Guernica

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Otra vez en la oscuridad de la noche, en Guernica desde las 5 de la mañana, en un operativo encabezado por el Ministro de Seguridad Sergio Berni, con 4.000 efectivxs de la policía bonaerense y con apoyo de otras fuerzas federales reprimen brutalmente a las familias que resistían por el derecho al acceso a una vivienda. La orden incluyó corte de luz y antenas transmisión. La crisis del dólar, la propuesta de «unidad nacional» de CFK y las elecciones como contexto del desalojo.

Si dicen que no quedaba gente, ¿por qué tan descomunal operativo? Porque la mentira fue una de las constantes del accionar del gobierno de la Provincia. Porque hubo mucho de maniobras distractivas, hasta la última noche donde todo parecía encaminado y lxs vecinxs fueron a firmar un acuerdo con el Gobierno Provincial. Sin embargo el Ministro de Desarrollo de la Comunidad, Andrés Larroque, rompió el diálogo unilateralmente y retiró la oferta que lxs vecinxs habían aceptado tras debatir en asambleas.

Accionar plagado de mentiras y maniobras de desgaste porque se rechazó por parte del Ministerio de Desarrollo de la Comunidad la salida dentro de la Ley que lxs vecinxs propusieron mediante Comisión de Urbanismo, conformada por el Taller Libre de Proyecto Social (TLPS), el CERPAJ, el CELS, la Gremial de Abogadxs, organizaciones universitarias, sociales y ONG con la que se elaboró un proyecto de barrio popular, un proyecto para urbanizar esas tierras de forma legal. 

Mucho accionar para dividir y «puestas en escena» para luego justificar «los grandes esfuerzos que se hicieron para tratar de dar una solución», cuando la solución más viable y legal era la de lxs vecinxs de la recuperación de tierras de Guernica. 

Primó, una vez más, la propiedad privada por sobre los privados de toda propiedad. Se impuso la propiedad de aquellos que especulan y hacen negocios con la tierra y la obra opulenta de barrios privados por sobre las necesidades básicas de esas madres con sus hijxs -que golpadas por el macrismo y ahora enterradas por la pandemia perdiendo el trabajo- se vieron empujadas a la desesperación de guarecerse bajo un techo de nailon en los humedales de Guernica. Lo que ocurrió es indigno y lo indigno nunca puede estar vinculado a lo popular. 

De esta forma el gobierno de Axel Kicillof rompió todo diálogo y la esperanza de más de 1.400 familias de tener un pedazo de tierra para construir su hogar. Perdió la oportunidad de iniciar un ciclo nuevo en una Argentina vapuleada por el neoliberalismo. 

¡Había una salida popular en Guernica, que no era la represión!

Mucho se ha hablado del desalojo. Clarín mostraba como «el gobierno popular» de Kicillof con el «Bolsonaro» Berni, arremetía gaseando y reprimiendo a las familias que resistían en el predio. A la avanzada de la policía, de forma perversa le siguió la destrucción de las casillas que habitaron durante más de 100 días, quemándolas y derribándolas. ¡Se hicieron la panzada!

Ahora, esos mismos medios, le dan aires al raid mediático de Larroque argumentando -lleno de mentiras- como lxs vecinxs quemaban las casillas y como las organizaciones de izquierda forzaron el desenlace que sucedió. Larroque, al igual que Berni, echaron mano al macartismo para justificar lo injustificable. 

El mensaje del día después en el acto del entrega de patrulleros a la policía bonaerense con la presencia de Berni, Alberto Fernández y Kicillof, deja en ridículo a los que se esfuerzan por señalar solo a Berni como responsable de la represión de Guernica. 

Los dichos del presidente en cuanto a que tanto en Entre Ríos como en Guernica se respetó el derecho constitucional de la propiedad privada, muestran otras de las intenciones atrás del desalojo y uno de los ejes centrales del juego electoral que ya comenzó. Sin dudas el gobierno ha decidido no dejar ese flanco libre mostrando un «desalojo exitoso» con un Berni como firme candidato a encabezar la lista de diputados para atraer a una franja del electorado de derecha en la provincia.     

La señal para adentro del Frente de Todxs es pésima y abre profundas grietas y divisiones, porque hay muchas organizaciones verdaderamente populares que no bancan esto que ha pasado. 

¿Vale más el dólar
que el rumbo popular?

El marco económico y político en que se da el desalojo de Guernica no es un detalle, y es más bien la explicación a un nuevo período que se abre en el país. Muestra un cambio en la situación política, donde la crisis económica tiñe la crisis de la pandemia, con el ataque especulativo de los sectores exportadores que no rinden sus divisas (más de 3500 millones de dólares) empujando una devaluación, agudizando la sequía de las reservas internacionales del tesoro que se vio también afectado por los pagos de intereses de la deuda a los tenedores de bonos y el FMI, (9.100 millones de dólares, de los cuales solo en estos siete meses se fueron 3.000 millones en deuda pública y más de 6.000 en deuda privada). 

