Desde 1973, lxs de las fábricas cerámicas Lozadur y Cattáneo protagonizaron combativos procesos de lucha por mejoras salariales, por el pago en tiempo y forma de las quincenas, por problemas de salubridad relacionados con las altas temperaturas de los hornos, por afecciones respiratorias por falta de extractores para absorber polvillo, por deterioros físicos por el acarreo de las zorras y por recuperación del gremio para lxs trabajadores. En la zona norte de la provincia de Bs.As. funcionaban dos fábricas de cerámicas más grandes de la zona: Lozadur, con más de 900 obrerxs, y Cerámicas Cattáneo, con más de 500.
En 1973 triunfó una lista de orientación clasista, la Lista Marrón, en el Sindicato de Ceramistas. Dos años después volvió a ganar las elecciones, y ese año junto a los astilleros se impulsaba la Coordinadora Fabril en la zona norte con alta capacidad de movilización y enfrentamiento con los jerarcas sindicales.
Después del golpe, la dictadura intervino la filial del sindicato, que quedó bajo el mando del comandante de Gendarmería Máximo Millarck. Pero en 1976 y 1977, aún en plena la dictadura, lxs trabajadores continuaron luchando.

La lucha en Lozadur
En noviembre de 1976 comenzó un petitorio por aumento salarial encabezado por las mujeres. Había conciencia que «nadie tenía que sobresalir», por lo que se rechazó la propuesta de la empresa de formar una comisión para discutir el aumento salarial, y los trabajadores hicieron ir al interventor del sindicato a la sección, donde las mujeres le hicieron sus reclamos.
La empresa subestimó a las mujeres, que venían acumulando mucha bronca, porque sobre ellas recaía lo principal del trabajo a destajo. La lucha de fines del ‘76 fue dirigida por las mujeres, que fueron encontrando la manera de unirse por abajo, primero en la sección y luego con el resto de la fábrica, en medio de las duras condiciones impuestas por la dictadura que eran aprovechadas por la empresa para aumentar la explotación.
El centro de los reclamos pasó a ser el trabajo a destajo. Trabajaban en «equipos» de nueve personas, integrado por siete mujeres, un cargador y un tornero largaba las piezas a «un ritmo infernal» porque se cobraba por cantidad de piezas. La lucha contra el trabajo a destajo comenzó cuando los equipos fueron convenciendo a «su» tornero de largar menos piezas. Esto permitió que en diciembre de 1976 se hiciera el primer quite de horas extras y un retiro al playón, que contó con la participación de la totalidad de lxs obrerxs.
En abril de 1977 se hizo un nuevo petitorio, quite de horas extras y una nueva salida al playón. La respuesta fue el ingreso del Ejército a la planta, amenazando a lxs trabajadores, pero nadie se movió hasta que los militares se retiraron. A partir de ese momento, la empresa puso civiles armados que recorrían las secciones de la fábrica.
En agosto estalla la huelga larga: lxs obrerxs retomaron las medidas de lucha, dejando de hacer horas extras y el destajo por aumentos salariales y mejores condiciones de trabajo. El Ejército volvió a entrar a la planta, y le ordenaron a la tropa apuntar a lxs obrerxs. Las mujeres mayores se pusieron al frente, encarando a los soldados, discutiéndole que bajaran las armas, y se volvió al trabajo cuando se consiguió que se fueran.
Se mantuvo el quite del trabajo a destajo durante agosto y septiembre. El interventor Millarck citó a lxs delegadxs, amenazándolxs con que si no se suspendían las medidas de fuerza iban a venir los «bichos verdes».
El 18 de octubre los obreros se encontraron con la fábrica cerrada, y con un oficial del ejército en la puerta que comunicó: «El Área Militar 424 cierra la fábrica ante la negativa de los rebeldes a reanudar las tareas en forma normal aplicando la ley 21.400». Al día siguiente del cierre, la empresa comienza a mandar telegramas de despido, y el Ejército se instala en la puerta.
En las actas de las reuniones de Directorio de Lozadur se puede leer de la reunión del 14 de octubre de 1977, cuatro días antes del cierre de la planta: «El presidente manifiesta que como es de conocimiento de los señores directores, a comienzos del corriente mes se inició en la fábrica un movimiento gremial de acción directa consistente en la disminución intencionada de la producción (…) se han negado a acatar las instrucciones e intimidaciones de las autoridades competentes y del interventor militar en el organismo sindical para normalizar el trabajo (…). El problema del conjunto planteado exige soluciones drásticas y definitivas (…). Por consiguiente se resuelve, por unanimidad, proceder previa intimidación legal al despido con causa justificada de todo el personal en conflicto, en caso de no normalizarse el trabajo a la cero hora del día 15 de octubre».
