El 16 de junio de 1955 se produjo el bombardeo a la Plaza de Mayo que daba inicio al posterior Golpe de Estado al gobierno del General Perón, poniendo fin a una década de gobierno peronista. Se iniciaba un período político llamado “revolución libertadora” conducida por lo más nefasto y recalcitrante de la oligarquía argentina.
En el bombardeo se arrojaron más 100 bombas con 14 toneladas de explosivos contra la el pueblo y finalizó pasadas las 17 horas. Fue un hecho sin precedentes donde sectores de las Fuerzas Armadas, dirigido por oficiales y suboficiales de la Armada, articularon el ataque con el apoyo de un sector de la Aeronáutica en acuerdo y en coordinación con sectores políticos, civiles y eclesiásticos. 350 muertos y más de 500 heridos fue el saldo del bombardeo. El hecho fue considerado años posteriores delito de lesa humanidad.
A las 12.40 en punto, se pudo escuchar el sonido inconfundible de aviones de combate. Luego se supo que eran los Avro 694 Lincoln y los hidroaviones Catalinas con gran efectividad en la segunda guerra mundial, de la escuadrilla de patrulleros Espora de la Aviación Naval, coordinados por el almirante Samuel Toranzo Calderón.
El plan consistía en primer lugar matar al Presidente, copar los edificios públicos por parte de comandos civiles y el alzamiento de las unidades de la Escuela de Artillería y de Aviación de Córdoba, el alzamiento de la base naval de Puerto Belgrano, el despliegue de unidades de Infantería de Marina que atacarían por tierra intentando copar unidades de Ejército que aún se mantenía como fuerza leal a Perón, aunque meses después serían parte en el derrocamiento. Los aviones llevaban pintado en su panzas y alas la “V” y la cruz resumiendo “Cristo vence”.

Perón, alertado de lo que se venía, se refugió en el Ministerio de Guerra y desde allí resistió el embate y dirigió las negociaciones con los golpistas asentados en la Secretaría de Marina, desde donde resisten e incluso ametrallan la llegada del General Juan José Valle enviado por Perón para negociar la rendición.
Al enterarse de los hechos, la CGT convocó a la Plaza de Mayo. La masacre se acrecentó cuando columnas de obrerxs conducidas por la CGT llegan a Plaza de Mayo, desoyendo la orden de Perón quien mandó al mayor Cialceta para que le pidiera a la central de trabajadorxs que no movilizara a los trabajadorxs para evitar víctimas.
Los enfrentamientos con los golpistas se mantuvieron hasta que por la tarde, una nueva oleada de aviones arrojaba una nueva carga de nueve toneladas y media de explosivos sobre la multitud. Pero cientos de manifestantes volvieron y mantenían rodeados a los golpistas atrincherados, hasta lograr la rendición.
Mientras esto sucedía, Perón daba garantías a los prisioneros para negociar. Incluso algunos de ellos fueron amnistiados como señal de “pacificación”. No todos pensaban lo mismo, como el General Juan José Valle (fusilado por Aramburu el 12 de junio de 1956, tras levantarse contra la dictadura) que luego de recuperar el edificio de la Marina, donde habían establecido el cuartel general los golpistas, le dijo a Perón: “General, este Ejército no le va servir para la revolución popular, arme a la CGT”.

El carácter conciliador del gobierno lo llevó a idas y vueltas mostrando momentos de mucha dureza para con los golpistas, en un marco de numerosos incendios a iglesias y la propia Catedral señalando el papel activo de esa institución en la conspiración golpista.
En su discurso Perón en esos días en la Plaza, contando con el apoyo del movimiento obrero y popular, sostuvo que “cada 1 nuestro caerán 5 de ellos”. Pero luego siguió adelante con la “pacificación”, levantó el estado de sitio y no cortó la cabeza de la serpiente. Esto llevó confusión y bronca en sus propias filas, en amplios sectores populares y de las FFAA donde se encontraban activas las conspiraciones que operaron de manera práctica aquel 16 de junio. Esta situación, de crisis política, llevaría a un desenlace en el golpe de estado del 16 de septiembre de 1955.
Se cerraba con sangre y fuego un período político de 10 años, de grandes avances para el pueblo y la nación. Medidas soberanas e industrialistas donde el pueblo puso gran sacrificio pero no se pudo defender frente a los golpistas.

Recuerdos que deben ser enseñanzas
65 años de aquellos acontecimientos, es importante sacar grandes enseñanzas, ya que las concepciones ideológicas de esos golpistas, se han transmitido a lo largo de varias dictaduras y gobiernos que precedieron y que hemos padecido recientemente con el macrismo y Juntos por el Cambio. Nada era casual cuando afirmaban desde ese gobierno que “los males de presente venían desde hace 70 años atrás” .
