Mariposas era el nombre «de guerra» de las hermanas Minerva, María Teresa y Patria Mirabal. Durante los años cincuenta fueron importantes organizadoras del pueblo contra el régimen dictatorial de Leónidas Trujillo en República Dominicana. Por este motivo fueron encarceladas varias veces, violadas y torturadas. A pesar de ello continuaron su lucha.
El 18 de mayo de 1960 fueron juzgadas junto a sus esposos, «por atentar contra la seguridad del Estado dominicano» y condenadas a prisión. El 9 de agosto el dictador decidió poner en libertad a las mujeres, dejando a sus maridos en la cárcel.
El 25 de noviembre de ese mismo año, cuando volvían de visitarlos en la cárcel Minerva, María Teresa y su hermana Patria, que las había acompañado, fueron interceptadas en la ruta. Un Escuadrón de la Muerte del Servicio de Inteligencia Militar las obligó a subirse a un vehículo en el cual fueron trasladadas hacia una casa en la localidad de La Cumbre. Allí fueron asesinadas y luego sus cuerpos golpeados para simular un accidente automovilístico. Trujillo las había liberado para matarlas.

El costo demasiado alto para el dictador, ya que este, junto a otros crímenes atroces, fueron haciendo crecer el descontento en el pueblo y el 30 de diciembre del 1961 fue asesinado. Al año siguiente se llevó a cabo un juicio contra los autores materiales y todos fueron condenados a varios años de prisión. Sin embargo, con ayuda de grupos trujillistas lograron escapar del país.
En honor a ellas, el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe celebrado en Bogotá, Colombia en el año 1981, estableció el 25 de noviembre como el día contra la violencia social, sexual y política contra las mujeres. Desde el año 2000, por resolución de la ONU, se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.
La herencia de las mariposas
“Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte” respondía Minerva Mirabal a las amenazas en su contra. Esos brazos se siguen multiplicando por toda Indoamérica y son los que luchan contra todas las formas de violencias que sufren las mujeres. Una lucha que en los últimos años se ha constituido en uno de los movimientos sociales y políticos más masivos a nivel mundial. Se trata de un movimiento feminista, ineludiblemente revolucionario, plural y heterogéneo que vino a cuestionarlo todo y puso en la escena política todo el conjunto de opresiones patriarcales que sufrimos mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries que somos parte de los sectores populares y de las naciones y etnias oprimidas.
La herencia de las mariposas ha llegado hasta Argentina, de cuyo territorio salió el primer grito ¡NI UNA MENOS! que se extendió a toda América y al mundo diciendo basta a los femicidios y la violencia patriarcal, seguida de la inmensa MAREA VERDE por el aborto legal con históricas y masivas movilizaciones, que marcó un antes y un después en las luchas feministas. Argentina fue también el primer país en América Latina en aprobar el matrimonio igualitario y el primer país en el mundo en el reconocimiento legal de la Identidad de género autopercibida.
Sin embargo, mujeres y disidencias seguimos exigiendo que se cumplan y se respeten nuestros derechos y que paren de violentarnos y de matarnos. Durante los años oscuros del macrismo estuvimos en la primera línea de la lucha contra sus políticas neoliberales. Fuimos parte de ese pueblo que dijo ¡FUERA MACRI! en las calles y en las urnas. Con el nuevo gobierno conquistamos el Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad que puede ser una herramienta importante para garantizar nuestros derechos, también el compromiso de la legalización del derecho al aborto. Pero es necesario luchar por un rumbo popular en esta nueva etapa, frente a una derecha reaccionaria que destila patriarcado y que nos quiere sumisas y respetuosas de los estereotipos de género.

Su lucha es nuestra lucha
Con pandemia o sin pandemia nos siguen matando, ya contamos 265 femicidios en lo que va del 2020, los femicidios son el único delito que no se redujo en el contexto de la pandemia, incluso la violencia se agudizó y a causa del ASPO muchas mujeres y niñxs debieron permanecer encerradas con sus agresores.
El Ministerio de las mujeres, género y diversidad, lanzó el «Plan nacional de acción contra las violencias por motivos de género» que tiene como objetivos la prevención, asistencia, protección y el fortalecimiento del acceso a la justicia de las víctimas de violencia, tiene como ejes: las violencias extremas (femicidios, travesticidios y transfemicidios), la autonomía económica de las personas en situación de violencia; y la dimensión cultural y estructural de las violencias por motivos de género. Es necesario que este plan se ejecute en articulación con el conjunto de las organizaciones territoriales para llegar hasta la última compañera que esté atravesando una situación de violencia, asignándole todo el presupuesto necesario.
La justicia es un ámbito patriarcal por excelencia, que revictimiza a las mujeres, niñxs y disidencias y deja libres a femicidas y violadores. Por eso es necesario avanzar con la ley Micaela y con acciones concretas contra los jueces y fiscales que nos dejan a merced de la violencia machista.

Pero la violencia de género no es solo el extremo del femicidio y la violencia doméstica. También es la que sufren las mujeres, muchas cabeza de hogar que no pueden resolver alimentación y la vivienda para sus hijos. Esta realidad hoy se expresa en las múltiples tomas de tierra que hay en todo el país, donde mujeres y niñxs son la inmensa mayoría. Es urgente que el Estado otorgue tierra para vivir y trabajar, y resuelva trabajo digno, salud y educación para las miles de familias que se encuentran en esta situación. Los recursos están y la deuda es con el pueblo.
Violencia también es la precarización, la explotación y la doble o triple jornada laboral que afecta principalmente a mujeres y disidencias. Nuestras jornadas laborales son, en promedio, tres horas más largas que las de los varones; las tareas de cuidado y reproductivas caen sobre nuestras espaldas. En los lugares de trabajo sufrimos múltiples formas de violencia laboral. La desocupación crece dos puntos cuando se habla de mujeres, y ni hablar de travestis y trans que prácticamente no acceden a ningún trabajo formal y al igual que miles de mujeres son empujadas al sistema prostituyente. La brecha salarial es en promedio, de un 27 por ciento. En muchos convenios logramos licencias por violencia de género y licencias más amplias por nacimiento de hijxs, pero necesitamos que sean derechos de todxs. También políticas públicas que garanticen tareas de cuidado: escuelas infantiles y jardines comunitarios para niñas y niños, con vacantes suficientes.
Y es profundamente violento que nos obliguen a parir, queremos maternidades libremente elegidas. Para eso es necesario educación sexual integral para conocer nuestros derechos, acceso a la salud sexual y métodos anticonceptivos y de cuidado y aborto legal seguro y gratuito. Muchos embarazos no deseados son producto de la violencia machista, incluso dentro del matrimonio. En Argentina, cada 3 hs. una niña de entre 10 a 14 años es forzada a gestar, parir y criar, a pesar de que los abortos en caso de violación son legales esta realidad no cesa. Por eso queremos la aprobación del aborto legal este año.

Este 25 de noviembre en las calles, en las plazas o en las redes es un día de lucha. En esta Indoamérica en llamas somos protagonistas de las luchas y decimos basta de violencia hacia las mujeres, niñxs y disidencias
¡Tomamos las banderas de las Mariposas y seguimos la lucha contra todo tipo de opresión, explotación y violencia!¡Porque nos siguen matando, porque nos queremos con vida!




















