Inicio Opinion Los juegos olímpicos de Tokio y nuestra lejanía del podio

Los juegos olímpicos de Tokio y nuestra lejanía del podio

La venezolana Yulimar Rojas, se alzó con la medalla de oro con triple salto y marcando un nuevo récord mundial.

De esta manera encabeza la legión de latinoamericanxs que han conquistado varias medallasen el atletismo de los Juegos Olímpicos de Tokio con atletas cubanxs, colombianxs, mexicanxs, brasileñxs y dominicanxs.

Yulimar Rojas es entrenada por el atleta cubano Iván Pedroso, campeón olímpico en Sídney 2000 en salto de longitud (Cuba da un lugar muy especial al deporte desarrollado como política de Estado desde el triunfo de la revolución). La venezolana Rojas ha sido la atleta latinoamericana más estable del ciclo olímpico. Ganó los Mundiales de 2017 y 2019 y mejoró su marca en más de 40 centímetros desde 2016.

EL DEPORTE EN TIEMPOS DE DEPENDENCIA

El medallero latinoamericano al 1° de agosto alcanza las 32 medallas. Solo Brasil tiene 10 medallas. Pobre cosecha para un continente, pero rica en dar ejemplos de cómo las políticas económicas y sociales en los países dependientes como los latinoamericanos afectan directamente en el deporte, y como esa base económica dependiente y en disputa, va indisolublemente unida a una superestructura cultural igual de dependiente, donde “nos toca ir detrás” de las potencia mundiales, “donde encontraremos los estereotipos deportivos” sostenido por la fuerza que ejercen esas potencias y sus monopolios sojuzgando a nuestros países con el acuerdo de los gobiernos. Los sponsor de marcas deportivas y tarjetas de crédito internacionales, petroleras o empresas de cervezas juntos a los derechos televisivos y satelitales, son apenas la muestra de cómo los Estados aceptan y se entrelazan en esa dependencia del financiamiento de los deportes de alta competencia.

Pero la historia también mostró que los países que rompieron con la dependencia impulsaron desde el Estado la cultura deportiva como política soberana y estratégica para el país. El prestigio y tradición en determinadas disciplinas deportivas que vemos en potencias como China y Rusia se ha mantenido a lo largo de décadas hasta nuestros días y tienen su origen en las políticas de Estado que conquistaron luego de la revolución y la construcción del socialismo. Aún con las restauraciones, el pueblo siguió defendiendo esas conquistas, aunque sus gobiernos también lo utilizan como un factor de prestigio y dominio que no es ajeno a la elitización de determinadas disciplinas y la influencia de los monopolios imperialistas que alientan y “ayudan” económicamente a determinados atletas. 

Países como Cuba son un ejemplo en determinadas disciplinas deportivas. Una cultura deportiva donde subyace la herencia de las conquistas revolucionarias y socialistas. Tradiciones que han perdurado junto con la salud, aunque diezmadas por sus largos años de bloqueo asesino de los EEUU, los acuerdos desventajosos con la Rusia imperialista y los factores de una economía diezmada.

En nuestro país en la década gobernada por el peronismo y hasta el golpe de Estado de 1955 el deporte fue una política de Estado. Se vinculó el deporte con la salud, promoviendo el acceso de lxs hijxs de lxs trabajadores a deporte. Se rompió con las elites que llegaban a los deportes de alto rendimiento y fue masivo el acceso de las mujeres a diversas disciplinas deportivas. Se fomentó desde lo económico y social la construcción de complejos y clubes deportivos principalmente en el interior del país. Los sindicatos tomaron el trabajo deportivo y el esparcimiento como una política estratégica para los trabajadores. Los “Torneos Nacionales Evita” fueron creados desde la Agencia Nacional del Deporte en el año 1948, lanzado desde la Ciudad de Mar del Plata con el objetivo de promover la solidaridad y la amistad en las disciplinas individuales y colectivas. Fueron destruidos inmediatamente luego del golpe de Estado de 1955. 

El DEPORTE: ENTRE LA ÉLITE Y LO POPULAR

El papel de nuestro país en los JJOO ha sido de gran pobreza no solo en las disciplinas como el atletismo, sino también en otras de trabajo en equipo. Hasta ahora solo contamos con una medalla de bronce del equipo de Rugby y tenemos muchas esperanzas de medallas en Vóley masculino y Básquet que pasaron a cuartos de final.