Esta crisis cambiaria el gobierno no la ha podido parar, quedando en claro que no son los pequeños ahorristas los que están detrás sino los grandes exportadores, los bancos y financieras. Queda claro que el Estado no controla el comercio exterior ni la banca.

Frente a esta realidad, Cristina Kirchner presenta su carta «27 de octubre. A diez años sin él y a uno del triunfo electoral: sentimientos y certezas» en el 10° aniversario de la muerte de Néstor Kirchner, donde pone de manifiesto una crisis en lo económico, negada por un ala del gobierno y propone un acuerdo con los sectores políticos, económicos, sociales y mediáticos para combatir el problema de la «economía bimonetaria», al que considera como «el más grave del país».

En la «tercera certeza» de su carta, sostiene que «la Argentina es ese extraño lugar en donde mueren todas las teorías. Por eso, el problema de la economía bimonetaria que es, sin dudas, el más grave que tiene nuestro país, es de imposible solución sin un acuerdo que abarque al conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales de la República Argentina. Nos guste o no nos guste, esa es la realidad y con ella se puede hacer cualquier cosa menos ignorarla».

Está claro que si el problema de la Argentina es el dólar, hay que tocar la puerta de los que sostienen ese modelo bimonetario desde la dictadura militar a esta parte, y son a los que convoca Cristina. Son los que están detrás de las corridas cambiarias, que no rinden las divisas por exportación y son los destiyuyentes sistemáticos como Clarín. ¿Hacia dónde iremos con ellos si son los que nos trajeron al abismo en el que estamos?¿Guernica es una señal para ese gran acuerdo?¿el silencio sobre el «Impuesto a las grandes fortunas» es otro gesto?. El problema es el hambre, la desocupación, la falta de vivienda y una matriz económica dependiente, es la concentración de tierras en los latifundios que como los Etchevehere y la Mesa de Enlace, mantienen el comercio mafioso de los granos, sostienen el agro negocio y tienen comprados a los jueces y fiscales en las provincias, como acabamos de ver descaradamente en Entre Ríos en el fallo de la jueza contra el «Proyecto Artigas» encabezado por Juan Grabois, quien alertó sobre las consecuencias de seguir cediendo a estos sectores fácticos por parte de Alberto Fernández, Axel Kicillof o Gustavo Bordet.

Esta realidad se puede ver en otras provincias como Misiones donde las familias ocupan tierras ociosas para poder vivir y producir el sustento familiar y comercializar sus productos sin agroquímicos, sin caer en las redes de los mercados controlados por los grandes grupos que manejan la comercialización. Una lucha silenciada a nivel nacional, pero que es parte de una realidad que constituye el ADN del un país dependiente de los monopolios y el manejo terrateniente.   

Movimiento Campesino de Liberación – Trabajadores para la soberanía alimentaria, la tierra para quien la trabaje.

No valen las políticas de derrame para estos sectores, mientras se busca un pacto con los que sostienen el modelo de los agronegocios contaminantes y el extractivismo. No puede haber doble vara entre los campesinos sin tierra o pequeños y medianos, y los latifundistas que usurpan y controlan la tierra en el país. 

Las tareas democráticas como el acceso a la tierra para vivir y trabajar, se ponen de relieve como nunca con el avance de la pandemia. La solución no puede ser la represión o los acuerdos nacionales con los lobos sedientos de sangre. 

Por eso, el «acuerdo nacional de todos los sectores» que se propone, va en la dirección a ser una nueva concesión que elude las medidas de fondo que un Estado está autorizado a tomar en catástrofes como la actual. Medidas necesarias para la reactivación de la economía sosteniendo un rumbo popular, terminando con la especulación de un puñado, donde el Estado pase a tener el control de las divisas que vienen del comercio exterior, el control del transporte de los granos y se haga cargo de lo que le corresponde en Vicentin para la producción de alimentos y regular el comercio de granos, junto con el control de los depósitos bancarios para cortar con la especulación

Seguiremos la lucha por un rumbo popular con mucha más fuerzas, porque no somos pocos los sectores dentro y fuera del Frente de Todxs que trabajaron para terminar con la oscura noche del macrismo y no volver atrás. Y hoy somos los que reconocemos en esa reacción el factor principal de peligro que busca restablecer sus políticas reaccionarias a cualquier costo, y es por eso que somos críticos de las políticas que en vez de empoderar al pueblo para hacerles frente, buscan una acuerdo que garantice una paz social con resultado cantado. 

Seguiremos la lucha por un rumbo popular que garantice trabajo, vivienda, educación y salud. Seguiremos trabajando por un reagrupamiento que esté a la altura de los desafíos históricos que se presentan en un mundo preñado de pandemia, crisis, hambre y guerra imperialista, pero también de oportunidades y esperanzas en la lucha de los pueblos, como el boliviano y el chileno que se levantaron frente a los golpistas y terminaron con la constitución del dictador Pinochet. 

Con la fuerza de estos nuevos vientos hay que unir al pueblo para aplastar a la reacción y no para conceder en acuerdos que solo traerán más sufrimientos para nuestro pueblo.