El coronavirus se expande en el mundo, el epicentro se trasladó a los EEUU que pasó ser el país con mayores números de infectados, seguido por España, Italia y China.
En nuestro país se reconoce que la pandemia se agarró a tiempo y se tomaron las medidas preventivas que correspondía como es el aislamiento social obligatorio. Pero junto con esta medida, se tomaron una serie de políticas económicas y sociales que se fueron imponiendo a medida que avanzaba la cuarentena.
Hoy, a dieciséis días de haber arrancado la cuarentena, la situación fue atravesando diferentes momentos donde los corredores de pobreza salieron a la superficie mostrando las condiciones de vida del pueblo y es allí donde está la parte más delgada de la soga, donde el hacinamiento, la pobreza, el hambre, los femicidios que aumentaron por el encierro (ya llevan 15 denunciados) y el abuso de las fuerzas represivas van de la mano.

La situación es delicada porque hay dificultades burocráticas e internas en la distribución de alimentos, y por otro lado, la gran mayoría de lxs vecinxs de esos territorios trabajan en negro, en la construcción, en casas de familia y de prolongarse esta situación no aguantan sin traer dinero a la casa, ya que los 10 mil pesos alivian, pero no resuelven.
Frente a esta situación, vemos que el Gobierno optaría por flexibilizar el aislamiento luego del 13 de abril por presión de los grandes empresarios y la cúpula de la CGT. Pero resulta contradictoria cuando el propio Alberto ha afirmado que el pico del virus se espera para fines de abril y la primera semana quincena de mayo. Si el balance del encierro social, hasta ahora ha demostrado ser positivo, la razón para no extenderla por lo menos hasta fin de abril principio de mayo solo se explica en ceder a esta presión poniendo en riesgo los avances logrados.
Por el contrario, se debería mantener y profundizar las medidas económicas y sociales como duplicar la ayuda de 10 mil pesos, obligar a todos los bancos privados a que efectivicen los créditos blandos para las Pymes y lejos de ceder frente a los grandes empresarios que no quieren perder ni un dólar, poner en marcha de manera urgente un impuesto por la pandemia a ese 1% más poderoso de la sociedad, como Rocca de Techint, la banca privada y el puñado de monopolios industriales, agroexportadores y de los medios que se la llevan con pala y fugan sus divisas a paraísos fiscales.
Mantener la iniciativa
Es importante no perder la iniciativa y profundizar las medidas tomadas para aliviar la situación social, como el bono extraordinario de hasta $3000, a cobrar en abril para lxs jubiladxs y pensionadxs que cobran el haber mínimo, obligando a los bancos privados a abrir todas sus sucursales para evitar amontonamientos.
Mantener el refuerzo sobre la asignación universal por hijx, duplicar el Ingreso familiar de emergencia de $10.000 y extenderlo hasta junio.
Extender la flexibilización y baja de tasas para créditos dirigidos a empresas Pymes y Cooperativas obligando a los bancos privados a otorgarlos inmediatamente.
Extender y ejercer un estricto control en toda la cadena de los precios máximos para 2300 productos de consumo masivo.
Obligar a las empresas de servicios a que cumplan con la prohibición de cortes de servicios públicos, y extender y garantizar que lleguen otras medidas que se han tomado y llevan alivio al pueblo.
La economía
Sobre esta fuerte presencia del Estado en la pandemia, se cierne una situación muy adversa en materia económica. Los últimos datos del Indec en cuanto a la pobreza, 35,5%, en el segundo semestre del 2019 terminan de confirmar la tierra arrasada que dejó el macrismo.
La recesión se ha profundizado con la economía paralizada salvo en los sectores que están vinculados a las excepciones de la pandemia como los alimentos y limpieza. El Gobierno está en emergencia, la recaudación impositiva de marzo ya comenzó a sufrir los efectos del parate económico, y registró un pobre incremento interanual del 35,3%, o sea, 17 % menos que en el Índice de Precios al Consumidor (IPC) (50,3% según el INDEC).
