Tras el Cordobazo, René Salamanca fue ganándose un lugar como dirigente obrero dentro del SMATA hasta lograr su recuperación en 1972. Fue un período de auge contra la dictadura de Onganía-Levingston-Lanusse, en el que también se destacó la toma de la planta de Perdriel en 1970, cuando Agustín Funes era delegado. En ese torbellino, César Gody Álvarez, conocido como “El Gordo” Antonio, se instaló en esa Córdoba para construir el Partido Comunista Revolucionario, acabado de surgir tras la ruptura con el PC. Allí se conocieron y junto a otros compañeros y compañeras emprendieron ese trabajo. Constituyeron en ese entonces las agrupaciones clasistas 1º de Mayo. Fue con un trabajo paciente que lograron recuperar el sindicato de manos de los herederos de Elpidio Torres, un histórico dirigente del SMATA que venía de negociar 700 despidos con las empresas. La recuperación del sindicato significó un avance del clasismo y de importantes conquistas de los obreros automotrices cordobeses. Y en 1973 finalmente la dictadura cayó.
Tras la llegada de Juan Domingo Perón a su tercer gobierno y su muerte en medio de una fuerte disputa en su seno, se desataron los planes de un nuevo golpe de Estado. Fueron momentos complejos y difíciles, en que la masa de obreros, peronistas en su gran mayoría, sufrían también las consecuencias del Pacto Social. Este plan había sido encarnado por José Ber Gelbard, incluso desde antes de ser nombrado ministro de Economía por Héctor Cámpora en 1973 y luego sostenido por Perón. En ese contexto Salamanca sostiene la lucha obrera y se pronuncia contra el golpe de Estado “venga de donde venga”, como escribió en sus cartas abiertas publicadas por esos momentos. El mismo día del golpe de Estado, René Salamanca fue desaparecido. Los obreros de su planta respondieron ese mismo día con el abandono de tareas. Al mes siguiente, también Antonio fue secuestrado en Buenos Aires. Las clases dominantes lograron imponerse con este sangriento golpe. Pero la lucha popular siempre resurge.
Conversamos con Agustín Funes, quien hoy es secretario del Comunismo Revolucionario-PMLM de Córdoba.
–¿Cómo lo conociste a René Salamanca?
–En una reunión de las agrupaciones 1º de Mayo. Él tenía ya una presencia que había trascendido, desde la llegada de Antonio [a Córdoba]. Y a su llegada, a Antonio le impactó en una reunión con metalúrgicos. Ahí Antonio identificó a René como un hombre claro para la política y clave para encabezar la lucha en el proletariado cordobés.
–¿Por qué se decide que entre al SMATA?
–René no era obrero del SMATA pero era miembro de las agrupaciones 1º de Mayo. Y él las integraba a partir de haber entrado al partido. Entonces, él va viendo la importancia del SMATA en el Cordobazo y la importancia de Perdriel en SMATA. Él hace una relación directa para perfilarse en la idea de recuperar el SMATA. Él ya venía de una experiencia metalúrgica de conocimiento del movimiento obrero. Tejiendo en esa madeja, él ve que el SMATA es el principal gremio con una concentración proletaria, combativo y con una movilización permanente.
–¿Qué destacarías de su trabajo sindical?
