Unificación de la CGT: Una puesta en escena

La unidad del movimiento obrero es un sentimiento muy profundo entre los trabajadores argentinos. Tiene que ver con su historia, con un grado de conciencia en años de lucha donde siempre la piedra de toque para los explotadores fue la de dividir para hacer pasar sus planes. No solo eso, también abundan los ejemplos de presos y asesinatos de grandes dirigentes sindicales que no pudieron quebrar y dieron su vida por los intereses de los trabajadores. La dictadura más sangrienta que conoce nuestra historia se cobró la vida de miles de delegados, activistas y dirigentes del movimiento obrero, como el comunista revolucionario René Rufino Salamanca y en él los mencionamos a todos.

Sin lugar a dudas las políticas que vinieron posteriormente a partir de la dictadura solo pudieron ser explicadas por el tamaño de la masacre que se perpetró contra la clase obrera principalmente, por eso ese sentimiento de unidad trasmite de generación en generación.

Pero ¿ese es el camino que se emprende en esta nueva etapa en la CGT? Nada más lejos de ese noble sentimiento, ya que hace mucho que la CGT dejó de ser un instrumento de unidad de los trabajadores para transformarse en una caja de resonancia de los posicionamientos de los diferentes monopolios industriales, principalmente, que están detrás de los dirigentes sindicales que son parte ya de la estructura del Estado.

El triunvirato de la “unidad”

Hablar de la unificación de la CGT es un decir: la mesa no estará integrada por gremios como el SMATA, Unión Ferroviaria, La Bancaria, UATRE, para contar solo los más importantes entre otros tantos, teniendo en cuenta que hay más de 2500 entidades gremiales registradas con personería gremial o simplemente inscripta.

Se mostraron corrientes sindicales que tomaron posicionamiento con respecto a la nueva situación, unos que no fueron, y otros que estuvieron y se retiraron al no poder “colocar” un representante en la mesa como es el caso de la “Corriente Sindical Federal” integrada por sectores kirchneristas con el radical Palazzo (Asociación Bancaria) a la cabeza, quien pidió que se aprobara un paro general.

Otros directamente no fueron, como es el caso de los gremios agrupados con Gerónimo “Momo” Venegas (UATRE) enrolado en el PRO y peón de la Mesa de Enlace. Tampoco fueron los del MASA (Movimiento de Acción Sindical Argentino) que lidera Omar Viviani (taxistas).

La triada que conducirá la CGT está integrada por Juan Carlos Schmidt (Dragado y Balizamiento), Héctor Daer (Sanidad) y Carlos Acuña (Estaciones de Servicios), estos últimos vinculados al Frente Renovador de Sergio Massa, lo que muestra la hegemonía y hacia donde emprenderá el rumbo político esta conducción.

Hugo Moyano –que deja a Schmidt en la mesa– se aleja de la conducción luego de 12 años. Su hijo Pablo que muestra “el alma dura” de Hugo: señaló días antes del Congreso en un encuentro de la juventud sindical que la nueva conducción va a tener que salir a la calle. Al día siguiente del Congreso su padre se fue a almorzar con Mauricio Macri, dando una señal de diálogo luego del discurso más duro en la clausura del Congreso.

El clima en general fue el de “marcar la cancha” al gobierno y no descartar medidas de fuerzas. Se escucharon frases como “la necedad de la política económica que claramente llevó a cabo este gobierno”, “no nos van a vencer”, etc. Pero también se escucharon amenazas como las de Barrionuevo: “Nos quieren venir a imponer medidas de fuerza cuando recién estamos consagrando la unidad del movimiento obrero y creemos que es una falta de respeto. No sé si somos sabios pero sí prudentes y sabemos cuándo, qué día y a qué hora vamos a saber asumir la responsabilidad”… Algún día ¿será?

¿Y el paro nacional?

Los tiempos que corren para estos jerarcas no son los del movimiento obrero que viene de sufrir una de las sangrías más grandes en tan corto tiempo de un gobierno, con crecimiento de la pobreza, la desocupación, la precarización y la persecución. La tregua es la moneda de cambio que se evidenció en estos diez meses de gobierno. Esa moneda de cambio tiene el precio de los 2700 millones de pesos que el gobierno devolvió de las obras sociales sindicales y el proyecto enviado por el Ejecutivo para modificar el impuesto a las ganancias que ya está para entrar en el Congreso. Dijo Barrionuevo: “El plan económico del gobierno va en contra de los trabajadores, pero hay que darles la chance de corregir. Les pedimos el dinero de las obras sociales, lo devolvieron. Les pedimos la modificación al Impuesto a las Ganancias, en estos días saldrá el proyecto”.

Las razones políticas de demorar el paro nacional es no sumar más golpes a los que viene recibiendo el gobierno. Primero por la economía que no repunta (caída del consumo, la industria, más desocupación y pobreza); segundo por el fallo de la Corte Suprema sobre los tarifazos que dieron un cachetazo al gobierno.

En definitiva fue una “puesta en escena”, un acuerdo de un sector del movimiento obrero que tiene más que ver con el entramado político de dentro y fuera del PJ que un congreso de unidad de cara a las necesidades urgentes de los trabajadores, como la apertura de paritarias, los despidos, la ofensiva del Ejecutivo y judicial sobre los derechos laborales. O como la persecución y criminalización de los dirigentes sindicales combativos, que se expresa en la exoneración y quita de tutela sindical a Horacio Catena, secretario general del SUTEF y CTA de Tierra del Fuego, echándolo del Estado. Es un antecedente que no se ve desde la salida de la dictadura, que corporiza los objetivos sobre las organizaciones sindicales, violando leyes y la propia Constitución Nacional.

Pero no podemos pedir peras al olmo, por más que no descartamos el llamado a un paro nacional por parte de esta nueva CGT. Aunque aún está lejos, a decir de las declaraciones de Andrés Rodríguez (UPCN) quien afirmó que “hay un deterioro de la realidad social y laboral en el país” pero que la CGT mantendrá “un plan de acción” que priorizará “ir solucionando los problemas por la vía negocial”(sic). Entonces la tarea de los sectores clasistas y combativos es desatar la lucha desde abajo y forjar la más amplia unidad como se mostró en la lucha ferroviaria, de Tierra del Fuego y otras que imponga a las centrales sindicales un paro nacional para frenar la política macrista y de los ceo’s imperialistas.

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