Está realidad muestra un Estado ausente en la preparación del alto rendimiento, que a su vez es demostrativo de que el deporte en nuestro país NO ES UNA POLÍTICA DE ESTADO desde 1955 a la fecha.

El presupuesto del Ministerio de Turismo y Deportes, a fin del año 2020 se incrementó 309% (12.102 millones de pesos) habiendo recibido del gobierno anterior un presupuesto de 2.960 millones de pesos, mostrando como el gobierno de Juntos por el Cambio llevó adelante una des financiación brutal desde la secretaría de deporte donde se desplegaron políticas en claro beneficio a los grandes clubes y el negocio de empresas y la televisación paga.

Esta política fue promovida por el Comité Olímpico Argentino (COA) y el ENARD presidido por Gerardo Werthein, de la “Familia Werthein”, (grupo monopólico dueño de decenas de empresas vinculadas con el agronegocio, la energía, comunicaciones, alimentos y aseguradoras, entre otras), vinculado a los negocios en el deporte aprovechó también sus relaciones internacionales desde el lugar que ocupa en el COI (Comité Olímpico Internacional). Este “exitoso empresario” asumió como presidente del COA en el año 2009, y es la muestra de la injerencia de los monopolios, la privatización y elitización del deporte.

El actual período fue marcado por la pandemia y la recuperación de políticas y programas específicos desde la Secretaría de Deportes.

Se pusieron en marcha decenas de programas de asistencia a los clubes del interior con ayudas en infraestructura, promoción y subsidios. Pero estos muchas veces no alcanzan y al no ser parte de una “política de Estado”, se transforma en un “derrame” donde la mayoría de las veces son paliativos perentorios y sin continuidad dejando en la pobreza a los clubes y complejos deportivos del interior del país. 

Por otro lado, no ha cambiado la filosofía en esta área, no vemos avances hacia una concepción que hace a promover desde el Estado “la cultura del deporte”, con el acceso al deporte de forma masiva, entrelazada con la salud y la vida colectiva sana de la población, en particular los más jóvenes.

La democratización en el deporte tiene que ver con la igualdad de oportunidades donde los que lleguen a la alta competencia no sea una elite “tocada por la varita mágica” de algún sponsor privado o la ayuda circunstancial de algún políticx, sino una política de Estado que promueva el deporte en las escuelas, clubes y centros deportivos desde temprana edad para todxs los jóvenes con becas, albergues promoviendo la solidaridad y la vida sana y de sacrificios colectivos.

Esta política es contraria a lo que hoy subsiste como regla general, donde los más beneficiados siguen siendo un puñado de grandes clubes en un profesionalismo para pocos vinculados con los negocios de las transmisiones pagas que manejan las empresas monopólicas como Clarín, DirecTV, TyC Sport o TNT Sport.

UNA POLÍTICA DE ESTADO

Que el deporte sea una política de Estado es uno de los grandes derechos democráticos para los pueblos.

El inicio del camino sigue estando allí abajo, en los clubes de deportivos de barrios y centros vecinales, ayudando a organizarlos y fortaleciéndolos con el protagonismo de lxs vecinxs que lo tomen en sus manos, dándoles un lugar fundamental a lxs jóvenes en la lucha por más presupuesto y ampliación de políticas deportivas y culturales vinculadas con la vida sana y la recreación colectiva.

Para estos objetivos, es necesario que la lucha sea cada vez más grande, sumando voluntades para avanzar hacia una Ley que declare al deporte de interés públicoy estratégico para que de esa manera sea una política de Estado.

Estas reivindicaciones deben estar vinculadas a los cambios del modelo económico, social y cultural, donde la reivindicación del tiempo libre sea un derecho fundamental. 

Donde se termine con la precarización que obliga a trabajar jornadas agotadoras, mal pagas y sin descanso suficiente destruyendo la salud y deformando las relaciones sociales y la vida recreativa. 

Donde la reducción de la jornada laboral sin reducción salarial sea una necesidad para que haya más tiempo para el deporte y la cultura. 

Donde se frene y se prohíba la privatización de tierras públicas y sean destinadas a los que no tienen techo junto con el fomento deportivo y cultural.

Entonces, esta lucha debe ser de todos los sectores populares y debe ser parte de la agenda urgente de cara a una nueva Argentina que transite el camino de la igualdad de oportunidades para lxs hijxs del los pueblos que habitan nuestro suelo.

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