¡ARGENTINAZO, 22 AÑOS!

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Argentinazo diciembre 2001

Aquellos fuegos del 19 y 20 nunca se apagaron

Recordar hoy el Argentinazo del 19 y 20 de diciembre de 2001, no puede ser solo un ejercicio de la memoria, ni un resumen donde solo se mire fríamente la extraordinaria potencia del pueblo sublevado, al margen del sentimiento trágico que significó para millones de un pueblo hambreado y castigado sin misericordia. Aquellos días inolvidables donde los mártires de este lado dejaron una vez mas su vida en la lucha contra la tiranía.

Recordar hoy el Argentinazo conlleva el esfuerzo del análisis de la historia reciente, esa que las clases dominantes se empeñan de borrar o cambiar, para comprender desde un análisis materialista histórico, que son las personas las que crean su historia no según su arbitrio sino según condiciones que heredaron de generaciones pasadas, marcadas por la estructura económica y política de una sociedad dividida en clases sociales. De luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, y es allí, donde se forjan las conciencias de las personas en el lugar que ocupa, ya que no es la conciencia de las personas la que determina su ser sino su ser social el que determina la conciencia.

Este fundamental aporte marxista, ha marcado la diferencia a lo largo de la historia del sistema capitalista, para que las clases oprimidas, con la ayuda del Partido y las organizaciones de vanguardia, hayan podido derrotar a sus opresores o mejorar sus condiciones de vida.

Es la explicación, a su vez, de porque fenómenos sociales como el Argentinazo, se van a volver a repetir una y otra vez hasta que las clases oprimidas triunfen sobre sus opresores. La ayuda de las organizaciones de vanguardia, marxistas, leninistas, maoístas así como otras revolucionarias del campo popular, son fundamentales para el ejercicio de “pasar en limpio” las enseñanzas emanadas de los aciertos y errores de estos procesos de luchas históricos.

Desde un rápido análisis podemos afirmar la potencialidad de la lucha del pueblo argentino a la hora de hacer tronar el escarmiento. Que la característica de esa lucha va de mayor a menor y en general del interior a las grandes ciudades. Que el papel de los territorios es donde se asienta la confianza de la lucha de las comunidades, para emprender desde allí en otra dimensión, la marcha o bloqueos hacia o de las grandes ciudades donde reside el poder de la política gubernamental.

Así fueron los años previos al argentinazo. Las puebladas y bloqueos de rutas dominaron el escenario de la lucha social, cuando estas llegaron a un punto elevado salieron las marchas hacia las capitales provinciales y marchas federales.

La profundidad de la crisis económica y social fue el detonante. Una crisis que se fue acumulando desde la salida de la dictadura, donde emergieron gobiernos que mantuvieron la estructura dependiente y agro exportadora, con políticas hiperinflacionarias como las de Alfonsin, seguida por la que encarnó el menemismo que con el “espejitos de colores” del “uno a uno” impuesto por el Ministro de Economía Domingo Cavallo, hizo sucumbir al peso argentino frente al dólar acompañando el remate de las empresas del Estado, subiéndose al carro del “libre mercado” que emergía en el mundo luego del cierre de una etapa con la caída del Muro de Berlín y la restauración capitalista en China, evidenciando la derrota de los países que habían conocido el despertar de la construcción del socialismo.

El cierre del menemismo fue el protagonismo de las puebladas contra el hambre y la desocupación. Estas luchas marcaron a fuego el período que se iniciaba, en particular con el Santiagueñazo del 16 de diciembre de 1993 del que se cumplen 30 años, que daría inicio al fin del retroceso e inicio del auge de luchas populares, que iban a recorrer y conmover el país. De esta manera se horadaba la base de aquella política nefasta, nunca vista, en cuanto a la entrega de nuestra soberanía.

Menem y de la Rúa

La Alianza integrada por la UCR y el FREPASO, encabezada por De La Rúa, se impondría en las elecciones pero tendría un hilo conductor con ese pasado reciente, expresado en mantener las mismas políticas, sin tocar la entrega del patrimonio nacional y profundizar la inflación o sea el ajuste, la pobreza y la desocupación. Sumándole un nuevo acuerdo con el FMI, la reforma laboral con el escándalo de las coimas en el Congreso y la llegada de Domingo Cavallo nuevamente al frente de la economía.

La suma de estas políticas se fue acumulando en una olla a presión que estalló en diciembre del 2001. Fueron días aciagos donde la caída de los sectores medios asalariados confluía con aquellos que perdieron todo. Fueron los protagonistas de esas históricas jornadas. La clase obrera estaba neutralizada por las amenazas de las patronales a perder el trabajo (en una argentina con mas del 25% de desocupación) y sin direcciones sindicales que se pusieran a la cabeza de la lucha para revertir la dramática situación.

Domingo Cavallo, referente de Milei

Ahora, cuando escuchamos por estos días los anuncios de la ultra derecha en el poder, con ajuste y entrega pero mas y mas profundo; y cuando vemos que el recurso  que tienen a mano para hacerlo pasar, no puede ser otro que la represión y la violación de la Cosntitución y los derechos individuales, es cuando vuelven las enseñanzas de esos acontecimientos históricos que llevaron a las puebladas y el Argentinazo.

