En medio de una tremenda crisis social y económica, la suba incesante de los contagios y muertes y de hospitales colapsados por la pandemia de coronavirus fogoneada por la dictadura de Jeanine Añez, se inició el lunes 3 de agosto el paro general por tiempo indefinido convocado por el «Pacto de Unidad» −que nuclea a sectores y sindicatos afines al MAS de Evo Morales− en una gran asamblea popular realizada en el barrio El Alto de La Paz el 28 de julio. También se sumaron a la medida la Central Obrera Boliviana (COB) y las Seis Federaciones campesinas del Trópico de Cochabamba. La medida exige centralmente que las elecciones se lleven a cabo el 6 de setiembre.
Pero la lucha no se limita al reclamo electoral. El desprecio de la dictadura oligárquica por el pueblo se refleja también en las concentraciones de los médicos que exigen el pago de sus salarios, las movilizaciones de trabajadores despedidos y las protestas en algunas ciudades por la falta de gas.
“Elecciones” amañadas bajo una dictadura
La dictadura fascista y racista instalada tras la destitución de Evo Morales el 11 de noviembre con el pretexto de un supuesto fraude electoral, transformó el proceso electoral nuevamente convocado en una verdadera ficción. Un proceso montado y controlado por la propia dictadura asentada en cientos de asesinatos, en la persecución masiva y brutal y la caza callejera de activistas populares, y en farsas judiciales y condenas carcelarias contra el propio Evo y los candidatos, dirigentes y militantes del MAS y de las organizaciones campesinas y sindicales.
Las elecciones debían llevarse a cabo el 22 de enero −cuando venció el mandato de Evo−, pero el Tribunal Supremo Electoral (TSE) y la “blanqueada” Añez, temerosos de que pese a la represión y persecución triunfe el candidato del MAS Luis Arce (como se pronostica), postergaron la convocatoria primero con el pretexto de “falta de tiempo” para el 3 de mayo, después con el de la pandemia para el 6 de setiembre, y después nuevamente para el 18 de octubre.
A las 0 hs. del lunes 3 empezaron también los cortes masivos con piedras y troncos de rutas nacionales y departamentales como las que conectan Cochabamba con Chuquisaca y con la capital La Paz. Aquí los llamados “Ponchos rojos” −la milicia “evista” formada por campesinos aymaras− cortan las principales rutas del altiplano paceño. Una de las tres Fejuves (Federaciones de Juntas Vecinales) de El Alto anunció el corte del múltiple cruce “de las mil esquinas”. El sector campesino de interculturales decidió cortar las rutas en el norte de La Paz y los departamentos de Beni, Pando y Santa Cruz. Y los cocaleros del Chapare bloquearán el camino entre Cochabamba y Santa Cruz.
La Central Obrera Departamental (COD) de Chuquisaca, opuesta al MAS, no se sumó a la convocatoria, y en el mismo departamento decidía el mismo lunes la Federación Única de Trabajadores de los Pueblos Originarios de Chuquisaca (Futpoch).
El combativo y valiente pueblo boliviano vuelve a jugarse una patriada grande contra la dictadura oligárquica y contra el robo de sus derechos constitucionales y democráticos. Aunque se lograra finalmente impedir la última postergación y fijar la fecha para el 6 de setiembre, será difícil, en comicios organizados y controlados por un régimen dictatorial manejado por la embajada imperialista yanqui y por los monopolios nacionales y extranjeros, que estas elecciones abran paso a una verdadera democracia para el pueblo boliviano. Los cortes de ruta, ahora retomados, son los que abren ese camino.
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— Andy Martinez (@AndyMar28601544) August 3, 2020
