No fue casualidad que cuando llegó el macrismo y durante todo su gobierno, los familiares de aquellxs que perecieron en el bombardeo tuvieran que contentarse con dejar flores en la reja de Casa Rosada porque por más que insistieron, nunca los dejaron volver a ingresar al sector reservado donde se instaló un monumento en la plaza lindera a la Casa Rosada en el año 2008.
Por eso que no fue casualidad que se atacara el período político que en la historia de la posguerra, con aciertos y limitaciones, llevará adelante medidas soberanas en cuanto a que las ramas que hacen al desarrollo agro industrial y estratégicos estuvieran en manos del Estado, ya sea de manera total o mixta con mayoría estatal. No perdonan que haya sido el período de mayores avances en lo que hace a la siderurgia, con el General Savio al frente del Plan Siderúrgico Nacional donde el Estado desde Altos Hornos Zapla y posteriormente con la creación de SOMISA pasaría a ser el proveedor de la materia prima para el posterior desarrollo industrial. Los monopolios rivales ya en ese entonces, Techint y Acindar, se encargaron de entorpecer y postergar el plan industrial. luego con la dictadura y el menemismo se quedarían con la producción de acero y serían la base de la patria contratista.
Hoy, esos mismos sectores reaccionarios los podemos ver operar y vociferar en contra de la expropiación por parte del Estado y en la defensa corporativa y hasta ideológica del monopolio Vicentin, porque son los beneficiarios de la destrucción de todas las políticas que configuraron un control nacional sobre la administración y el control de los granos y alimentos en el país. Estos sectores son los que operaron y organizaron el golpe de 1955 porque tenían que destruir la Junta Nacional de Granos, pero fundamentalmente el IAPI (Instituto Argentino de Promoción y el Intercambio) creado bajo la órbita del Banco Central de la República Argentina. Hasta la creación de este Instituto, las operaciones de exportaciones de granos eran realizadas de manera oligopólica por empresas dedicadas a tal fin nacionales y extranjeras.
La forma que se adoptó fue que el IAPI compraba los cereales con destino a la exportación, básicamente trigo, asegurando al productor un precio sostén que se anunciaba previamente y, tomaba a su cargo la colocación en los mercados internacionales, negociando desde posiciones más firmes entre otras cosas, por los importantes volúmenes de que disponía. Intervenía también en la importación de bienes de capital (maquinarias, rodados, etc.) que no se fabricaban en el país en ese entonces para proveer a la industria nacional. Su actividad brindaba seguridad al productor en la colocación de sus cosechas, pero además, la diferencia entre los precios de compra y los de venta en el mercado internacional arrojaba beneficios económicos que fueron utilizados para el otorgamiento de créditos a los sectores productivos. Los productores sabían a qué atenerse y no estaban expuestos a negociaciones con empresas con posición dominante al momento de vender lo producido.
En la primera presidencia se establece un Plan Nacional de Energía, se promociona un Plan de Ahorro Energético, se modifica la estructura de la Dirección Nacional de Energía, creada en 1943, creando nuevas reparticiones para el desarrollo de nuevas fuentes energéticas y sistemas de distribución. Se crean así Agua y Energía Eléctrica con el objetivo de desarrollar la energía hidroeléctrica, Gas del Estado que tenía a su cargo la distribución, comercialización y prestación del servicio público de gas, la Dirección General de Combustibles Vegetales y Derivados, que tenía a su cargo la obtención de alcohol del maíz y de otros cultivos. En 1948 el gobierno peronista proyectó el desarrollo de los biocombustibles. En 1950 se crea la Comisión Nacional de Energía Atómica.
Es conocido el trabajo de Eva Duarte desde el Ministerio de Desarrollo Social y su lucha por los derechos de la mujer. Es conocido el odio particular de la oligarquía hacia “evita” graficado en las pintadas “viva el cáncer” durante su agonía y luego de su muerte. Los trabajadores mantuvieron y conquistaron nuevos derechos laborales que venían reclamando hace décadas. La mano de obra que se iba incorporando al creciente desarrollo industrial en las grandes ciudades y cordones industriales provenía principalmente del interior del país.