La tarea de la militancia es sacar enseñanzas de esos acontecimientos, para ratificar lo posistivo y corregir los errores. Pero sin dudas una de las tareas, luego del fracaso del gobierno del Frente de Todos no puede ser otro que trabajar para recomponer ese tejido social dañado que nos dividió y logró que se filtrara la ultra derecha y derecha ahora en el gobierno.

Cambiarlo todo a favor de los pueblos es una premisa para volver con las banderas de la soberanía integral y colectiva, custodiada y defendida por un pueblo empoderado que no delega mas en aquellos que dicen defender los intereses colectivos pero ponen a los dueños del poder a la misma altura que los sectores populares, cuando sabemos que eso es una quimera donde ganan los que tienen el sartén por el mango.

Justamente, el período que se abre, debe estar marcado por impedir que avance la reacción, pero con la razón de que mientras no le saquemos el control de la economía, los recursos comunes y cambiemos la superestructura política en favor de las amplias mayorías, seguiremos padeciendo la rapiña de esa minoría que detenta el poder.

Los días previos

Muchas y muchos militantes populares sabíamos que venía algo grande.

Sabíamos principalmente porque lo subjetivo se mostraba más palpable que nunca, mucho más cercano que otras veces.

Lo sentíamos en la piel y en los días de adrenalina. Sentíamos que podíamos tomar el cielo por asalto. Lo veíamos en los piquetes, cacerolazos, marchas, asambleas de vecinxs y conmovedoras luchas como la de las y los trabajadorxs de las fabricas recuperadas. Los ejemplos de solidaridad de clases de sectores que se encuentran cuando la reacción somete a un pueblo digno se multiplicaban y conmovían.

Algo grande se aproximaba porque la objetividad de la crisis económica y social nos sepultaba. Lo sabíamos. Lo padecíamos porque veíamos sufrir y arrodillarse aún a los más valientes. Lo llorábamos porque morían 53 chicxs por día. Porque cerraban las fábricas. Porque reinaba el hambre y porque el corralito atrapó millones de aquellxs que fueron guardando pesitos de toda una vida y una vez más éramos prisioneros en el gran corral del FMI.

Pero fuimos dignos y más jóvenes, nos sentíamos vitales con toda la fuerza, porque no habían podido con el pueblo…no habían podido.

Y nos levantamos, dijimos hasta acá, no va más…se acabó! y no fue la suerte de acciones espontáneas…no. Había conciencia y organización de muchxs que la venían remando, y a esto como siempre sucede se sumó ese espontaneidad vigorosa, creativa y harta.

Veníamos del insulto de De La Rúa que afirmaba por cadena nacional lo bueno “que es dar buenas noticias” cuando cerraron el acuerdo (“blindaje”) con el FMI, y a los pocos días nos remachaba por cadena nacional el Estado de Sitio. Pero este fue el verdadero combustible para poner en marcha un motor caliente que venía bramando. Un motor que se alimentaba de los “tanques” de las puebladas del interior de nuestro país porque habían destruido el federalismo, y así fue que un pueblo hambriento pero digno se lanzó como un derrame gigantesco, una masa viscosa sobre las ciudades y el propio centro del poder político nacional.

Así arrancó aquella noche del 19 de diciembre. Así arrancaron miles que llegamos a la plaza de mayo y hasta la vereda misma de la Casa Rosada.

La noche del 19 de diciembre del 2001 contra el Estado de sitio de de la Rúa

Les pibes de los barrios más combativos del conurbano se preparaban para entrar en acción en la capital aquel 20 de diciembre. Muchos de ellxs no pudieron llegar porque tuvieron que replegarse y resistir en los barrios que habían sido militarizados aquella madruga y los perseguían y disparaban con balas de plomo. Los primeros muertos fueron del 19 a la noche.

Esa noche gloriosa nadie durmió porque la adrenalina estaba en ebullición y había que pertrecharse para el otro día. Los estudiantes bramaban y transmitían a sus amistades y compañerxs la necesidad de no perderse estas oportunidades que da cada tanto la vida.

Esa noche se combatió en la plaza de mayo, el Congreso y ciudades del interior. La militancia no dormía…no podía. Esta enorme gesta popular había parido una nueva generación de jóvenes.

Las Madres de Plaza de Mayo mostraban donde había que estar el 20 de diciembre…justamente allí poniendo el pecho desde temprano a los caballos, gases, balas de goma y de plomo de la infantería en la histórica plaza.

Los 39 mártires de esas jornadas son los que nos marcaron hasta donde había que llegar y cuáles era nuestras limitaciones.

Fue una impronta popular como debe ser, porosa, variopinta…una correntada brava de un río que busca su cauce que arrastra a su paso nada de uniformidad, con piedras, palos y ramas, con mezcla de agua clara y quieta con aquellas torrentosas y hasta peligrosas.

Pero esa gesta fue la que logró terminar con un gobierno antipopular. El pueblo no pudo imponerse, pero abrió un camino y nos dio miles de elementos para pensar y aprender. ¡Que grandiosos fueron esos días de diciembre!