Las provincias estuvieron reunidas la semana pasada con el presidente y varias, quizás la mayoría, manifestó su situación económica crítica donde muchas no aguantan un mes más sin caer en la cesación de pagos. Es que arrastran deudas en dólares que tomaron durante el macrismo para pagar los gastos corrientes en pesos. El default es inminente sobre esas deudas si no son auxiliados por el Estado nacional.
La perspectiva es negra, ya que la “coronacrisis” mundial golpea de manera brutal sobre los países dependientes como el nuestro donde dejamos de recibir los dólares de los commodities como la soja y otros cereales que se venden principalmente a China.
La caída del petróleo a niveles históricos en el mundo, puso en terapia intensiva el proyecto en Vaca Muerta. Ahora son las petroleras las que exigen un “barril criollo” en el precio en acuerdo con las provincias. El gobierno concedió por el cual el Estado inyecta millonarios subsidios para sostener el precio del crudo nacional.
Frente a esta situación, la salida que va poniendo en práctica el ejecutivo es emitir dinero para hacer frente a los gastos corrientes. Pero eso es insostenible en el corto plazo, ya que derivaría en una escalada inflacionaria sin control.
Chantaje empresario, ¿aflojar o ir a fondo?
La cuarentena ya lleva 16 días y el pico del virus todavía no llegó. Se entra en una curva muy empinada del encierro y el mal humor en diferentes sectores medios empieza a manifestarse, sobre todo a partir de que el gobierno prolongó el aislamiento.
En este contexto, los sectores de monopolios industriales y financieros con los principales medios de comunicación empezaron a presionar para retomar la normalidad y volver a la producción de ramas que están paradas. También se cargan a sectores de pequeños empresarios y comerciantes que lo van a perder todo luego de la pandemia.
Varias empresas empezaron a suspender, despedir o avisar que no respetaran los acuerdos de paritarias o plantean rebajar los sueldos. El monopolio internacional del acero, Techint fue el que mostró las barajas de esos sectores de clases dominantes despidiendo a 1450 trabajadores de la construcción en una clara maniobra desestabilizadora hacia el gobierno. Alberto respondió diciéndoles miserables y un DNU que impide los despidos por 60 días.

La respuesta de Techint fue desafiar la conciliación obligatoria (amparado en el convenio firmado con la UOCRA), dando la señal para la contraofensiva. Clarín marcó el fin de la tregua al igual que otros medios tomando las palabras del presidente cuando dijo “muchachos ahora les va tocar ganar menos”, interpretado (¿o se filtro?) como la posibilidad de cobrar un impuesto a la riqueza, pusieron el eje en el “abuso de poder”, mediante los DNU, y el “autoritarismo que va sobre la propiedad privada” cuando salió la posibilidad de poner las camas de las clínicas privadas al servicio del Estado.
Los “cacerolazos” estimulados por un sector de Juntos por el Cambio (sin iniciativa y divisiones internas) buscó darle un “componente social” para que se “hagan gestos desde la política” con la rebaja de los sueldos y ahora el presidente del radicalismo, Alfredo Cornejo, le suma otra iniciativa gorila presentando un proyecto para que los trabajadorxs no paguen los aportes sindicales, justo cuando el presidente se muestra con Moyano que cede la clínica recién inaugurada del sindicato para la pandemia.
La marcha atrás frente a los dueños de las clínicas privadas, y la ampliación de los rubros y ramas del trabajo que pasan a ser “esenciales” es una señal de que gobierno empieza a retroceder frente este sector de la oposición y muestra el avance en su seno de expresiones que coinciden con esos monopolios.
El pago de intereses de deuda por 250 millones de dólares ya fue una señal por donde se podían “filtrar” estas presiones, porque “si en medio de la pandemia se cumple con los estafadores de la deuda, porque no cumplir con otros sectores”.
