
El presidente Alberto Fernández en su reciente visita a Formosa consideró que “el sistema impositivo argentino es profundamente injusto”, a la vez que señaló que la de crisis derivada de la pandemia de coronavirus «dejó al descubierto una Argentina llena de injusticias». En tal sentido manifestó: “…cuando uno mira la recaudación impositiva y se da cuenta de que la mayor parte son impuestos al consumo que paga por igual el más pobre y el más rico, uno dice qué injusticia.
Fernández afirmó también: «…Cuando yo veo la parte del impuesto a las Ganancias que aportan los que cobran un sueldo, yo digo: ¡ESTO ESTA MAL!”.
Tributo a la injusticia
Al analizar la estructura tributaria de nuestro país se observa que su composición es de carácter regresivo, puesto que la mayor parte de los recursos fiscales provienen de impuestos regresivos, que gravan con una única alícuota a contribuyentes de alta y baja capacidad económica, sin hacer distinción alguna entre ellos. Peor aún, en los últimos cuatro años se produjo un aumento de la participación de los tributos regresivos sobre el total de la recaudación y, por ende, una reducción del peso de los impuestos progresivos.
En los últimos cuatro años, la capacidad recaudatoria del sistema tributario argentino disminuyó significativamente, a la vez que se intensificó su carácter regresivo. De esta forma se vio afectada la redistribución de ingresos a favor de los sectores concentrados de la economía y en detrimento de los más vulnerables.
La presión tributaria —es decir, los ingresos destinados a impuestos en relación con el producto bruto interno— se redujo entre 2015 y 2019, pasando del 31,45% al 28,86% del PIB. A su vez, la recaudación cayó un 18% en términos reales, entre 2015 y 2019, considerando una inflación del 300% durante la gestión de Cambiemos. Esto indica que la recaudación decreció tanto en términos de PBI como términos reales y, con ello, los recursos fiscales disponibles.
Ello, en gran parte, está asociado a las reformas legislativas realizadas por el gobierno de Cambiemos. En el caso del Impuesto sobre los Bienes personales, en 2016 se eliminaron las escalas progresivas y se dispuso una única alícuota para todos los contribuyentes; y en 2018 la ley se volvió a reformar retomando las escalas progresivas, aunque con alícuotas menores a las vigentes pasando del 1,2% en 2015 a 0,6% en 2019.
Ganancias, un impuesto injusto para trabajadores/as y jubilados.
La situación de los trabajadores/as frente al mal llamado impuesto a las ganancias a la que se había llegado en el año 2015, era sin dudas injusta y arbitraria. De esa situación se valió el entonces candidato Mauricio Macri para prometer su eliminación en busca del voto de millones de trabajadores/as. Sin embargo, en un contexto de fuerte inflación que impactó sobre el poder adquisitivo, se identificó un fuerte aumento de la cantidad de trabajadores/as en relación de dependencia, jubilados y pensionados que fueron alcanzados por el gravamen durante la gestión de Cambiemos, pasando de 1.194.149 en el 2015 a 2.4000.000 millones de trabajadores, 200.000 Jubilados y 350.000 Monotributistas. A diferencia de lo que ocurrió con las empresas y sectores de mayor riqueza, que recibieron fuertes beneficios impositivos, en el caso del impuesto al salario no hubo más que cambios cosméticos.
Hoy pagan impuesto a las ganancias quienes reciben un sueldo superior a los $55.000 en caso de ser soltero, o de $64.000 para personas casadas con dos hijos.
Al mismo tiempo, la participación de impuestos regresivos como el Impuesto al Valor Agregado (IVA) pasó de representar un 28,2% de la recaudación en 2015 al 30,5% en 2019, siendo sumamente regresivo porque grava al consumidor final, impactando muy negativamente sobre los sectores más vulnerables, cargando sobre sus espaldas una pesada mochila que es la carga impositiva que se debe sostener: Ganancias, IVA y hasta la propia inflación.
Si en un contexto de desempeño normal de la actividad económica, los salarios de los trabajadores ya están afectados en forma desmedida por la aplicación del Impuesto a las Ganancias, hoy la situación es de suma gravedad. El contexto de la economía ya venía siendo castigado por medidas que tuvieron un impacto devastador en los trabajadores y a esta situación se le suma una extraordinaria que ha provocado un daño aún mayor, el total cierre de la economía como consecuencia de la implementación de períodos sucesivos de cuarentena en el marco de la emergencia sanitaria por la pandemia relacionada con el Covid-19.
Es momento de no distorsionar aún más la redistribución de los ingresos. Lo que impone la necesidad inmediata de derogar el impuesto al salario (ni los salarios, ni las jubilaciones son ganancia) y un cambio en la matriz productiva, eliminar el IVA de la canasta familiar, y de avanzar en un impuesto especial y permanente para los monopolios, la minería, las transacciones financieras, el juego, etc., En el camino de una política económica e impositiva a fin de aumentar la producción nacional y promover la creación de empleos.









