1968: Mayo Francés

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En mayo de 1968, Francia fue sacudida por la mayor oleada de luchas de su historia nacional, trayendo los ecos de la Comuna de París que casi cien años antes había conmovido el mundo y mostrado nuevos horizontes para las luchas obreras. La mecha la prendieron los estudiantes y rápidamente se extendió al movimiento obrero, que declaró la huelga general. Las barricadas callejeras y los adoquines con que los manifestantes enfrentaron a las fuerzas represivas, junto con los planteos que llamaban a subvertir todo lo establecido, se transformaron en los símbolos del Mayo Francés.

“No le pongas parches, la estructura está podrida”: un auge mundial

La rebelión francesa constituyó uno de los puntos más altos del extraordinario auge revolucionario y antiimperialista que surcaba el mundo de los años 60 y 70. Los pueblos del Tercer Mundo se levantaban contra el colonialismo y la dominación imperialista. El supuestamente todopoderoso imperialismo norteamericano estaba empantanado en Vietnam. La revolución argelina había logrado derrotar al colonialismo francés. La Revolución Cubana se alzaba victoriosa y proclamaba su carácter socialista, mientras el Che Guevara se transformaba en un símbolo revolucionario. En la Argentina la lucha contra la dictadura de la “Revolución Argentina” producía el Cordobazo y los estallidos obreros, estudiantiles y populares en varias provincias, gestando el desarrollo del clasismo en el movimiento obrero.

La entrada de los tanques soviéticos en Checoslovaquia para aplastar la “Primavera de Praga” desnudaba su carácter socialimperialista. Mientras, en China, la Revolución Cultural Proletaria impulsada por Mao Tsetung mostraba un camino para impedir la restauración capitalista sobre la base de la movilización popular.

Y el auge atravesaba también a los propios países imperialistas, con las luchas de la población negra y contra la guerra de Vietnam en EEUU, las luchas obreras del Otoño Caliente italiano y el Mayo Francés. Los llamados “Estados de Bienestar”, que se habían establecido tras la Segunda Guerra Mundial dando ciertas concesiones para evitar el avance del comunismo, empezaban a hacer agua, esbozando lo que luego vendría con la crisis económica mundial de los años 70.

“La poesía está en la calle”: el estallido estudiantil

La movilización en Francia tuvo su detonante en el movimiento estudiantil. En los años previos, este se había ido fogueando en la lucha mediante los movimientos antiimperialistas en apoyo al pueblo argelino. La brutalidad del gobierno de De Gaulle, cuyas fuerzas represivas habían asesinado a centenares de argelinos en las propias calles de París, generó un enorme rechazo en la juventud francesa. Esto alimentó un proceso de radicalización política que fortaleció a las tendencias maoístas, anarquistas, trotskistas, a despecho de un PC prosoviético totalmente integrado al sistema político francés.

Cuando en 1967 el gobierno pretendió avanzar con una reforma educativa, la “reforma Fouchet”, para reducir la cantidad de estudiantes y adaptar las Universidades a las necesidades empresariales, el movimiento estudiantil se puso de pie. Así, de los reclamos específicamente estudiantiles, se fue pasando a una crítica social global.
El 22 de marzo los estudiantes de la universidad de Nanterre tomaron el Consejo Directivo de la Facultad, y un mes después tomaron la casa de estudios en protesta por la detención de varios estudiantes que protestaban contra la Guerra de Vietnam. Fue tomada también la Sorbona, la más antigua y prestigiosa universidad parisina, pero la policía entró y detuvo más de 500 estudiantes. Esto desató el odio de decenas de miles de estudiantes y trabajadores, que tomaron las calles del Barrio Latino y, sin miedo, chocaron contra las fuerzas de seguridad, montando barricadas y usando los adoquines de las viejas calles como proyectiles. En los años siguientes, el gobierno francés se dedicaría a pavimentar todas las calles adoquinadas que quedaban en París.

La Sorbona fue cerrada por orden del gobierno y los estudiantes y profesores respondieron convocando a la huelga general educativa. El 7 de mayo 50.000 estudiantes y obreros marcharon hasta los Campos Eliseos, el aristocrático barrio parisino, mientras De Gaulle repartía palos al grito de “no es posible tolerar la violencia en la calle”. El 9 y 10 de mayo quedaron en la historia como “la noche de las barricadas”. La capital francesa volvía a lucir los mismos aires de 1848 y 1871, llenando de pánico a la burguesía.

“Obreros y estudiantes, unidos venceremos”: huelgas y tomas obreras

Presionada por la situación y por la agitación obrera, la dirección de la CGT francesa tuvo que sumarse al movimiento, decretando una huelga que las bases obreras ya habían comenzado a realizar en los hechos. La central obrera estaba dirigida por el PC francés, que intentaba por todos los medios impedir la generalización de la lucha y la confluencia obrero-estudiantil.

Casi 10 millones de huelguistas paralizaron completamente el país. Las ocupaciones de fábricas se sucedieron una tras otra. La emblemática fábrica de Renault-Billancourt fue tomada y 2.000 estudiantes marcharon hasta sus puertas a apoyarla. La huelga se fue extendiendo a los servicios: ferrocarriles, gas, electricidad y los grandes comercios. Los trabajadores de la TV francesa fueron a la huelga exigiendo que no se censurara la transmisión de los acontecimientos. Para el lunes 20 Francia estaba paralizada: escaseaban los artículos de primera necesidad, la nafta y la electricidad.

El gobierno de De Gaulle, junto al PC francés, comenzaron entonces a trabajar en una salida pactada. Así, la CGT anunció los “acuerdos de Grenelle”, por los cuales se daba aumento salarial del 35% a los trabajadores, pero fueron repudiados por las bases obreras. En una nueva maniobra, De Gaulle disolvió la Asamblea Nacional y convocó a elecciones generales, planteando por televisión que “Francia está sometida al peligro del comunismo totalitario”. El PC llamó a los trabajadores a terminar la lucha y esperar a las elecciones.

Mientras tanto, la represión se abatió contra los que continuaban las tomas y movilizaciones: las fábricas fueron desalojadas por la fuerza, hubo miles de detenidos, varios muertos en enfrentamientos con la policía y el 12 de junio el gobierno decretó la disolución de las organizaciones de “extrema izquierda”. Así, combinando promesas y palos, el movimiento fue finalmente desactivado.

“Seamos realistas, pidamos lo imposible”

El Mayo Francés fue y sigue siendo un gran símbolo de lucha. La movilización estudiantil y obrera mostró la profundidad de la crisis por la que atravesaba el sistema capitalista imperialista, hizo templar al Estado francés y esbozó un camino revolucionario de emancipación social, cuestionando todas las formas de explotación y opresión. A cincuenta años de aquellos hechos, vale la pena conocerlo y estudiarlo, extrayendo las lecciones que deja para las luchas del presente y para una perspectiva de futuro.