En una nota publicada en Página/12 (9/2/17) y también reproducida en la página web de la CTA de los Trabajadores, el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos escribe que el único mérito de la Revolución de Octubre fue plantear “la idea de la posibilidad de una sociedad alternativa al capitalismo”, que habría generado conquistas para los trabajadores no tanto en Rusia sino… en las grandes potencias de Europa. El autor afirma que la existencia de la URSS fue fundamental para que en esos países se consolidaran gobiernos socialdemócratas que “parecían garantizar el fin del capitalismo salvaje y su sustitución por un capitalismo de rostro humano”.
Si bien es cierto que tras la Segunda Guerra Mundial el gran auge de masas a nivel mundial y el prestigio de la URSS forzaron a las potencias europeas a dar concesiones a los trabajadores de sus países, también en esos años esas potencias reforzaron sus guerras colonialistas, como Francia en Argelia. Y “puertas adentro” sus monopolios profundizaron la explotación obrera, como destapó la movilización obrera durante el Mayo Francés. Así, De Sousa Santos embellece a la socialdemocracia europea de posguerra.
Aunque dice reivindicar a Marx, el sociólogo acepta el vocabulario burgués más vulgar que asocia capitalismo a democracia y socialismo a dictadura, sin hacer ningún tipo de análisis de clase de los Estados a los que se refiere. Este tipo de enfoque tampoco le permite evaluar seriamente los aciertos y los problemas de la primera experiencia socialista. Llamativamente, De Sousa Santos no reivindica los grandes avances sociales que logró el pueblo ruso con la revolución y ni siquiera nombra el papel fundamental de la URSS en la derrota del nazismo.
De Sousa Santos, cierra planteando que es imprescindible “una alternativa creíble al capitalismo” pero aclara por las dudas que “obviamente la alternativa no será (no sería bueno que fuese) del tipo de la creada por la Revolución Rusa”. Buscando una suerte de tercera vía entre socialismo y “capitalismo salvaje”, este tipo de planteo en definitiva siempre termina reivindicando un imposible “capitalismo de rostro humano” o un supuesto “socialismo” sin revolución, incapaz de derribar el poder de las clases dominantes y lograr una transformación social profunda.




