Ahora es cuando
El camino no es ceder ante las presiones de los monopolios y sectores que solo les preocupa sus ganancias aún por sobre las muertes. Por el contrario, hay que hacer efectivo el dicho “tienen que ganar menos” y materializarlo en un impuesto de emergencia para que lxs trabajadorxs y sus familias puedan estar tranquilos en sus casas y vencer al coronavirus. Para hacer efectivo el dicho, se puede tomar los propios datos que cuenta la AFIP donde el 1% más rico de la Argentina declara activos por US$ 89.252 millones en Bienes Personales.
Como se puede observar, la crisis plantea oportunidades entre otras cosas, porque muestra descarnadamente donde están los problemas y las soluciones. Y estos sectores financieros, monopólicos, terratenientes y las expresiones políticas que los sostienen, son precisamente la parte del problema porque son los sostenedores de una estructura de país deformada y atrasada basada en el saqueo y la dependencia, que llevó al derrumbe del sistema de salud y el avance de enfermedades que habían desaparecido en nuestro país. Que implantaron las muertes por hambre en nuestro territorio y ahora, como si nada, buscan rápidamente “volver a la normalidad” sin importarles nada, solo sus ganancias.

Entonces, una vez conocidas las causa del problema, la acción posterior es la que en definitiva cuenta. O se mantiene o “maquilla” lo mismo o se transforma esa realidad. Las dos posibilidades están y la pandemia la ha mostrado como nunca antes en el mundo.
¿La disyuntiva es entre el “capitalismo salvaje” o un “capitalismo más humanizado”? o por el contrario, ¿habrá llegado la hora de empezar a trabajar por un periodo de transición con medidas que tengan que ver con una salud, educación, ciencia y producción al servicio del pueblo?, basado necesariamente en el cambio de matriz productiva, abandonando progresivamente el monocultivo controlado por el agro negocio, el extractivismo contaminante y la explotación energética monopólica y destructiva.
Un política donde el ser humano y la solidaridad estén en el centro y por tal razón la elaboración de las políticas deben ir proyectadas a no volver a la destrucción de los ecosistemas y la producción nacional.
Para ese periodo de transición, que encierra un entramado de contradicciones (entre los que quieren quedarse, volver atrás y los que queremos avanzar), el Estado debe fortalecerse, pero desde otra perspectiva, volviendo a contar con los recursos estratégicos y esenciales en sus manos.

¿Acaso, no es una enseñanza que nos deja la pandemia contar con más y mejores hospitales públicos, fabricación estatal de medicamentos y componentes sanitarios, cuando un catéter le cuesta al país 150 dólares?
¿No habrá llegado la hora de que el Estado tenga el control de la banca y el comercio exterior, cuando el gobierno destina 350 mil millones de pesos para créditos Pymes y cooperativas a baja tasa, pero los bancos privados buscan la manera de no entregarlos atentando contra el país?
¿No habrá llegado la hora de que el Estado vuelva a la Junta Nacional de Granos y Carnes, si los monopolios internacionales controlan el comercio de los cereales y son ellos los que conspiran y son parte de los que violan el congelamiento de precios de los alimentos?
¿No habría que suspender los pagos de la deuda pública, ilegítima y fraudulenta, investigarla y destinar ese dinero a la crisis sanitaria y reactivar la producción nacional?
Si los monopolios de la energía, que fijan las tarifas en dólares, promueven quita de regalías y tarifazos para mantener la permanente fuga de divisas constituyendo un impedimento para el desarrollo del país, ¿no habrá llegado la hora de que el Estado controle estos servicios esenciales para el pueblo?
La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer. Hay sectores que se empeñan en resucitar un modelo que ha llevado a que el pueblo y el país esté en una crisis profunda y soportando una pandemia histórica. Hay otros que buscan una utopía en lograr la armonía de esa rapiña con el pueblo, y hay millones que tienen la oportunidad de ser protagonistas de lo nuevo. Un camino que nos acerque a la liberación nacional y social.











