Con razón, se proponen tener en octubre una gran cantidad de votos (60%) para tener un gran respaldo popular y conseguir mucho poder político para negociar con los acreedores. Entonces un debate central dentro del Frente radica ¿hacia donde y para que se va usar esa fortaleza política?
Fernández ha dicho que la voluntad es “honrar la deuda pero no sobre los padecimientos del pueblo”. Eso, es justo pero encierra una contradicción insalvable: lleva a un camino que no es otro que ganar tiempo y renegociar plazos. Pero eso no evita el chantaje de los acreedores, en particular el FMI, al que le debemos 57.000 millones de dólares. Estos exigirán mas garantías, sobre todo luego de que fracasara el acuerdo con el macrismo y posterga el desembolso de 5.400 millones de dólares lo que llevaría nuevamente al borde del default y nuevas devaluaciones.
Ni los trabajadores, ni el conjunto del pueblo puede tolerar mas ajuste, así sea en cómodas cuotas. Hay que investigar a quiénes generaron y quiénes fugaron el 80% de la deuda y tomar medidas para que paguen. Esos, tienen nombre, apellido y razón social. Hace falta una moratoria para poder investigar y pagar solo la deuda que es legítima, pero por sobre todo hacer pagar a quienes han cometido un crimen económico contra la Nación Argentina y que han puesto como garantía nuestras riquezas y patrimonio nacional.
Alberto Fernández estuvo en España y Portugal. En el primero se trajo acuerdos para ser la puerta de entrada a la Comunidad Europea; y del segundo tomó la experiencia de como enfrentaron la crisis, la ruptura con el FMI y la lenta recuperación. La diferencia con Portugal radica en que se saldó la deuda con el FMI tomando prestamos del Banco de Europa, que también exigió medidas de “austeridad” en cuanto al deficit fiscal, con trabajadores mal pagos, muy por debajo de lo que ganan en otros países de la Unión Europea y sin lograr que recuperaran los puestos de trabajo perdidos.
La magnitud de la crisis que dejará el gobierno de Cambiemos trae al presente la necesidad de medidas que si hoy no se toman no se podrá salir del atolladero, como por ejemplo avanzar en una política impositiva gravando a los monopolios exportadores y a los terratenientes que poseen tierras ociosas. También avanzar en medidas que apunten la redistribución de tierras, atendiendo la emergencia económica y social promoviendo en perspectiva otro camino que el del monocultivo y los pooles de siembra. Vale tener en cuenta que, según los últimos censos, el 2,6% de extensiones de más de 5.000 hectáreas ocupan más del 50% del total de la tierra censada, mientras que el 50% de las tierras con menos de 50 hectáreas dispone de solo el 1% del total de la tierra para producción.
Ésta es una de las premisas que necesita el pueblo discutir, en vez de cuestionar desde las usinas de los mediso masivos las declaraciones de Juan Grabois que instaló el debate sobre esta cuestión planteando la necesidad, en el marco de la crisis, de expropiar para poner a producir las miles de hectáreas improductivas en manos de terratenientes. No vamos a ponernos a discutir la imposibilidad en el actual período sobre una Reforma Agraria. Pero sí con el protagonismo popular tomar medidas como las que implementó el peronismo como la ley de Colonización Nº 5.286, promulgada en 1948 y el Instituto Autárquico de Colonización que se dedicaron a la elaboración de planes de expropiación, colonización, arrendamiento, administración y venta de las tierras; y también de asistencia técnica.
Un primer indicio de la inquietud de Domingo Mercante por esta problemática (en el gobierno de la provincia de Buenos Aires entre 1946 y 1952) lo constituye la elevación de la Dirección Agropecuaria al rango de Ministerio de Asuntos Agrarios en 1949. Entre 1946 y 1951 se debatieron en las Cámaras de la provincia cerca de 60 proyectos de expropiación y colonización; muy pocos se convirtieron en ley. Al igual que entonces, ahora el solo hablar de estos temas hizo cargar de ira a la Sociedad Rural y otras entidades agropecuarias.
No se podrá salir del atolladero si no se lleva adelante la pesificación de las tarifas de la energía, en camino a la estatización de esos recursos vitales para la vida y la producción nacional. Felipe Solá planteó la necesidad de una Junta Nacional de Granos, donde el Estado tenga la garantía de un banco de semillas en valor peso para el mercado interno. Esto si bien es incompleto y apunta a una relación mixta con los monopolios que controlan el comerció y acopio de los cereales, es un avance y por supuesto causó gran revuelo y quejas de más de un monopolio exportador.
En síntesis, podemos decir que cada medida que se anuncia y que fortalecen el desarrollo independiente es rápidamente rechazada por sectores de clases dominantes que ya se van reposicionando en el nuevo período político. Los sectores populares deberemos trabajar para lograr una sólida unidad para empujar la lucha por las medidas, muchas de ellas contempladas en el programa del Frente de Todos, y otras que no las contempla pero que son necesarias tanto las de carácter urgente como las estructurales.
Hay que ganar en primera vuelta
El gobierno va aprovechar el efímero respiro de la economía para entrar en la campaña electoral, sin muchas expectativas y apostando a que en algunos lugares se despierten algunos sectores para por lo menos evitar que el mapa nacional se pinte totalmente de celeste y blanco. Por eso van a defender la Capital a como dé lugar, evitando un balotaje con resultado incierto. El cumpleaños que le armaron a Vidal convocó menos gente que Maradona en la cancha de Gimnasia. Por otro lado, Lavagna se mantiene con una postura que puede robar más al gobierno que al peronismo del Frente de Todos.
En los 47 días que quedan de campaña electoral, deberemos ser protagonistas con el MP Liberación en cada comando de campaña del Frente de Todos para ganar en primera vuelta de manera contundente. Debemos entablar relaciones con los sectores peronistas y otras organizaciones que componen el frente, ser parte de las actividades generales e impulsar las propias desde el MPL. Es muy importante las relaciones que hagamos y los compromisos con los sectores que van a gobernar en las intendencias y gobernaciones, para tener mas ventajas a la hora de conquistar e impulsar medidas que atiendan a las necesidades populares y la organización en los territorios como el trabajo, capacitación, el deporte para los jóvenes, la educación y la salud, entre otros.