Abandonar la argentina del modelo agro exportador, por uno industrialista aprovechando los cambios en el mundo de posguerra, que mostraba por un lado la oportunidad para abastecer los requerimientos de materias primas y también bienes industriales, y por otro, ante el avance triunfal de la Unión Soviética y los comunistas chinos, esa burguesía nacional que encarnaba Perón y otros dirigentes, vieron una gran oportunidad para hacerse fuertes profundizando el modelo industrialista, independiente abandonado aquel solo agro exportador, a la par que contenían y ganaban otorgando concesiones y con políticas de Estado a un movimiento obrero envalentonado por lo que acontecía en el mundo. Estas políticas provocaron la reacción de la oligarquía que esperó el momento de caída de la economía para avanzar, lo que llevó que a la hora de definiciones, apareciera la esencia de clase de esa burguesía nacional, poniendo por delante “el tiempo a la sangre”, replegándose y no preparando al pueblo, y la historia mostró crudamente “que se perdió mucho tiempo y corrió mucha sangre”. El golpe de de Estado de 1955 inició un largo proceso donde la burguesía nacional que encarnaba Perón iba a perder el control del movimiento político más importante del país.
La mismas estirpe
Los sectores oligárquicos de terratenientes y monopolios imperialistas vinieron a restablecer su orden y lo primero que hicieron fue barrer con la mayoría de las conquistas populares alcanzadas. Son los mismos que sostuvieron a la dictadura más sangrienta en la historia del país y son los que llegaron con el macrismo al gobierno, dando un salto inédito en el copamiento del Estado, no necesitando intermediarios políticos, sino tomando el control de los ministerios con los CEOs de los monopolios.
Los despreciamos, pero no los subestimamos, y si bien lo pudimos derrotar en las últimas elecciones con el gran triunfo del Frente de Todos, no escapa que influencian a un heterogéneo 41% del electorado y son un sector muy activo en el presente asentado en resortes claves de la economía argentina que les da poder para chantajear y avanzar aún por sobre decretos y leyes.
En la medida que no se vaya a fondo en el rumbo popular, trayendo al presente todas aquellas políticas que dignificaron al pueblo y la nación, y que fueron bombardeadas hace 65 años; mientras no se avance en la democratización de la tierra, para que sea para quien la trabaje, donde haya un plan nacional de colonización de tierras ociosas y latifundios, avanzando hacia una reforma agraria integral, con un IAPI que acompañe a Vicentin expropiada; mientras siga el modelo de agro industrial mirando para afuera, a la exportación, mientras para adentro avance el hambre, el desmonte, la falta de agua, y contaminación; mientras siga el monopolio de la comunicación y se sostenga el ocultamiento o se monten operaciones; mientras los recursos y servicios estratégicos sigan en manos de monopolios internacionales; mientras la banca y el comercio lo manejen los bancos y financieras privados; mientras el pueblo de manera independiente no se prepare para defender las conquistas o ir más allá si fuese necesario, los buitres agoreros del pasado más oscuro que nos tocó padecer seguirán sobrevolando y hostigando a la espera del momento propicio para volver a clavar sus garras.
Asistimos a un mundo donde la crisis carcome las entrañas de los EEUU, la principal superpotencia mundial, donde la pandemia y la guerra bacteriológica expone de manera descarnada las miserias del sistema, la explotación y precarización llevada al extremo y la destrucción de los ecosistemas. En definitiva, expone el programa de los sectores reaccionarios como aquellos que bombardearon la plaza. Eso está en crisis y hoy se ha puesto en discusión todo, y la rebelión que se manifiesta en EEUU y las principales capitales del mundo contra los asesinatos racistas, no son hechos aislados, es la podredumbre en la se sostiene el sistema capitalista imperialista.
Muchos gobiernos empantanados en la crisis económica y social de Europa recurren a la estatización de los recursos y servicios estratégicos, mostrando que la medida en sí no significa el socialismo o el comunismo, sino un recurso necesario para no perder el control en medio de la crisis. Esa medida en si es positiva porque el pueblo tiene mejores condiciones para avanzar en la lucha aprovechando contradicciones que el propio Estado ofrece, en el marco de una disputa interimperialista por el control de nuestras riquezas, que se agudizó.
A 65 años de aquel cobarde y fascista bombardeo, reconocemos que los golpistas de ayer, son la reacción de hoy manifiesta en el PRO, Cambiemos, la dirección del radicalismo, la SRA, Clarín y la UIA, entre otros, y es por eso que trabajamos para fortalecer la unidad del frente popular con lxs trabajadores a la cabeza para garantizar un rumbo popular y consolidar la marcha del pueblo hacia la liberación nacional y social, único antídoto comprobado para derrotar a los gorilas de ayer y de hoy.




















