Este mismo pueblo, aun en peores condiciones y bajo una dictadura, hace 43 años, dio ejemplo de unidad y esperanza frente a una de las potencias militares más grande sobre la tierra.
Unidad y esperanza que se había fogueado y soportado en la resistencia a la dictadura más feroz que conoció nuestra historia. Estábamos en la contraofensiva popular y hacia solo tres días, el 30 de marzo, la CGT había realizado un paro y movilización histórico que daba una estocada letal a aquella dictadura. La consigna fue “Paz, pan, trabajo” y se cantaba “luche y se van”. La movilización fue duramente reprimida con cientos de heridos, detenidos y un muerto… pero ya nada volvería a ser igual.La dictadura, frente a la debacle económica y social usó un sentimiento muy profundo como fue la recuperación de Malvinas, para tratar de dividir y perpetrarse en el poder.
El pueblo, aun confundido, respondió como debía ser frente a una gesta nacional. Salió a las calles y vapuleo a sus enemigos externos.
Ese 2 de abril y los días de la guerra, hicimos realidad, esa afirmación que dice que “solo los que están de rodillas ven a sus enemigos como gigantes”. Y nuestros héroes en la turba malvinera no se les acxhicaron a los piratas, a pesar de soportar el clima, el maltrato, la tortura y la falta de entrenamiento de las mismas FFAA que sostenían desde el poder la “doctrina de la seguridad nacional”, abandonando la “defensa de la patria”. Una doctrina que ubicaba al enemigo interno como principal, donde esa persecución se elevó a terrorismo de Estado con 30.000 desaparecidos, asesinados, torturados, niños secuestrados y exiliados.
Fueron esos sectores dominantes, empresariales, terratenientes dueños del poder, expresados en esos militares genocidas, pero también en los jueces y administración del Estado, los que pusieron en práctica la falsa división entre la lucha nacional y la democrática. Forjaron un nacionalismo de corte autoritario, fascistoide para reivindicar Malvinas, alejados de aquellas heroínas del pueblo expresadas en las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que luchaban por sus hijos y nietos expropiados.


El chacal Alfredo Astiz (para citar a algunos más conocido) estuvo en esas dos partes, infiltrado entre los familiares de desaparecidos que luchaban en la clandestinidad y en Malvinas, mostrando su cobardía ya que se rindió sin tirar un solo tiro mientras soldados, sub oficiales y oficiales jóvenes daban la vida por lo nuestro.
Otros como Astiz se escondían y estaqueaban desnudos a soldados en medio de la guerra, y claro, ¿por qué no lo iban a hacer si habían torturado en los chupaderos de las cárceles clandestinas?
UN NUEVO 2 DE ABRIL
Este nuevo 2 de abril renueva las polémicas necesarias en el campo popular, en primer lugar, porque los enemigos de ayer son los de hoy. Los cipayos son los mismos y hoy están en el gobierno con un presidente que idolatra a Margaret Thatcher y crea un DNU y le votan leyes donde entregan nuestro territorio y refuerzan la dependencia y el colonialismo.
La guerra en gran medida quedó ligada a la dictadura, pero los soldados nada tenían que ver con ella, justamente eran el bastión popular en las FFAA de la dictadura, y esto no mancha el orgullo de haber combatido contra los ingleses.

Tampoco mancha el orgullo y el sentimiento soberano el silencio y la “campaña desmalvinizadora” llevada adelante por el gobierno de Alfonsín inmediatamente después de la guerra, inaugurando una etapa donde los ex combatientes, veteranos fueron abandonados y entregados a los suicidios y pobreza en estos largos años.
Con la causa Malvinas se empezó a hablar y conocer mucho más sobre nuestra soberanía que no se limitaba a guerra en sí misma, sino que también implicaba el control del subsuelo, del espacio aéreo, del mar, de las empresas de servicios públicos, de la producción de alimentos y energía y de todos los resortes estratégicos de un país.
Malvinas militarizada con una base de la OTAN, con armas nucleares mantiene el control de la entrada en la Antártida, así como la depredación de nuestras riquezas estratégicas comunes. Mientras Milei trata a los Kelpers como “pueblos originarios” y no se cansa de expresar su admiración con Margaret Thatcher y su gobierno niega el genocidio y justifica la dictadura cívico militar.
Malvinas es la muestra de que no puede haber liberación e independencia definitiva y completa, mientras las FFAA de nuestro país se manejen bajo la doctrina de las potencias imperialistas, en nuestro caso con mayor fuerza ahora bajo la doctrina de Donald Trump, “occidente para los americanos”.

No puede haber independencia nacional si la hipótesis de conflicto del país son los jubilados, los pueblos originarios por sus tierras ancestrales o cualquier trabajador por sus derechos. La causa Malvinas nos debe llevar a estar con los pueblos y denunciar el sometimiento que significa la “alianza estratégica” de Milei con EEUU e Israel, que pretende entregar nuestra Patagonia y Mar Argentino con la introducción de radares como el de Tulhuin en Tierra del Fuego y bases militares de EEUU; sumado a la entrega indiscriminada de nuestro territorio a intereses extranjeros y terratenientes locales.

Milei siente como suya la guerra imperialista en Oriente Medio sometido tras un EEUU e Israel derrotados que no pudieron hasta el día de hoy doblegar a Irán, y apoyando el genocidio en la Franja de Gaza y el Libano, mientras reniega de nuestra soberanía sobre Malvinas y las Islas del Atlántico Sur.
La guerra asimétrica en Medio Oriente nos señala la importancia que significa el desarrollo propio de la defensa nacional, punto nodal frente a la agresión imperialista. La lógica de los pueblos nos enseña que, para ser verdaderamente independientes, en una sociedad marcada por la disputa, la rapiña y los vejámenes, no se puede ser “cola de león” de ninguna potencia imperialista.
La causa Malvinas es la causa de la liberación de nuestra patria. Una causa antiimperialista y democrática en sí misma, que potencia la unidad de los pueblos frente a los cipayos de adentro y afuera. Con el pueblo unido y liberado volveremos a Malvinas.
Gustavo Funes










