Contra la reforma esclavista, el ajuste y la entrega nacional, no podía ser de otra manera, cientos de miles de trabajadoras y trabajadores ganaron las calles de todo el país para rechazar el proyecto de esclavitud laboral que pretende el gobierno y aquel 1% que detenta el poder en el país.
Con una economía en franca recesión, asomando la depresión, donde la capacidad instalada en la industria ya superó la pandemia del 2020, solo en los últimos cuatro meses 40 mil Pymes, cerraron, marcando también el ritmo en ascenso de la conflictividad social que se puede ver en las respuestas de aquellas industrias y lugares de trabajo que cierran o despiden, aunque sean silenciados por los medios hegemónicos. En los dos años de gobierno se perdieron más de 270.000 puestos de trabajo. Los salarios perdieron cerca del 30% del poder adquisitivo. Un kilo de asado cuesta mas de 15 mil pesos el kilo.
La masiva movilización en todo el país contra el proyecto de flexibilización laboral tiene este trasfondo que por mas que se lo oculte, está y crece, porque es la lógica del no plan económico que se basa en planchar los salarios, caída del consumo, sostener el dólar a la baja y endeudarse para sostener las importaciones y la fuga de capitales.
Ahora, el gobierno celebra que la desocupación bajó al 6,6% en el último trimestre según un informe del INDEC, pero oculta que esos 210 mil nuevos puestos de trabajo son en absoluta precariedad que según marca la letra chica de ese mismo informe ha crecido en 205 mil, o sea, celebran la precarización de aquellos que perdieron los trabajos formales y pasaron a la informalidad de las aplicaciones Rappi o Uber ¡para poder subsistir!
Unir en las calles a la mayoría que votó dividida
El 18D marcó una vez más desde donde el pueblo se hace fuerte y puede desequilibrar los acuerdos por arriba. No es el parlamento el instrumento central desde donde los sectores populares pueden imponerse. Los logros puntuales en este escenario muchas veces se basan en las movilizaciones y descomposición social que amenaza acuerdos coyunturales por arriba o simplemente la perspectiva de la conflictividad social a futuro hacen desarmar pactos como los tomados por los gobernadores acuerdistas, asfixiados por las deudas, para apoyar el proyecto de presupuesto llevado por el ejecutivo donde el gobierno si bien logró aprobarlo en diputados, tuvo que saborear la derrota de los artículos que les quitaba la emergencia y presupuestos a la discapacidad y universidad, entre otros, porque los legisladores de esas provincias votaron en contra en particular para no pagar los costos.
Las acciones de lucha es la que puede volver a unir a todo aquel espectro de la sociedad que votó en un 70% contra el gobierno en las últimas elecciones, pero se dividió en diversas opciones. La lucha cambia los ánimos y es allí desde donde se puede construir un vértice popular que de un cauce y capitalice el descontento que fluye por abajo en nuestro país.

Solo ignorantes o crueles pueden estar contentos o satisfechos con la quita de derechos laborales, salarios de pobreza, represión a los jubilados y discapacitados o entrega lisa y llana de nuestro territorio, mares y ríos.
Hay que unir a lo que votó dividido en las elecciones de octubre, porque las consecuencias están a la vista y son desastrosas, donde solo ganan los que detentan el poder en el país y van por más, porque ya no les alcanza con la que amasaron y necesitan, por su naturaleza, esclavizar más la mano de obra, quitar derechos y recursos a los sectores que nada tienen y sectores medios, arrasar con la naturaleza, envenenar el agua y la tierra y llegar a cercenar las libertades democráticas y las instituciones tal como las conocemos. El autoritarismo y la represión es “su lugar en el mundo” para hacer pasar sus objetivos.
Video de la multitudinaria marcha del 18D en Bahía Blanca
19 y 20 de diciembre: el mismo camino
Los acuerdos de unidad que se lograron en varias provincias como Tierra del Fuego marcan un camino posible para que el 18D sea un punto de inicio hacia la contraofensiva popular, como sostenía Horacio Catena en el acto de la unidad sindical, es en la calle y con el paro general donde la clase obrera podrá imponerse y cambiar la agenda hasta lograr objetivos como discutir el Salario Mínimo Vital y Móvil que abarque todos los rubros que necesita una familia para vivir dignamente y salir de la pobreza, pero también avanzar con una política de desendeudamiento ya que mas de la mitad de la masa asalariada está endeudada con las tarjetas por no llegar a fin de mes.
Un camino donde se parta de la lucha para frenar el hambre y la entrega, pero a la par ir construyendo unidad con propuestas superadoras que nos acerquen a la soberanía en todos los sentidos, sabiendo que el primer paso es terminar con esta política y este gobierno.
Al cumplirse 24 años del Argentinazo, aquella gesta popular del 29 y 20 de diciembre del 2001, donde la pueblada se llevó puesto al gobierno ajustador y entreguista de la Alianza, la historia vuelve a mostrar donde está el camino para hacer tronar el escarmiento frente a tanto latrocinio. Gestas populares como las del 17 de octubre de 1945 o el Cordobazo de 1969, el Santiagueñazo de 1993, vuelven una y otra vez con nuevas improntas y protagonistas, pero con los mismos objetivos: terminar con la pobreza y la entrega. Es la lógica de los pueblos y se repetirá una y otra vez hasta alcanzar su liberación.
¡Trabajemos para darle continuidad al 18D! Discutamos miles de iniciativas en cada lugar para arrancar el paro nacional con bloqueos y cortes de rutas, forjando las necesarias unidades coordinadoras dotadas de un programa soberano para derrotar el proyecto laboral esclavista en el camino de terminar con esta política y este gobierno antes que sea demasiado tarde.