 

El camino de las puebladas

El Argentinazo también nos empujó a saber sacar enseñanzas de los períodos políticos. Aquel “que se vayan todos” del 2001, no es lo mismo que el odio a “la casta política” con el que ganaron los ultra derechistas como Milei, aunque suene parecido y sumen a jóvenes flojos del conocimiento de la historia reciente, aquellos y aquellas que ganaban las calles en aquel diciembre tenían el hastío a las políticas y los políticos e instituciones que expresaban la decadencia de una democracia dominada por clases que por acción o conciliación nos arrojaba al infierno. “Que se vayan todos” fueron las palabras que sintetizaban esos sentimientos, pero no para que vuelvan estos “lobos con piel de corderos” que defienden la “casta empresarial” y odian la justicia social. Aquellxs “buscaban justicia frente a la injusticia social y moral” y estaban más cerca de la liberación (aunque muchos no consientes de eso) que de la ultra derecha.

No buscaban mas pérdida de derechos, mas violencia patriarcal, mas homofobia y xenofobia hacia los pobres e inmigrantes. No reivindicaban la dictadura ni buscaban cambiar el grillete que nos tiene atados. Sin dudas son procesos muy distintos al que expresan estos exponentes de esta nueva casta de fascistas. Pero la crisis de la que no pudimos salir desde la segunda parte del 2015 y los últimos 8 años de gobierno entre Juntos por el Cambio y el Frente de Todos profundizaron la desesperanza, donde amplios sectores del pueblo encontraron en “opciones nuevas”, instaladas y engordadas por los medios de comunicación y las redes, con que castigar a estas opciones ya transitadas de la llamada “vieja política”. La crisis y el escepticismo llevó a que miles viraran mas conscientemente hacia posiciones de derecha.

Pero el ajuste brutal que despliega el nuevo gobierno, golpea por igual a los que lo eligieron y a aquellos que lo enfrentaron y perdieron en las elecciones, llevando a una situación dramática donde serán nuevamente los sectores dominantes, ganadores también en este escenario, los que preparan la represión para hacer pasar estas políticas retrógradas.

El trío del nuevo gobierno: un negacionista ajustador, una represora y un fugador serial de dinero del Estado.

Las enseñanzas del Argentinazo nos debe llevar a buscar ensanchar el horizonte de la gran unidad necesaria en el campo popular para enfrentar y derrotar a estos salvajes que vienen a terminar la faena que empezó con la dictadura y siguió con el macrismo.

Los pueblos no se suicidan, y dolorosamente muchas veces, se equivocan y luego emprenden un proceso de corrección basado en sus vivencias y la ayuda de la militancia consciente. No sobra mucho en la lucha de clases, por lo que no podemos descuidar a nadie y tratar de ganar mas voluntades allí en los territorios, donde los pueblos se sienten mas fuertes y mas confiados.

Es allí donde la vanguardia debe llegar y ayudar a que la levadura crezca en el corazón del pueblo. Crecer allí en los lugares decisivos y preparar a la militancia en la épica revolucionaria, transformadora y adversa al escepticismo que se alimenta de lo posible. Una militancia pegada a nuestro pueblo y preparada con la ideología y la técnica para hacer frente a los cambios bruscos y dinámicos que se sucederán, porque la lucha de calles, la organización y los instrumentos de la unidad política son claves a la hora de introducir un punto de quiebre en la historia.

El Argentinazo es revolucionario no porque se plantea el socialismo, sino porque hizo explicito un programa entre lo consciente y lo espontaneo en la emergencia pero en una proyección emancipadora a favor de los pueblos.

El camino de las puebladas es el que nacerá desde este presente tan duro que empezamos nuevamente a recorrer. Lo caminarán las mayorías populares mas temprano que tarde como el mas posible y apto para frenar a este gobierno e imponer un rumbo popular llevado adelante por un nuevo gobierno que exprese a las amplias mayorías del país, para terminar con la pobreza, el hambre y recuperar la tierra, para terminar con la precarización, para seguir avanzando en los derechos de género y contra la violencia patriarcal, para terminar con la violencia institucional que mata y persigue a los jóvenes, para recuperar los ecosistemas y los territorios ancestrales de las comunidades. 

Un camino revolucionario que sea tan novedoso como realizable, donde las nuevas generaciones sean las protagonistas de la construcción de un país para las amplias mayorías populares, y no solo para diez millones de personas como pretende el actual gobierno reaccionario, neoliberal y procesista.

En la lucha de resistencia están los embriones de las contraofensiva, es allí donde se templan los necesarios y decisivos nuevos brazos porque aquí no se trata de vociferar con “la verdad iluminada”, sino de transformar la realidad que vivimos en una perspectiva de liberación, que rompa las cadenas que nos entierra en la dependencia y el latifundio.

¡VIVA EL ARGENTINAZO DEL 2001!

¡GLORIA A LOS 39 MÁRTIRES QUE DIERON LA VIDA EN AQUELLAS JORNADAS!

Gustavo Funes