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Estados Unidos: pandemia y racismo asesino

Por Gustavo Funes l CR - MPL

Las ultimas noticias dan cuenta de más de 50 ciudades de EEUU con cientos de miles de personas en las calles que siguen repudiando el asesinato de George Floyd en manos de un oficial de policía en la ciudad de Minneapolis, del Estado de Minnesota. Siguen descargando el odio y exigiendo justicia para que no quede impune este y otros crímenes contra el pueblo. Cientos de miles movilizados constituyendo uno de los levantamientos populares más importantes desde el asesinato de Martin Luther King en 1968.

Las autoridades decretaron el toque de queda en 25 ciudades de 16 estados, donde está el foco de la rebelión popular.

Más de 1800 detenidos, cientos de heridos y 12 muertes de las que se conocen después de 6 días de protestas. Sólo en la ciudad de Los Ángeles, se registraron 500 arrestos en las últimas 24 horas. Otro gran número de personas fueron detenidas en la ciudad de Nueva York, en las zonas de Harlem, Brooklyn, Queens y también en el ingreso de la Trump Tower, el edificio del imperio financiero del presidente, en Manhattan. También hubo concentraciones de miles de personas en un hotel propiedad de Trump, en la ciudad de Chicago. Anoche era ocupado el predio de la Casa Blanca.

El asesinato de George Floyd, no fue un asesinato racista mas de los que protagoniza las fuerzas de seguridad en los EEUU contra la población afroamericana y latina. El asesinato del joven afroamericano fue el detonante de una olla a presión que explotó en la cara de Donald Trump y las clases dominantes de la principal potencia imperialista sobre la tierra.

Cientos de miles de personas, en particular la comunidad afroamericana, se manifiesta en las principales ciudades. Pero a esas expresiones de repudio por el asesinato despiadado se suma el hartazgo hacia una política racista asesina que cultiva la desigualdad, la opresión y el desprecio por los pobres, afroamericanos e inmigrantes. Una política que ahora con la pandemia se muestra de manera descarnada y empuja al abismo y la muerte a millones mediante el abandono y la desidia frente al Covid-19, donde la población de bajos o medios recursos no pueden seguir pagando los elevados costos del sistema de salud y con cerca de 45 millones de desocupados.

Miles de detenciones se produjeron luego de las protestas, mientras que Trump había ordenado desplegar a la Guardia Nacional en los Estados en conflicto mientras que provocaba por Twitter, diciendo “…. Estos matones están deshonrando la memoria de George Floyd, y no dejaré que eso suceda. Acabo de hablar con el gobernador Tim Walz y le dije que el ejército está con él todo el tiempo. Cualquier dificultad y asumiremos el control pero, cuando comience el saqueo, comenzará el tiroteo. ¡Gracias!”.

El caso de Floyd desató protestas en Louisville, la ciudad más grande del estado de Kentucky, donde en la noche del jueves fueron baleadas al menos siete personas.
El levantamiento en Minneápolis se extendió durante toda la noche. Una de las comisarías de la ciudad ardió, pero fue uno de los más de 200 edificios incendiados o saqueados durante la noche, donde grandes monopolios como McDonalds, Target o Walgreens fueron cenizas, nada ni nadie pudo “canalizar” el odio levantado. La guardia nacional desplegó a mas de 500 militares, pero la incesante movilización no solo no se detuvo, sino que se desparramó a todo el país. Tampoco se detuvo la brutalidad policial en varias ciudades hacia la población afroamericana. Ahora son más de 25 ciudades de 16 Estados con toque de queda y despliegue de la guardia nacional.

El toque de queda se ha impuesto una noche más a las ocho, pero cientos de manifestantes recorren las avenidas. Entre ellos marcha Ángela, desgarrándose la garganta al grito de “¡gritá su nombre!”, a los que le responde el clamor popular: “¡George Floyd!” y Ángela pide que lo griten “¡más alto!”, y se redoblan los estruendosos gritos que llegan.

“Estamos aquí para luchar contra la injusticia del sistema”, dice mientras camina la joven afroamericana, que a sus 22 años representa perfectamente la juventud que domina entre los manifestantes. Porque esta, asegura, “es una lucha dirigida y protagonizada por una nueva generación, que hemos aprendido historia de forma diferente”. Y afirma también que “se está intentado ser pacíficos”, y frente a la destrucción a su paso afirma: “Es la única protesta para ganar su atención”, razona, “y es un recordatorio: las cosas, las propiedades, se pueden reponer o reconstruir. Las vidas negras que nos arrebatan no”.

Las consecuencias de la política de Donald Trump y el racismo impregnado en el ADN del sistema imperialista de los EEUU, encuentra una nueva etapa donde las comunidades más golpeadas estallan, donde las y los jóvenes muestran que ha nacido de las entrañas de la bestia una nueva generación que tratará de pasar en limpio cientos de borradores de páginas escritas por la lucha de los afroamericanos, latinos y demás oprimidos en el país más poderoso sobre la tierra.

¡Ya nada volverá a ser igual!

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