Acuerdo con China ¿cola de león o cabeza de ratón?

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El modelo de los agronegocios y exportador contaminante es un eslabón fundamental de la cadena de la dependencia que debemos romper en un nuevo ciclo. Ese modelo, se subordina a la relación desigual entre los países imperialistas y uno dependiente como el nuestro, se manifiesta en numerosos hechos como que no haya una Junta Nacional de Granos y Carnes y que las exportaciones de granos y carnes las controlen los monopolios internacionales en nuestro país. El papel de Vicentin es una muestra de cómo se mueve estos monopolios, las negociaciones para que Argentina pase a producir cerdos a gran escala para la exportación a China es otra muestra clara. 

Es sabido que el Covid-19 tiene que ver con el grado de desarrollo que ha llegado el sistema capitalista imperialista, donde de la destrucción de los ecosistemas son su ADN trayendo al presente virus y enfermedades que se habían erradicado hace décadas atrás junto con otras nuevas que emergen en el presente. 

Como sostiene la solicitada de la cual somos parte y publicamos, “No queremos transformarnos en una factoría de cerdos para china, ni en una fábrica de nuevas pandemias”.

 “La actual pandemia por Covid-19 que tiene en vilo a toda la humanidad está estrechamente vinculada a cuestiones socioambientales y productivas, que están invisibilizadas. Al igual que ocurrió con el ébola, la gripe aviar y la porcina, el SARS y otras zoonosis, se trata de un virus que emergió por alguna de estas causas: hacinar animales para su cría industrial y/o su venta, y desintegrar ecosistemas acercando a las especies entre sí”.

“En los criaderos industriales, los animales son sometidos a aplicaciones de una cantidad de antibióticos y antivirales para prevenir las enfermedades y engordarlos rápidamente. Por ende, estos centros industriales se convierten en un caldo de cultivo de virus y bacterias resistentes. Una vez que un microorganismo muta, se fortalece y puede provocar nuevas infecciones con daños incalculables. Como consecuencia, hay que tomar medidas como el confinamiento de una gran parte de la población mundial o la matanza de miles de millones de animales”.

China viene de una catástrofe sanitaria por la peste porcina africana (PPA) que fue declarada en varias regiones de aquel país y que provocó el enterramiento en vida de más de 400 millones de cerdos. Erradicar la enfermedad a China podría tomarle hasta una década. Esta realidad obligó a que avance en la extranjerización de la producción de la carne de cerdo para abastecer el consumo de 700 millones de cerdos al año. Argentina, pionera con Felipe Solá de garantizarle la «soja transgénica» con Glifosato y Glufosinato de Amonio, para satisfacer sus demandas de alimentos para consumo animal, ahora va en busca de una porción de los 27.000 millones de dólares que China proyecta invertir para la cría porcina. 

El modelo extractivista de la tierra, como el que rige en el país se refuerza con estos acuerdos, lleva a la expansión de la frontera sojera y el desmonte de nuestros pulmones verdes, asumiendo, así, los costos ambientales y humanos, profundizando la matriz productiva, sosteniendo la pobreza y la falta de agua en regiones del interior del país. 

El acuerdo preliminar entre la cancillería Argentina y China es de producir en nuestro país 9 millones de toneladas de carne de cerdo de forma industrial para exportar a ese país.  

Argentina tuvo una exportación total de carne de cerdo en el 2019 de alrededor de 230 mil toneladas, por lo que alcanzar la cifra de 9 millones de toneladas (solo en exportación, sin contar la producción de carne para consumo interno) significaría una producción de 40 veces más, que llevaría a sostener el mayor proyecto de industrialización animal de la historia del país.

Justamente, la pandemia pone en cuestión este modelo en el mundo, donde a los países dependientes les toca ser la cloaca, en pos de su búsqueda de divisas de las exportaciones, para que ganen los sectores concentrados y los Estados y monopolios imperialistas. En el caso de este acuerdo, los propios chinos financian el proyecto, trayendo su propia tecnología y normas de industrialización. Un modelo que atrasa, no genera valor agregado pero si concentración de la tierra y expulsión del campo de miles de campesinos pobres y medios. 

Tenemos que comenzar a discutir y actuar como descentralizar las ciudades, generar trabajo para miles de familias mediante la descentralización de la industria y producir alimentos en un país con hambre y contaminado.

Los intereses del pueblo no son solo sus urgencias, son también el presente y el futuro de generaciones que quieren vivir y disfrutar un país digno, y siempre fueron convidados de piedra y padecieron una estructura productiva que ya dio claras muestras que deja a millones afuera, lleva más incertidumbre al pueblo y se fortalecen los sectores agroexportadores que son, precisamente, los que conspiran contra el gobierno. ¡Es tiempo de empezar a discutirlo todo, es tiempo de empezar a cambiarlo todo a favor de los pueblos!

Algunos, frente a las contradicciones internas en que se encuentra EEUU, sumido en la crisis sanitaria y económica, en plena lucha contra el racismo de Estado, en medio de la pandemia y la guerra comercial con China, buscan afanosamente cerrar filas con este último imperialismo en esa confrontación. “Saludemos al sol naciente” dicen entre sus íntimos y así, promoviendo y escribiendo las bondades de “tener un amigo con plata” se lanzan al sueño, una vez más, de ser “cola de león”. Y como somos parte de la cola, seremos “cagados” como corresponde, y así entraremos como una pieza en el tablero de esa disputa de la que nada tenemos que ver, salvo tomar partido por alguno.  

Nos podrán culpar de querer ser “cabeza de ratón”, bueno nos lo merecemos si eso es aspirar a vivir con lo propio y no de prestado, donde nos endeudan de manera usuraria, o enchufen la tecnología que fabrican y controlan desde afuera, o el chiquero del mundo, o lo que es peor, llenarnos la cabeza con el contrabando cultural. 

Sostenemos que es posible utilizar las contradicciones interimperialistas –y hasta golpear juntos a un peligro mayor, en determinados momentos- si es necesario para avanzar en un camino independiente, de liberación, porque aprendimos dolorosamente que “no hay imperialismo bueno o imperialismo malo, hay imperialismo!”