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El pueblo con Lula hicieron historia

Razones de una remontada histórica

Cuando parecía que la ola de la ultraderecha se lo comía todo después del triunfo de Bolsonaro aquel 4 de octubre, con el apoyo desaforado de Trump y Milei que esperaban cerrar el lazo que ahorca a la región, el efecto de esa realidad parcial sacudió a un pueblo que había manifestado rechazo a ciertas políticas económicas, la inseguridad e influidos por el efecto de la anti política en la primera vuelta, vio un escenario futuro en el que tenían mucho más para perder, no solo en términos económicos, sino en derechos sociales y democráticos.

Hay razones objetiva de la remontada histórica, comenzando por las medidas como la reducción de la jornada laboral, la “Bolsa Familia” que significa como una AUH de ayuda a los más castigados por la pobreza, la anulación de las apuestas deportivas que sumó a aquellas familias que padecen la sumisión de los hijos en las apuestas, los subsidios a estudiantes para que no abandonen el colegio, el aumento del salario mínimo que aunque está lejos aún de lo que necesita un/a trabajadxr para no ser pobre, le viene ganando a la inflación y no cuenta como en nuestro caso con una perdida de años. Pero no solo esto en materia económica y social, Lula centro también su campaña en los avances que se están haciendo contra la desforestación de las amazonas, donde la política de Jair Bolsonaro (padre de Flavio), hizo estragos en favor de los monopolios y terratenientes afectando severamente el cambio climático y aquel ecosistema estratégico para la región.

El otro eje de campaña de Lula fue el valor de la democracia y los derechos civiles adquiridos por décadas de lucha, pero con posibilidad de ser perdidos en manos de aquellas expresiones que se muestran en la región comandadas por los EEUU. Se le puso freno a una concepción digitada por los magnates de la comunicación como Meta, Palantir o Amazón donde la democracia es solo la voluntad y las necesidades de esos monopolios, afectando, persiguiendo y eliminando a todas aquellas expresiones que se les opongan, por eso es que trabajaron abiertamente, como se denunció, para ocultar e impedir la llegada de Lula a bastos sectores de la sociedad brasilera. Tanto Bolsonaro en Brasil como Milei en nuestro país, se manifiestan y se mueven bajo los hilos de esos magnates.

Justamente otra de las acciones de gobierno que enfrenta a esos intereses concentrados de la ultraderecha son las políticas que buscan elevar la educación de los sectores más castigados, y eso va en franca oposición a quienes buscan que haya menos educación y que esta solo sea para consumo de las elites sociales. El sistema social es desigual de por sí y el neoliberalismo lo lleva a niveles bien elevados, por eso no vamos a encontrar en esos gobiernos, una política inclusiva en materia de educación, sino todo lo contrario.

Atacar la educación y el espíritu critico es la piedra basal para apartar a las grandes masas, en particular la juventud, de la política porque necesitan de esa superestructura para sostener una base económica en favor solo del 1% de la población. Esa manifestación la lograron imponer en la primera vuelta con un nivel de abstención, voto nulo o blanco muy grande. Pero eso se dio vuelta en el ballotage con una militancia que hizo el cuerpo a cuerpo, yendo a buscarlos y desplegando la militancia digital en ese “ejercito” que pudo en gran medida evadir los boots y algoritmos sumando más de 4 millones que no habían votado, logrando que el voto en blanco se desplome en un 1 millón de votos (un 50%), al igual que los votos nulos. Lula sumó mas de 10 millones de votos que la primera vuelta.

Lula reivindicó los avances en la educación y sostuvo la noche del triunfo que va a seguir con la “revolución educativa”, que todos sabemos sus límites mientras se mantenga la alianza con sectores de la derecha clásica paulista en el gobierno.

La alegría no es sólo brasilera

Que la ultraderecha esgrima el “ajuste sin fin” y la motosierra como su política de estado, puede desorientar y captar a sectores del pueblo en determinado momento de desesperanza frente a aquel progresismo que otorga derechos, pero mantiene la estructura extractivista en la economía y concede a los dueños del poder. Pero no es menos cierto que ofrecer esa política tomando ejemplos de un Milei que ya lleva tres años con las consecuencias nefastas para el pueblo y el país, es sencillamente subestimar a la mayoría del pueblo que por cercanía no puede estar ajena a nuestra dura realidad.

Ocurre que si bien han logrado naturalizar cuestiones aberrantes que no debemos subestimar, también es cierto que esas acciones y relatos hacen daño, pero “tienen pies de barro” cuando se los confronta y se argumenta, porque la subestimación y el desprecio es la moneda corriente en esos sectores concentrados que añoran, como salida a su descomposición, el autoritarismo y esclavitud de la mano de obra asalariada, sin derechos y salarios de pobreza. Sumando el desprecio por la pobreza, la vejes, la inmigración y minusválidxs. Ese desprecio de clase, se manifestó sobre Lula cuando Bolsonaro, en el debate presidencial, lo llamó “nueve dedos”, pero el virtuoso Lula respondió extendiendo ese ataque a su origen y a toda la clase obrera y los pobres de Brasil.

También subestimaron, en su borrachera ultraderechista, que la historia enseña -y mucho más rápido en la era digital- que la información corre vertiginosamente y así llegan los acontecimientos históricos que suceden en Europa, donde las jóvenes generaciones se levantan contra un presente y un futuro mucho peor que al de sus padres y abuelos, donde la derecha y ultraderecha en el poder destinan miles de millones de dólares y euros para la guerra mientras desfinancia la educación y empuja a la pobreza a millones todos los días. Los fuegos de esa juventud insumisa también se manifestaron de diferente manera en los votos este domingo 25 de octubre en Brasil.

Lula cosechó también plantarse frente a los ataques a la soberanía por parte de Trump, postura que llevó a la ONU y fue magnificada por los ataques del propio Trump y Javier Milei.

Estos acontecimientos populares si bien muestran a sociedades divididas, con una ultraderecha en su cenit, pero que a medida que se muestra y desarrolla su política empieza su declive y es allí donde las organizaciones del pueblo deben encontrarse para ganar terreno, hacerlos retroceder y marcar el camino si tienen la suficiente espalda para hacerlo, si no, condicionar desde la lucha y programa a los gobiernos enfrentados a esa ultraderecha que puedan surgir.

La maravillosa militancia

Esa remontada histórica que sorprendió a muchos, no hubiera sido tal sin la militancia y pertenencia a una opción política que multiplica su potencial, certezas, caudal y capacidad para dar vuelta la historia.

Una militancia que contagia para recargarse, radicalizarse y masificarse y así atreverse a escribir una nueva historia, aquella que va hasta el hueso y se nutre de las epopeyas populares como las que vivimos en Brasil y nos conmueve y enciende una luz de esperanza para millones en la región, porque vemos que, a la ultraderecha, el neo fascismo y negacionistas los podemos hacer retroceder.

Sumarse a la lucha revolucionaria es la consigna del período para derrotar en todos los terrenos a los dueños del poder que solo lo perderán frente a un pueblo decidido, protagonista con una militancia convencida de que, para ser buenos para el pueblo, hay que ser feroz con sus enemigos.

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