Arquitectxs que no fueron

Hoy 1 de julio se conmemora el día del arquitectx en nuestro país, y queremos rendir homenaje a aquellxs que dieron su vida al servicio de los intereses del pueblo. Es por eso que compartimos el libro editado «Arquitectxs que no fueron» en recordatorio y homenaje a estudiantxs y egresadxs de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de Córdoba asesinadxs y desaparecidxs por el terrorismo de Estado, entre 1975-1983.

«Este libro es una conmemoración desde el amor, el dolor, la falta. En otro sentido, es un documento donde las vidas privadas, anónimas, son traídas a la luz, rescatadas de la trama de los sucesos que atravesaron la esfera público-política por los años 1975-1983. Pero el libro es también, fundamentalmente, un homenaje a la generosidad y entrega de esos jóvenes, a sus esfuerzos por operar un cambio de rumbo, por construir un futuro más justo para el conjunto de la sociedad. Porque lo que surge de los testimonios, lo que los identifica más allá de las diferencias ideológicas o los niveles de participación, es su opción por prácticas políticas que, a diferencia del canon al que nos tenía y tiene acostumbrados gran parte de la clase dirigente, exigían sacrificarse por el bien común sin esperar a cambio ventajas personales».

Así mismo queremos compartir las palabras de Sara Luján, madre de Raúl Molina: «En este día del Arquitecto, un cariñoso abrazo a todos los arquitectos familiares, amigos y virtuales. Para los “arquitectos que no fueron” entre los que figura mi querido hijo Raúl Mateo Molina, asesinado por los genocidas del golpe de estado del 76, un beso y abrazo al cielo. También extensivo para los futuros Arquitectos del Centro de estudiantes ‘Raúl Mateo Molina’ de la U.N. de Córdoba».

Raúl Mateo Molina tenía 25 años y era estudiante de Arquitectura de la Universidad Nacional de Córdoba, solo le faltaba la tesis para recibir su título universitario, fue presidente del Centro de Estudiantes en dos períodos consecutivos (1973-75) y Comunista Revolucionario. Siendo Secretario Gremial de la Federación Universitaria de Córdoba (FUC) denunció los planes golpistas a fines del ‘75.

Raúl Molina tenía 25 años, y sólo le faltaba la tesis para recibir su título universitario. Fue uno de lxs impulsorxs del Taller Total en su facultad, experiencia de avanzada que puso en cuestión los contenidos de la enseñanza universitaria en la lucha por la universidad de pueblo liberado.

Fue secuestrado y desaparecido por la dictadura de Videla-Menéndez en Córdoba el 5 de octubre de 1976, aproximadamente a las 20 hs., en la esquina de 27 de abril y Marcelo T. de Alvear. Allí, fue introducido en uno de los dos vehículos en que se desplazaba un grupo de personas vestidas de civil y fuertemente armadas, mientras sus acompañantes y otros transeúntes eran amenazados para evitar cualquier tipo de resistencia. Lo llevaron al Centro Clandestino de Detención y Exterminio (CCDyE) «La Perla». Por testimonios se supo que allí fue torturado y asesinado a golpes.

Fue secuestrado en Córdoba el 5 de octubre de 1976,  aproximadamente a las 20 hs., en la esquina de 27 de abril y Marcelo T. de Alvear. Allí, fue introducido en uno de los dos vehículos en que se desplazaba un grupo de personas vestidas de civil y fuertemente armadas, mientras sus acompañantes y otros transeúntes eran amenazados para evitar cualquier tipo de resistencia. Lo llevaron al Centro Clandestino de Detención y Exterminio (CCDyE) «La Perla». Por testimonios se supo que allí fue torturado y asesinado a golpes; aún continúa en condición de desaparecido. Tiempo antes, su domicilio había sido allanado en dos oportunidades y su madre, Sara Luján de Molina, detenida y posteriormente liberada.

Su madre, Sara «Coca» Luján de Molina, había sido detenida por un comando del Ejército el 24 de marzo de 1976, el mismo día del golpe de Estado. Buscaban a su hijo Raúl. Alojada en la cárcel del Buen Pastor y luego en la de barrio San Martín, fue trasladada al campo de «La Ribera», para ser interrogada sobre su hijo. Estuvo detenida hasta septiembre del ’77. Cuando fue liberada, Sara supo que su hijo Raúl había sido secuestrado cuando salía de visitar a un abogado para gestionar su  libertad. «Ahí comenzó mi verdadero infierno» dijo.

Raúl Molina fue la generación de estudiantes que compartió con lxs obrerxs de Córdoba las luchas y movilizaciones por las calles de Córdoba al grito de ¡obrerxs y estudiantes unidxs y adelante!

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