–Primero, el conocimiento de la fábrica. Él entra a trabajar en forja, que es uno de los trabajos más pesados de la fábrica. A partir de ahí viene su participación en la elección de delegados en la que gana. Primero le hacen fraude, pero finalmente terminan reconociendo su triunfo. Se comprobó que él había ganado y la acción de la masa de obreros de matricería de forja que había votado empezó a levantar la protesta contra el fraude. Se hicieron nuevas elecciones y ganó. Él en un año, año y medio, había forjado un vínculo con la masa como pocos, que le había dado la posibilidad que frente a un fraude la masa misma se levantara en defensa de lo que había votado. Estábamos ya en la presencia de un dirigente clasista reconocido por un importante sector de la masa de trabajadores de la planta Renault-Santa Isabel. Él le gana allí al segundo de Elpidio Torres. Él avanza como delegado, es delgado, pero hace siempre un recorrido en su momento de descanso, esos momentos libres de las horas de comedor. Recorría la fábrica y hablaba con la gente, hablaba con los delegados de otras secciones e hizo una vinculación muy de abajo. En las reuniones [de partido] contaba qué le decían los obreros y cómo él se sentía que avanzaba en el camino de la unidad de ellos, en contra de cómo se dirigía el sindicato, y cómo iba siendo visualizado con la conversación que también transmitía con cada obrero que conocía. En mi caso, después de haberlo conocido y que nos despidieran [de Perdriel] luego de la toma, él conmigo caminó bastante. Y era un caminador con objetivos claros. Él me hacía una cita a las 8 de la mañana para ir a tal lugar, y antes me quería ir conociendo a mí más. Y yo le iba contando cómo era la fábrica, cómo habíamos estado… Y con eso él también abordaba a los otros compañeros que íbamos a ver, que muchos de ellos también eran de Perdriel. Eso lo identificaba a él como un dirigente que hacía un recorrido clasista para el conocimiento de la masa, y que a la vez iba tomando como centro la construcción de la agrupación y el acercamiento a cada delegado, y con eso ir fortaleciendo la estructura del partido. Desde las masas y desde la afiliación al partido. Una relación dialéctica que enriquecía todas las reuniones de Comité regional y las reuniones de la agrupación 1º de Mayo. Creo que eso es lo que a él lo fue identificando como un dirigente obrero y comunista. Era un tipo que le gustaba conversar, preguntar, era muy preguntador, y precisaba las respuestas. Que creo que lo aprendió mucho de Antonio eso.
–Siendo comunista, pasó a conducir un sindicato mayoritariamente peronista. ¿Cómo era esa relación?
–Él ayudo mucho a la construcción del partido y a la formación de cuadros. El partido tuvo que ver con todos nosotros, principales cuadros obreros. Él siempre se preocupó para que tuviéramos una lectura y un debate sobre el marxismo; y trabajó para que tuviéramos una escuela de cuadros. En Córdoba hicimos una experiencia muy buena, en la cual participaba él junto con Antonio. Lo que nos ayudó mucho. Tenía una relación dialéctica, todo lo que era la construcción del partido, lo de las masas. Algo que fue siempre claro en él y en Antonio, y él lo llevó a las masas, que era la unidad de clase contra la explotación, sean peronistas, radicales, de izquierda… principalmente junto a las masas peronistas. Esa actitud la vamos a ver en la lucha contra el golpe de Estado, donde él se define como antigolpista desde una posición de clase. Así se ganó un espacio como dirigente. Porque Elpidio Torres tenía un prestigio como dirigente obrero. Él lo sobrepasó y se ganó la posición frente al movimiento obrero peronista. En ese período no era muy fácil de hacerlo. Cuando viene el golpe él tiene una posición tomada frente la masa. Por eso es que es posible, porque la gran mayoría de la masa obrera del SMATA, y Santa Isabel en particular, era peronista. Y la reacción de la masa frente al golpe fue en relación a que era peronista y a que ese dirigente comunista revolucionario le había logrado ganar el corazón. Él tenía un dicho: al obrero hay que ganarle el corazón desde la explotación y desde cómo piensa cada uno. Y la reflexión que hacía sobre los peronistas, en una discusión con otros sectores de la izquierda, era decir: el problema no es hacerlo que deje de ser peronista; sino que se sienta fuerte como obrero para luchar contra el enemigo común junto a los comunistas. Sobre esta relación con la masa peronista, yo tengo una anécdota en Perdriel, que un obrero muy peronista, que era un tipo grandote, cuando hicimos la toma de la fábrica se puso atrás mío y me dijo: “Vos trabajate tranquilo, yo estoy atrás tuyo, ya conozco el oficio”. Me doy vuelta y le digo: “¿Cómo que conocés el oficio?”. Y responde: “Yo he sido guarda espalda de Elpidio Torres, yo creía en él porque soy peronista; pero basta, estoy con los que luchan como vos”. Una reflexión de un obrero peronista.