Luego del cierre de la fábrica y el despido de cientos de obrerxs, lxs trabajadores continuaron su lucha. Cien obreros quedaron en la planta por la materia prima y los hornos, que no se podían apagar, mientras que 800 obrerxs se concentraban en la puerta de Lodazur todos los días, por más de dos semanas.
Las mujeres, dando muestra de su valentía, se subían a los camiones a discutir con los soldados, que dejaban a la gente entrar a la fábrica a sacar cosas de sus casilleros.
La lucha de Lozadur contó con una gran solidaridad. Los comerciantes de Boulogne cerraron sus puertas. Los ferroviarios y los colectiveros no les cobraban pasaje a los obreros.
Para frenar la lucha, la dictadura desató una cruel represión y un operativo siniestro. El 27 de octubre montaron el asesinato de un jefe de Control de Calidad de Lozadur, y lo hicieron aparecer como un atentado montonero. Ese mismo día, la dictadura secuestró a cuatro obreros de la fábrica Cattaneo, la otra ceramista que se había sumado al quite de colaboración de Lozadur. A tres se los llevaron delante de todos. Ellos eran Juan Paniza, Pedro Ponce, y Faustino Romero. A Jorge Ozeldine lo secuestraron de su casa.
Así lograron desalojar la puerta de Lozadur. Logrado ese objetivo, el 3 de noviembre secuestran de sus casas a Sofía Cardozo, y a otros seis trabajadores, ellos son: Felicidad Abadía, Dominga Abadía, Elba Puente, Ismael Notaliverto, Francisco Palavecino y Pablo Villanueva. La lucha fue derrotada, y cerca de 500 trabajadores se reincorporaron 30 días después, cuando la fábrica reabrió sus puertas, tras firmar un acuerdo de desistir de todo juicio.
Sofía Cardozo

Sofía Tomasa Cardozo tenía 36 años, y al momento de su secuestro estaba en pareja con un obrero de FATE, con el que tenía una hija. Tenía dos hijos más. Vivía en una casita en Don Torcuato, cerca de la estación de tren, a tres cuadras de Campo de Mayo. Trabajaba en la sección Tazas, en la parte de producción, una de las secciones más numerosas, integrada en un 80% por mujeres, que venían de un recorrido de lucha, por reivindicaciones y contra el golpe de Estado.
Sofía era parte de un contingente de mujeres trabajadoras que tuvo un rol destacado en la resistencia antidictatorial. Una de esas heroínas anónimas de nuestro pueblo, que en esos años de terror fascista buscó los caminos para pelear por sus reivindicaciones. Sofía se afilió al PCR en medio de la lucha, en el año 1975, cuando ya la trinchera que dividía aguas en la Argentina era “golpe-antigolpe”.
Sofía fue secuestrada de su casa a las cinco de la madrugada, por un grupo de tareas de aproximadamente cuatro personas vestidas de civil que portaban armas. La cargaron en un Ford Falcon junto a su hija Amalia Luisa de 2 años, que dejan tirada en una esquina a las 4 cuadras de su casa.
La lucha por justicia
En el 2014 culminó el juicio contra los responsables del secuestro de los ceramistas, como parte del undécimo juicio de la megacausa Campo de Mayo, en la que se investigó el terrorismo de Estado contra lxs obrerxs de la zona norte del Gran Buenos Aires.
En el transcurso del juicio declararon testigxs como el ceramista José Alonso, quien dijo que la policía de la provincia de Buenos Aires se había infiltrado las fábricas. También declaró un jefe de personal de Lozadur, quien dijo que el dueño de la firma recibía a los militares, que tenía trato fluido con ellos.
Recibieron condenas algunos de los responsables políticos, pero no todos los implicados, muchos de los cuales aparecieron sólo en calidad de testigos.
En este nuevo aniversario del secuestro de Sofía Cardozo y lxs ceramistas de Lozadur y Cattaneo seguimos luchando por juicio y castigo a todos los responsables civiles y militares.




















