El lunes 11 de noviembre, mientras el destituido Evo Morales lograba sortear los obstáculos políticos y materiales para volar a México en virtud del refugio político que le dio el presidente López Obrador, las Fuerzas Armadas y la policía boliviana impusieron el toque de queda.
La bestial represión militar-policial se concentró en reprimir y desmontar los cortes de ruta de las organizaciones sociales, completando la tarea que ya habían iniciado las bandas terroristas de la oligarquía autodenominada «cívica», para imponer a balazos la «pacificación» que permita un margen de «legitimidad» al golpe de Camacho-Mesa y las jefaturas militar y policial mediante la autodesignación trucha y anticonstitucional de Jeanine Añez, primero como presidenta del Senado y después como presidenta interina de la nación. Al miércoles 13 se cuentan 7 muertos en Cochabamba y El Alto pero se supone que hay muchos más en el interior del país.
El mismo día las fuerzas golpistas −con el guiño o el apoyo activo de fuerzas del ejército, la policía y los comandos fascistas «cívicos»− ocuparon Boliviana TV y las radios comunitarias, incluida la sede de Trabajadores Campesinos donde estaba la radio que distribuía señal a muchas otras radios comunitarias como la cadena Patria Nueva, con la obvia intención de impedir la información y la organización de los sectores populares contra la dictadura terrorista impuesta por la oligarquía boliviana con ayuda, instrucciones y financiamiento del gobierno imperialista de Trump.
Los únicos medios que pueden hablar son los diarios y canales manejados por la coalición oligárquica −de empresarios, terratenientes y fundamentalistas cristianos− que martillaron durante semanas el tema del supuesto fraude electoral, ocultaron los crímenes de las bandas paramilitares contra dirigentes populares y ministros y parlamentarios del MAS, ocultaron las grandes manifestaciones campesinas y obreras de repudio al golpismo oligárquico −particularmente en El Alto de La Paz−, crearon el clima para el golpe político-militar-policial, y ahora buscan ensordecer y enmudecer al pueblo pasando música y telenovelas mientras respaldan la fantochada de la autodesignación presidencial de Jeanine Añez.
Las muy escasas informaciones sobre la situación política tras el golpe y especialmente sobre la heroica resistencia popular la difunden medios alternativos y redes sociales como la que nos llega de Adriana Guzmán (Feminismo Comunitario Antipatriarcal).
El martes 12 las comunidades del sur de La Paz marcharon hacia la Plaza Murillo en el centro de la capital para impedir que el Congreso materializara esa fantochada «institucional», sufriendo una terrible represión que provocó varios asesinados.
Así y todo en la tarde del martes 12 miles de personas de las comunidades, la Federación de Juventudes Vecinales de El Alto (FeJuVe), la Confederación de Trabajadores Campesinos, y los productores cocaleros de la Coordinadora de las Federaciones del Trópico, habían prácticamente cercado la Plaza Murillo; gaseados por la policía, rodeados de tanquetas, carros hidrantes y francotiradores apostados en los edificios, lograron entregar al Congreso dos cartas exigiéndole a Añez su renuncia como senadora para impedir la farsa «institucional».


En la noche del martes 12 hubo una nueva ofensiva militar contra los bloqueos de rutas, con decenas de detenidos en Cochabamba, El Alto, y también en sectores rurales de Santa Cruz (Oriente) movilizados contra el golpe.
Las organizaciones populares bolivianas no reconocen a Añez como «presidenta». En el mediodía del miércoles 13 numerosas organizaciones sociales volvían a marchar para converger en El Alto con idea de cercar la ciudad de La Paz y hasta privarla de agua, y forzar así una sesión del Congreso presidida por Adriana Salvatierra, presidenta legítima del Parlamento, que determine una sucesión provisoria hasta el regreso de Evo Morales.
Evo manifestó que «seguirá en la lucha», pero el contexto de la resistencia popular es tremendamente difícil y reclama la solidaridad activa de nuestros pueblos. No sorprende la actitud servil de lamebotas del imperialismo yanqui como el secretario general de la OEA Luis Almagro, que se atrevió a decir que el responsable del golpe es Evo por el fraude electoral, mientras la propia comisión auditora de la OEA habló de algunas «irregularidades» pero nunca de fraude, y mientras es cada vez más claro que los preparativos golpistas fueron muy anteriores a las elecciones del 20 de octubre y que hay muchos hilos que unen a los jefes políticos de la oligarquía boliviana con el Departamento de Estado de Trump.
Difícil también porque, pese al anuncio de la Central Obrera Boliviana (COB) de dar un plazo de 24 horas a las dirigencias para que «restablezcan el orden constitucional» (antes la misma COB había sugerido la renuncia de Evo como vía de «pacificación»), se hace sentir la falta de un gran centro coordinador de todas las fuerzas antiimperialistas, antioligárquicas y antigolpistas capaz de unir, organizar y canalizar la disposición de lucha del pueblo y de prepararlo para enfrentar y aplastar al golpismo.
Supuestamente Añez convocaría a nuevas elecciones. Teniendo en cuenta el clima de terror que siguen sembrando las fuerzas militares, policiales y «cívicas» para estabilizar una dictadura apenas disfrazada, ya podemos imaginarnos qué clase de «elecciones» serán.





