–¿Cómo llegó a escribir sus Cartas abiertas contra el golpismo?
–Llega a las cartas porque la masa confiaba en él. Él entró a la fábrica, aún con la captura recomendada y el gremio intervenido. Pero él logró entrar a la fábrica varias veces, un poco maquillado, como entraban los obreros a la mañana. Pero eso no le podía durar mucho tiempo. Entonces ahí viene el arte de combinación de formas de lucha y de llegada hacia la masa: que fueron las cartas. Eso generó un impacto en la masa que no sentía hablar a ningún dirigente peronista en contra del golpe ni para llamar a parar el golpe, así con esas palabras como lo hizo él en las cartas. Sosteniendo las diferencias que había con Isabel, pero respetando el pensamiento y la adhesión de la gran mayoría de la masa obrera con el peronismo. Relacionó muy bien eso y llegó a hacer llorar a muchos obreros en su lectura de las cartas. Esa práctica de ganar el corazón para ganar el sentimiento él lo llevó hasta el último momento de su vida. En las cartas está sellado esa práctica. No pudo entrar más a la fábrica pero se concentró en las cartas para poder tener la relación con esa masa.
–Previo a eso hubo una asamblea decisiva, en septiembre de 1974…
–Un mes antes se había realizado un acto en la Plaza de las Américas, que estaba prácticamente a la misma distancia de Renault Santa Isabel y que Fiat, que estaban los de Sitrac-Sitram. Entonces en esa asamblea estuvo Firmenich. Y luego, en la asamblea que se hizo en Santa Isabel en septiembre, la masa le hizo sentir haber estado con Firmenich, que Perón lo había echado de la Plaza… Porque la masa demostró que no se olvida de la historia de los que lo golpearon a Perón, su líder. Él venía luchando por los salarios y la masa había hecho un parate. Y entonces René dice: “La masa me está castigando; me está haciendo sentir lo que yo hice”. Él da una respuesta autocrítica a la masa sobre esto y reconoce haber dado un paso equivocado. Todo eso se va a condensar en la respuesta del amanecer del día del golpe de Estado en que además es secuestrado Salamanca, el 24 de marzo, y las medidas de fuerza que se hicieron ese día. Una respuesta que fue como decir: “Nos han llevado al principal dirigente que hemos tenido”. Fue la primera medida de lucha contra la dictadura. Claro que no se tenía plena conciencia, ni había por qué tenerla, de una cosa tan fascista. Pero hubo la respuesta aunque se mostraron los milicos en la calle.
–¿Cómo fue esa campaña antigolpista que se vio plasmada en las medidas en Santa Isabel el mismo 24 de Marzo?
–Sí, la respuesta fue contundente porque nosotros llevamos adelante en Córdoba una campaña muy profunda. Todo nos servía para golpear al golpe que se venía. Fuimos los únicos y creo que se destacó. Luego, peronistas de gremios y otros compañeros que se acercaron a conversar diciendo “nunca creímos que iba a ser así, ustedes tenían razón”. Aunque no se llegó a preparar una conciencia activa de grandes masas contra el golpe. Pero hicimos todo el trabajo posible para que la masa tuviera conocimiento de qué es lo que se venía. Eso es lo que encabezó y selló con las cartas René. Nosotros, cuando desapareció Salamanca, acá se pegaron 10 mil obleas en las paradas de ómnibus; pintamos paredes; pasacalles en algunos lugares. Hasta que fueron atrás nuestro y nos fueron persiguiendo muy de cerca. Así que hubo que tomar recaudos y así mismo nos golpearon muy fuerte. Fue una campaña que había que estar en la calle.




















